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El
rumbo perdido
Orientación
y tutoría son dos conceptos con creciente presencia en el
sistema educativo. No hace mucho, estos términos estaban
circunscriptos a cuestiones académicas. La familia y la escuela atendían su juego.
Orientadores y tutores sólo actuaban frente
a cuestiones puntuales. Sin embargo, los tiempos cambian y las palabras
se resignifican, cuando la crisis derribó los límites
de las instituciones, quedaron al descubierto nuevas heridas.
Perimidas pero añoradas las huellas de los antecesores se
pierden en la niebla, los caminos se desdibujan. Quién orienta
a quién y sobre qué cuestiones. Los adultos se identifican
con los adolescentes y pierden la autoridad cuando la licuan en
la mimetización. Tensionando supuestas normas básicas,
niños y jóvenes ponen a prueba a padres y maestros.
La familia espera que la escuela contenga y ésta se ilusiona
con marcos familiares de socialización básica
cada vez más infrecuentes. La desregulación neoliberal
golpeó la trama social agregando más confusión
al desempeño de los roles en las instituciones. Tal vez,
sea el momento de detenerse para reflexionar y hacer camino al andar.
Los editores
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