Los efectos de la simetría del niño con el adulto

No solo incluyen la mimetización con las historias y situaciones traumáticas de sus padres y abuelos, sino también el contagio de sus emociones y la potenciación de rasgos de personalidad.

Entrevista a Rosa María Cifuentes
Nuevo libro de Claudia Messing: "Cómo sienten y piensan los niños hoy" (Novedades Educativas, 2017)

Pueden ser la desconexión emocional, la falta de registro del otro, la enuresis, el protagonismo excesivo, la hipersensibilidad, la intolerancia a la frustración, la no aceptación de reglas, etc. Desde la perspectiva de la Terapia Vincular-Familiar, las problemáticas que hoy son clasificadas como trastornos -como el trastorno oposicionista desafiante, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad-, los niños catalogados como bipolares y, a partir de las investigaciones realizadas en Francia, los trastornos del espectro autista (Geneasens, s./f.), podrían ser abordadas como manifestación de la mimetización con rasgos familiares de padres y abuelos.

El abordaje desde la Terapia Vincular-Familiar, para salir de la mimetización masiva con historias anteriores, consiste en ayudar a los hijos y a los padres a recuperar su lugar de hijos a través de la reconexión emocional y del ejercicio de una comunicación respetuosa, expresiva, auténtica y en lo posible afectuosa. La recuperación del vínculo de filiación no implica olvidar o borrar el pasado sino, por el contrario, poder manifestar y expresar lo vivido, incluidos el dolor, la soledad y la falta de registro. Si la recuperación del vínculo no es posible, como sucede por ejemplo con los casos de locura, violencia o abuso, es necesario significar igualmente ese vínculo, elaborar el duelo de lo que no pudo ser y conectarse emocionalmente con las marcas y consecuencias de ese vínculo quizás irreparable.

La posibilidad de poner de manifiesto las propias emociones constituye un acto de subjetivación, de sanación del vínculo, que permite su recuperación o la elaboración de la pérdida si es irrecuperable. Este trabajo de reparación de nuestros vínculos primarios, que en muchos casos implica e incluye también la reparación de vínculos anteriores, devuelve la emoción a las situaciones traumáticas correspondientes y exime a los hijos de intentar resolver lo irresoluble para ellos porque no les pertenece. Esa es la tarea.

Freud habla de los dos caminos del aparato psíquico respecto a las fi guras parentales, que son el amor de objeto o la identificación. Podemos comprobar, desde el enfoque Vincular-Familiar, que a mayor distancia, rechazo o desconexión emocional con las figuras parentales, existe una mayor identificación masiva con rasgos negativos de la figura expulsada, olvidada, separada, despreciada. Por el contrario, cuanto más expresivo, conectado emocionalmente, auténtico y afectuoso es el vínculo de comunicación con los padres, hay mayores garantías de diferenciación: ya que no es necesario "ser el otro", convertirse en el otro, puesto que a los padres se los tiene incorporados internamente, se los tiene en el corazón. Esto se puede observar claramente a través de los mecanismos de duelo. Cuando mayor sea la distancia emocional con la figura perdida, mayor posibilidad de identificación masiva con sus rasgos tanto físicos como psíquicos. A medida que, a través del trabajo de duelo, se puede recuperar el contacto emocional con la persona amada y se la puede volver a internalizar, comienza un proceso de desidentificación y recuperación de la propia identidad.

La Terapia Vincular-Familiar se diferencia de otros abordajes transgeneracionales como el de las constelaciones familiares -desarrollada por Bert Hellinger- o la psicogenealogía -de Anne Ancelin Schutzenberger- porque incluye la reparación de los traumas de generaciones anteriores como parte del proceso terapéutico habitual y no como consultas específicas por las que suelen hacerse estos otros abordajes, motivadas a veces por accidentes, situaciones reiteradas en la familia o por algún malestar particular que no logra resolverse con otros abordajes terapéuticos.

Entendemos que el proceso de reparación es paulatino y debe estar contenido dentro de un marco de continuidad; de lo contrario, la inercia del aparato psíquico de volver a lo conocido tiende a expulsar todo aquello que no pueda integrar en el sistema de representación anterior. Consideramos, además, que el impacto emocional que genera la conexión emocional o "reparación" de un trauma familiar transgeneracional, si no forma parte de un cambio sostenido en el tiempo y de los vínculos que lo acompañan, corre el gran riesgo de diluirse o no poder capitalizarse sufi cientemente. La Terapia Vincular-Familiar no solo incluye la elaboración de lo traumático de varias generaciones anteriores sino la devolución permanente del contagio emocional y de aquellas emociones sobredimensionadas, no proporcionales al estímulo actual, que no se corresponden con la vida del sujeto pero sí con situaciones vividas por sus padres y abuelos, o con momentos traumáticos de la propia historia.

Autora: Claudia Messing es licenciada en Psicología y Sociología (UBA), Psicóloga social y psicodramatista. Presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF). Ver perfil.
Foto: 123RF.

Colección Familia/s



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