El currículo como proyecto político, social y cultural

Construcciones sociales y culturales

Pensar el currículo es pensar en una construcción social, una selección de la cultura que se organiza para ser compartida con -y transmitida a- los niños, jóvenes o adultos que no se han puesto en contacto con los saberes definidos como relevantes, por lo menos, de manera sistemática.
Es pensar en políticas educativas y micropolíticas institucionales. Considerar el saber como una cosa pública, como patrimonio intangible de la humanidad al cual tienen derecho a acceder todos los ciudadanos.
En los modos de construcción de esa producción cultural, su carácter prescriptivo, en los espacios de libertad, en los modos de los docentes de propiciar el encuentro de los alumnos con los contenidos privilegiados, en las formas de adquirir esos conocimientos, en las maneras de reconocer que sean adquiridos.
Pensar el currículo es pensar la escuela. La cultura escolar atravesada por un proyecto cultural curricular. En lo oculto y lo visible; en las distancias o cercanías entre las conceptualizaciones y las concreciones.
Es pensar en escenarios diversos. En boletines, en calificaciones, en actos justos y en reconocimientos. Y en las acciones pedagógicas emancipadoras. En adecuaciones para que el currículo sea para todos. En la hospitalidad, en los vínculos, en las relaciones de poder, en los controles al ejercicio del poder en el interior de las escuelas.
Sobre estas y otras cuestiones, los autores de los artículos publicados en esta edición hablan, dicen, cuestionan, fundamentan y comparten experiencias.

Desafíos interesantes y proyectos que permitan interactuar

Proyecto alude a futuro. Tener proyectos, proyectar, proyectarse, son sinónimos de vida en movimiento, de inquietudes y metas, esperanzas y desafíos, obstáculos y estrategias para superarlos.
Trabajar con proyectos en la escuela es una manera de afirmar que no todo está hecho, sino que queda el sano riesgo -quedará siempre- del camino por andar.
Supone también que los protagonistas de la construcción son los alumnos, para quienes los maestros han pensado las propuestas.
Trabajar con proyectos implica actuar aquella afirmación: “el conocimiento se construye en la interacción entre quien aprende, los otros y el entorno”. Aquí el conocimiento se construye en el trayecto, en donde también surgen problemas a resolver, preguntas a responder, dudas, desalientos y logros.
Proyecto también implica producto y la tarea guiada por ese objetivo se vuelve más coherente y razonable.
Hay proyectos de trabajo pensados para un grupo, otros para una escuela, otros para todo un distrito, o para un nivel. A veces abordan un problema que puede limitarse a una disciplina y otras, que las integran. También se imaginan productos asombrosos y algunos productos no tan “ambiciosos”, pero igualmente complejos y valiosos.
Cuando los proyectos plantean desafíos interesantes, cuando impregnan de entusiasmo a quienes los llevan adelante, pueden ser considerados como valiosas herramientas para el aprendizaje.

Los editores


 

 

 



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