Hacia la construcción de una cultura de paz

En el preámbulo de la UNESCO se acuerda que, “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. El sentido de trabajar hacia la construcción de una cultura de paz se vincula con las necesidades sociales de los seres humanos, de poder vivir con otros, reconocer a otros, compartir con otros, disentir, respetar y ser respetados. En este proceso, la palabra, el diálogo, adquieren una singular presencia frente a las expresiones de violencia, discriminación, exclusión. ¿Qué sucede en las escuelas? ¿Qué actitudes se movilizan en las situaciones de encuentro entre los diferentes actores educativos? Trabajar hacia una cultura de paz implica convicción, sabiduría y acción. Poder intervenir ante actitudes autoritarias surgidas del mismo sistema, que generan sumisión, discriminación y sufrimiento. El premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel sostiene en esta edición, que la paz es el fruto de la justicia. Que la paz está relacionada con la libertad y el equilibrio de los hombres y de las mujeres consigo mismos, con los otros, con el medio ambiente, con el universo, reconocer que somos una unidad. “¿Cómo logramos reestablecer nuevamente el equilibrio?” –se pregunta. “Eso es la paz, que no es la ausencia de conflicto. No hay cosa más ajena a la paz que la pasividad”. Pensar en una cultura de paz es pensar en utopías y posibles realizaciones. Es considerar la dimensión humana en ejercicio, es pensar en el otro, aunque esté lejos o esté cerca y no lo veamos. Implica pensar en los derechos humanos y en la solidaridad.
¿Cómo interviene la escuela en esta construcción social, qué aportes puede realizar en el plano conceptual y vivencial?
Los artículos que se despliegan en este número intentan brindar respuestas y ofrecer alternativas.

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