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Formación docente: hora de revisiones
En el contexto de redefiniciones y propuestas, la formación docente cobra protagonismo.
Modos de organización de las instituciones, características de los programas, estilos de enseñanza, son puestos en tela de juicio, nuevamente, intentando encontrar soluciones a los problemas del sistema educativo en el mediano plazo.
Ensayando resolver antiguas problemáticas de la educación, se vuelve a poner la mirada en cómo se forman las nuevas generaciones de maestros, qué precisan saber para enseñar, qué necesitan vivenciar para conocer y comprender a sus alumnos, cuáles son los planes y programas más adecuados, cuánto tiempo es suficiente para merecer el diploma de “maestros”.
Desde una perspectiva más amplia, aparecen también otras preocupaciones, como cierto déficit en el capital cultural de los jóvenes que eligen la carrera, una brecha generacional y cultural que los distancia de representaciones consolidadas acerca de “cómo es un maestro”, o escasas expectativas laborales y económicas en la profesión que a veces la transforman en un trabajo casi temporario.
Desde dentro de las instituciones formadoras, como desde fuera de ellas, en la sociedad, en las escuelas, aparece la necesidad de replanteos.
Es deseable, entonces, que quienes tienen en sus manos la posibilidad de diseñar e implementar políticas capitalicen este interés sin apurar procesos en función de otros intereses –que exceden lo educativo- y sin burocratizar los intentos de cambio. Y que puedan retomar aquellas “prácticas de buena enseñanza” que, desde el trabajo cotidiano de las instituciones, vienen construyendo sin estridencias muchos profesores.
Los Editores
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