El valor educativo del trabajo

En tanto se termina de desvanecer la ilusión de una escuela que prometía movilidad social para todos e iguales oportunidades de trabajo y empleo, los tiempos que corren modifican y reconstruyen los paradigmas.
Los sistemas escolares no logran garantizar oportunidades para todos en un mercado de trabajo globalizado, competitivo al extremo y, por momentos, salvaje, que tampoco las garantiza desde la “lógica” intrínseca de su funcionamiento económico. Pero sí tienen la obligación de procurar, en el marco de una propuesta amplia y respetuosa de los valores humanos, una formación que acerque a los niños y jóvenes al mundo del trabajo, de la producción, de la vida fuera de las aulas. Una formación que pueda avanzar más allá de los modelos hegemónicos y de la “producción en serie de trabajadores flexibles y empleables” y ofrezca la oportunidad de experiencias vinculadas al desarrollo local, a las necesidades comunitarias, a la autogesión de proyectos y pequeños emprendimientos. En fin, a la propia constitución como sujetos comprometidos con la realidad cercana.
A continuación, se debate acerca de los saberes y competencias necesarios para el trabajo y también acerca de aquello que el trabajo enseña. Se sugieren algunas pautas para pensar en un Sistema de Formación Profesional y se ofrecen, para someter al análisis de los lectores, experiencias formativas que se vienen desarrollando con logros alentadores.

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