Cuando un niño se "porta mal", cuando presenta "problemas de conducta", es posible sancionarlo, ponerlo en penitencia, rotularlo como problemático; pero es posible también elegir otro camino, seguramente menos sencillo, pero más comprometido y más honesto.
Las preguntas -que no tendrán respuesta única, ni inmediata, y seguramente requerirán de otras miradas, de diálogos y reflexiones- van a abrir el camino de la ayuda para un niño que, sin duda, sufre.
Algunas intentarán entender qué le sucede al niño, saber más sobre el contexto en el que vive, las marcas de lo social y lo familiar que lo atraviesan.
Otras, volverán la mirada sobre la propia tarea del maestro y de la institución. ¿La escuela define un "modelo" de niño que no admite variantes, donde quienes no se asemejan, molestan? El "portarse mal" ¿puede estar expresando a veces la falta de pertinencia de la propuesta? ¿No expresará, en otras ocasiones, la cordura del niño frente al sin sentido?
¿Qué espacios generamos, qué clima, qué oportunidades, qué confianza (hasta para poder "portarse mal")?
Los modos de abordar situaciones en las que afloran los problemas de conducta ¿no crean más tensiones de las cuales es cada vez más difícil retornar?
¿Qué nos dice -de nosotros- un niño cuando no hace lo que esperamos de él?
Otra vez, un desafío vuelve compleja la tarea docente: legitimar un orden en el cual sea posible convivir, aprender, expresar, el orden del respeto, de la equidad. Pero tratando de evitar lo arbitrario, lo parcial, lo injusto, buscando distintos caminos para entender lo que sucede.
Los editores


 

 

 



Copyright © Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico 2000