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Pensando
cómo enseñar mejor
Unidades
didácticas, proyectos de trabajo, redes de contenidos, secuencias
de actividades, planificaciones…; desde los primeros años
de la formación los docentes tratamos de nombrar aquello
que organiza la tarea cotidiana, de encontrar palabras para designar
una manera coherente de presentar los contenidos a enseñar
para lograr que puedan ser aprendidos.
Y cada manera de nombrar aquello que hacemos, en general, tiene
una historia, da cuenta de teorías, de momentos, de concepciones.
En este margen de autonomía que ofrece el acto de pensar
la clase, es donde se juegan la creatividad, el difícil arte
de combinar lo deseado con lo posible, y la necesidad de ser rigurosos
desde la perspectiva de la disciplina. Aquí se juegan desde
las más opuestas opciones ideológicas, hasta las decisiones
más técnicas, y no por ello menos determinantes, como
la distribución de los tiempos, los recursos materiales y
los itinerarios a seguir con las propuestas.
La tarea no es nada fácil, pero conserva siempre el entusiasmo
de lo novedoso: cada año, cada grupo, implican un nuevo comienzo,
una nueva oportunidad para pensar cómo enseñar mejor.
Los
editores
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