
PEQUEÑOS
MUNDOS POSIBLES
Mientras la realidad golpea la puerta de las escuelas cada vez
con más fuerza, los maestros siguen alimentando el deseo de aprender,
siguen transitando los caminos del conocimiento, continúan sembrando
aquello que sueñan con ver florecer: ciudadanos libres, autónomos,
capaces de transformar lo necesario. ¿Cómo construir y sostener
un clima en las instituciones donde el aprendizaje y la convivencia
sean posibles? ¿Cómo lograr espacios atractivos para ser vividos
durante los largos años de la escolaridad en momentos de desencanto
y falta de expectativas? No bastan una sólida formación disciplinar
y didáctica. Es preciso, además, aprender a ser parte, a escuchar,
a comprender. Tener en cuenta que, cuanto más hostil es el afuera,
más necesario será enseñar a dialogar, a resolver conflictos mediante
la palabra y la razón. Saber que cuanto menos esperanzador es
el contexto, más necesidad habrá de generar esperanzas, desafíos.
Pensar que cuanto mayor es la injusticia a la que están nuestros
alumnos sometidos, más herramientas tendremos que ofrecerles para
combatirla. Todavía es tiempo de acompañarlos, de ayudarlos a
crear pequeños mundos posibles.
Los
editores