ALFABETIZACIÓN Y CULTURA CIENTÍFICA

Desde sus orígenes, el hombre buscó explicaciones para comprender la realidad circundante. En los últimos cuatrocientos años, la forma de conocer el universo en sus múltiples dimensiones se dio a través del desarrollo de la ciencia.
No cabe duda del lugar que este modo particular de explicar el mundo ocupa en la cultura. Pero, más allá de la admiración que nos provocan los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos ligados a ellos, ¿cuál es la relación que tenemos el común de los mortales con este tipo de conocimiento?, ¿lo necesitamos para movernos en la vida cotidiana o podemos prescindir de él? Hay otras preguntas que surgen desde nuestro lugar de docentes: ¿qué vínculo tienen con la cultura científica los contenidos que transmite la escuela? ¿Cómo nos apropiamos de la información difundida en los medios de comunicación que habla de nuevos descubrimientos y debates? En relación con estos interrogantes, citamos a Julieta Fierro, reconocida astrónoma mexicana: " Hace años, en Rusia hubo un problema terrible de hambruna: no es que faltara comida, sino que el problema del abasto era ineficiente. Carecer de divulgación científica es un problema equivalente; se dispone de innumerables medios para usar eficientemente a la Naturaleza, sin aniquilarla, pero si no están al alcance de la población es como carecer de ellos. Podemos estar en la miseria intelectual aun teniendo grandes riquezas".
Los datos científicos abundan, pero es importante tener herramientas para posicionarse frente a ellos. Por otra parte, el prestigio que goza la ciencia hoy nos lleva a veces a confiar ciegamente en todo aquello que sea calificado de "científico"... y esto conlleva algunos peligros. Estas cuestiones merecen ser abordadas con profundidad por quienes tienen la misión de formar a las nuevas generaciones de ciudadanos.

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