Democracia, participación, sentido de la escuela

El filósofo francés Jacques Ranciére sostiene que la educación es un acto social, que pone en juego una relación entre dos lógicas: aquel que sabe instruye a aquel que no sabe. Desde su perspectiva, es ésta una relación desigual. Pero para transmitir el saber que otro ignora, el que enseña tiene utilizar el
saber que el otro posee. Por ejemplo, la capacidad de hablar y comprender en su lengua materna. De esta manera, el acto desigual presupone un acto igualitario.
Siguiendo su pensamiento, el acto educativo no sería directamente un acto político, aunque ponga en relación la igualdad y la desigualdad y entreteja
cierta forma de comunidad en esta relación. Porque un acto político es aquel que instituye un nosotros, que instituye una forma de subjetivación colectiva de la potencia igualitaria.
Estos conceptos brindan pistas para volver a pensar el significado de enseñar y de aprender, y para profundizar nuestras ideas acerca del sentido de la escuela. Remiten a los sujetos en las instituciones, al interjuego entre poder y autoridad que se constituye en experiencias cotidianas emancipadoras o de sometimiento. Y, particularmente, a las que se juegan en
el interior de las instituciones educativas.
Muchos especialistas sostienen que la educación forma (o debería formar) ciudadanos; nos preguntamos: ¿es la democracia un sistema posible en las escuelas? ¿Qué implican en este marco
los conceptos de participación y representatividad? ¿Qué promueve el sistema educativo? Algunos de estos interrogantes se intentan abordar desde
las múltiples miradas de los autores que colaboran en esta edición.

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