Participación genuina en las prácticas educativas

El concepto de participación adquiere diversos sentidos de acuerdo con las prácticas que de éste se deriven. Hay quienes consideran que participar es votar; para otros, participar es decir, y hay quienes suponen que participar es hacer. ¿Cuándo la participación deja de ser solamente una enunciación de buenas intenciones para pasar a constituir una acción genuina?
Siempre el riesgo de los llamados proyectos participativos en educación es que se crea o se llame participación a aquello que sólo parece serlo. Cuando quienes se suponen gestores de proyectos sólo son destinatarios, cuando se les pide opinión, se los consulta, se los moviliza, se los "habilita" a decir lo que piensan, pero las decisiones quedan en manos de otros, a veces de unos pocos; en el caso de la relación entre generaciones, de los adultos. Esto puede suceder tanto en el marco de la micro política institucional como de la macro política de un país.
En las escuelas y fuera de ellas, en los espacios de educación no formal, se vienen desarrollando intentos de organización y gestión de proyectos que incluyen las otras voces.
En estos casos, los sujetos desarrollan proyectos propios, intervienen en él siendo parte, y a partir de estas experiencias solicitan, exigen o generan nuevos espacios y formas de participación. Aquí, la participación se asume como un derecho, y quienes no han tenido voz, toman la palabra. Algunas de esas experiencias y enfoques se resumen en el dossier temático de esta edición, difundirlas es una manera de compartir la convicción de posibilidad.

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