Las trampas del lenguaje

Convencidos de la equivalencia entre los términos integración y democracia, tal vez no nos hemos atrevido a revisar afirmaciones y conceptos.
Los discursos de la igualdad y de la normalización resultaban tranquilizadores y de avanzada.
Hasta que comenzaron a surgir preguntas.
El discurso es tentador, pero ¿qué sucede en las prácticas, qué siente esta familia, aquel niño, esa maestra?
Y además, ¿qué se esconde tras el lenguaje?
¿La tolerancia con quienes quedan por fuera de la norma (con quienes no se nos parecen)? ¿O la aceptación de lo realmente intolerable?
¿La inclusión de todos en un mismo lugar? ¿O el desconocimiento de las diferencias que requieren ser admitidas para hablar de justicia?
¿La integración de todos? ¿O la de unos con otros, un poco menos iguales?
Cuidado con las “trampas de la igualdad”. “Discriminar es poder diferenciar” y alejarnos de “la pedagogía de lo correcto” comenzarán a afirmar los autores que completan las siguientes páginas, invitándonos a revisar antiguas convicciones.
Bienvenidas entonces las preguntas y la puesta en cuestión de paradigmas; no toda integración es beneficiosa para los niños y sus familias, no siempre admitir la diferencia equivale a segregar, no todo discurso esperanzado es garantía de transformación de situaciones.

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