La cotidianidad del territorio escolar

La cotidianidad del territorio escolar

Un preceptor, un tutor, un bibliotecario, un coordinador, un bedel, un celador, un ayudante de trabajos prácticos, un maestro de taller, un auxiliar de laboratorio, el portero de una escuela, ¿de qué trabajan?

Por Dora Niedzwiecki
Fragmento extraído del libro "Escuela secundaria y gestión" (Ver contenidos)


¿Qué de las labores diarias desborda el listado de competencias para el desempeño de un rol? ¿Con quiénes se relaciona cada uno a diario dentro de la trama institucional? ¿Cómo responden ante a la complejidad de cuestiones imprevistas con que los chicos llegan cada día a la escuela?

Se pretende realizar algún aporte para pensar los requerimientos para la gestión de la vida cotidiana en las escuelas de adolescentes y jóvenes. Parte de la pregunta por los modos de materializar en cada rincón de los sistemas la voluntad política de incorporar a cada joven a las escuelas, cuidando que estas inclusiones habiliten actos educativos genuinos y dejen marcas vitales potentes en quienes realizan dicho tránsito. La experiencia nos indica que la decisión política de universalización de la cobertura con nuevas leyes y resoluciones complementarias, si bien condición necesaria, no resulta suficiente para materializar al interior del sistema las novedades que introducen estos marcos regulatorios. Entendemos que no es sencillo ni automático y que los cambios solo serán tales si se logra establecer al interior de cada espacio la pregunta por los modos de dar la bienvenida a cada quien a las escuelas y “estar allí”, sumando para que algún juego se arme. El lenguaje técnico denomina a esto “intervenir sobre las matrices representacionales de los actores”.

Si aceptamos como premisa que la escuela es más que la clase, ¿qué y cuánto de lo que allí ocurre puede ser pensado como educativo? ¿Podríamos afirmar que las prácticas de los preceptores o de los tutores funcionan a modo de malla de sostén en un vínculo indiscernible entre lo esperado, lo contingente y lo naturalizado, desbordando lo prescripto? ¿Con qué claves de inteligibilidad conceptual contamos para afirmar o negar un proceder político de estos actores, ante las prescripciones de las políticas educativas?

Por ejemplo, debemos reflexionar sobre la intencionalidad de la tarea específica de los preceptores. Se retoma la característica de su labor simultánea y paralela de acompañar la vida cotidiana y el rendimiento académico de los estudiantes. Se destaca esta tarea y su traducción en acompañamiento y cuidado.

A lo largo del libro "Escuela secundaria y gestión directiva" nos referimos a los cambios en la escuela secundaria en Argentina y países de la región desde la perspectiva del preceptor. Identificamos modificaciones y continuidades del rol y recorrimos a pie la cotidianidad del territorio escolar. A partir del repaso de sus rasgos actuales, pudimos observar un cambio cualitativo del rol. La cercanía afectiva, el trato informal, el tuteo, el contacto físico, la relación personal y la atención a la diferencia son algunas de las nuevas condiciones inmanentes a su trabajo. Ahora bien, para realizarlas es preciso poner en juego un plus de habilidades personales, comunicacionales, expresivas, afectivas, imaginativas, creativas y sensibles, que no están explicitadas formalmente en la prescripción para su desempeño. Los relatos de situaciones problemáticas frecuentes en las prácticas de los preceptores nos ayudan a visualizar las tramas de relaciones en las que desempeñan sus labores, resaltando especialmente su tarea de articulación.

¿Dónde estamos? En toda institución educativa, en cada porción de sus territorios y en cada labor que se despliega dentro del vasto universo de los sistemas educativos, la gestión cotidiana de los sentidos que construyen es constitutiva de la práctica profesional. Dicho esto, y lejos de sostener la puerilidad de un tipo de “neutralidad técnica”, resulta conveniente tener presente que frente a cada acto de gestión subyace un sentido que siempre es político. Nunca se trata de protocolos o procedimientos asépticos o inocuos, sino del ejercicio de responsabilidades.

Es usual, en la tarea cotidiana la resistencia (por comodidad) a atribuir un nombre a cualquier carencia. Desde esta perspectiva, frente a situaciones que tienen lugar en la escuela y producen desorientación y parálisis (cuando se viven o se asiste a cuestiones inimaginables en otro momento histórico, cuando el enojo y la incomodidad indican que, si todo es falta, carencia o déficit, algo debe estar mal) es que propusimos claves de lectura y pensamiento orientadas a generar intervenciones apropiadas y a promover situaciones de aprendizaje.

A la novedad, cuando detiene un cómodo fluir, solemos llamarla problema. Los problemas suelen presentarse ante nosotros como aquello que requiere ser pensado de otro modo y para lo cual no existe referencia procedimental previa. Un problema, entonces, enuncia una pregunta para la cual aún se carece de respuesta. ¿Qué hacer frente a la sospecha de que una alumna está siendo abusada? ¿A quién dirigirse si un alumno nos busca y pide ayuda para salir de un circuito de consumos? ¿Qué palabras y saberes nos asisten si una alumna nos cuenta que está embarazada pero no quiere tener a su bebé? ¿Qué hacer con los chicos dentro de las escuelas en un día con seis horas libres? ¿Qué hacer con el estudiante que a la hora de la salida nos confiesa que no quiere volver a su casa por temor a los golpes de un familiar? ¿Qué planes y programas ministeriales fortalecen el desempeño de los preceptores? ¿Qué lugar tienen estos actores al interior del proyecto de cada escuela? ¿Cuánto de todo lo señalado es considerado por las conducciones escolares y sus equipos al momento de pensar la gestión de la vida y de las enseñanzas al interior de cada escuela para jóvenes y adolescentes?

Así entendida, la gestión se emparenta más con la idea de gestación y menos con la de gestoría. La administración de recursos tales como financiamiento, horas institucionales, espacios físicos, equipos externos de apoyo y acompañamiento son, como ya afirmamos, condición necesaria mas no suficiente en el actual contexto. Estar atentos, percibir, pensar e inventar son las nuevas condiciones requeridas para el trabajo diario en las escuelas.

Fuente: Escuela secundaria y gestión directiva: preceptores y tutores como pareja pedagógica (Ver contenidos)
Autora: Dora Niedzwiecki (Ver perfil)
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