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¡Tener
éxito en la escuela supone aprender las reglas de juego!
–sostiene Philippe Perrenoud, para quien la escuela no constituye
sólo una preparación para la vida, sino un momento
de la vida, de cuya organización compleja el alumno debe
apropiarse para sobrevivir sin demasiadas frustraciones... “o
sea vivir bien gracias al haber comprendido las maneras adecuadas.
En la escuela se aprende el oficio de alumno".
Esta idea supone un desafío: quienes aprenden “el oficio”,
y responden a las expectativas de los adultos, no tienen mayores
inconvenientes en su paso por la escuela. Quienes no lo aprenden,
o responden a inquietudes personales, quedan afuera. ¿Para
qué enseñamos? ¿Para quiénes enseñamos?
¿Sólo para quienes –a fuerza de la presión
que ejerce la escuela- aprenden rápidamente cómo responder,
o para todos?
Entre las reglas del juego, una práctica cotidiana que involucra
docentes y alumnos es la corrección. A pesar de los desarrollos
que plantean el error como elemento constructivo del aprendizaje,
sigue realizándose –cuando se realiza- como práctica
arbitraria, asimétrica, individual y persecutoria, incluso
en los casos en que se introducen cambios, como los códigos
compartidos o la autoevaluación del aprendizaje –que
irónicamente se podría interpretar de la siguiente
manera: el enemigo estaba “enfrente”, ahora está
“adentro”-. El adulto corrige, el alumno aprende...
El joven se equivoca, el mayor le muestra el camino... Un estigma
cotidiano.
¿Es posible pensar en otros modos más genuinos de
aprender y enseñar? ¿Los alumnos sólo tienen
que aprender códigos y reglas para desarrollarse y crecer?
¿Es posible pensar modos de enseñar y aprender saberes
culturales, científicos, políticos, cívicos
profundamente?
Los artículos de esta edición intentan responder algunas
de estas inquietudes y coinciden con las profundas concepciones
de una maestra de maestras, la muy querida y especial Leticia Cossettini,
quien falleció a los 100 años, el pasado 12 de diciembre,
en su ciudad, Rosario, rodeada de afectos que supo entretejer durante
su bella vida. Nuestro recuerdo más sentido y el deseo de
que su obra continúe difundiéndose y llegando a los
niños.
Los
editores
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