Todos los niños tienen derecho a la educación y el Estado es el garante

Entrevista a Beatriz Greco | Es autora de numerosos libros sobre pedagogía y autoridad. En el marco de una capacitación que se extendió durante tres jornadas en la Universidad Nacional de Salta, conversó sobre el rol docente y la educación en estos tiempos convulsionados.

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¿Cómo ve la situación de la educación?

La veo muy complicada. Casi todas las políticas nacionales en las que venía trabajando el Ministerio de Educación de Nación están desarticuladas y creo que la idea es dejar en manos de cada gobierno provincial la responsabilidad de llevar adelante sus políticas y Nación, generando un financiamiento, pero nada más que eso. Entonces, desde ahí me parece que es complicada la construcción de un sistema educativo nacional federal con algunos ejes irrenunciables. Yo venía particularmente trabajando en lo que son los programas de derechos, de niños, niñas y adolescentes, de convivencia, equipos de orientación, repensando la autoridad. Eso ahora queda en manos de aquellas instituciones u organismos jurisdiccionales que quieran hacerlo.

Cuando las autoridades actuales se hicieron cargo de la gestión pusieron el foco en el docente y la evaluación del profesional, ¿qué reflexión le merece?

Hay un foco puesto en el aula, en un docente que esté capacitado y que tenga competencias necesarias, pero hay un borramiento del interés por esta dimensión institucional, que a mí me parece clave para pensar cualquier tema, ya sea una didáctica específica, ya sea un programa de educación sexual integral o el armado de un sistema de convivencia. No hay nada en una escuela que no tengamos que ponerlo en clave institucional, porque los docentes no somos profesionales que trabajamos a puertas cerradas aunque cerremos la puerta del aula. Hacemos una formación que es en conjunto con otros. Es muy complejo trabajar en una escuela hoy si no existe esa dimensión institucional como hilo conductor y articulador de todas las acciones.

Los docentes están siendo interpelados de manera permanente por la sociedad por su rol de trabajadores y se les reclama la vocación...

El docente es un trabajador y eso no invalida lo que quieras llamar pasión, vocación. No invalida el origen desde dónde se eligió esa profesión pero, claramente, es un trabajador. Tiene derechos y tiene que contar con unas condiciones para que ese trabajo sea realizado. Por lo tanto apelar solo a la vocación y a la llama sagrada individualiza el problema, pone lo carga sobre un voluntarismo o una responsabilidad individual de hacer las cosas, casi como una hecho heroico, solo porque tengo vocación. Creo que eso no ayuda a pensar la educación realmente como un espacio de formación de los sujetos.

¿Qué opina de esta idea del voluntariado para dar clases debido al conflicto gremial?

Es desvalorizar una profesión, una formación, los docentes trabajamos mucho para construir un saber sobre nuestro propio campo disciplinar sobre lo que enseñamos, para conocer cada vez más. A los que trabajamos en educación se nos mezcla la biblioteca no leemos solo de pedagogía, leemos de psicología, de filosofía, de sociología y si tu materia es la matemáticas, estarás leyendo eso también. Realmente el ejercicio docente reúne un conjunto de saberes muy distintos que tienen que ver con desarrollos teóricos y tienen que ver con un “saber hacer” que te da el oficio, que te da el encontrarte con otros que tienen un saber diferente, los chicos, las familias. Esa construcción tan compleja que adquirís a lo largo de una carrera docente de ningún modo puede suplirse con alguien que no lo transitó y que no conoce la escuela y está fuera de esa construcción.

¿Cómo ve la inclusión en la educación?

En la gestión anterior hubo una fuerte apuesta a la inclusión. Se construyó un marco normativo con resoluciones que se aprobaron en el Consejo Federal de Educación. Desde la propia ley nacional de educación y la ley de protección de niños, niñas y adolescentes hasta la de educación sexual integral, por decir algunos. Todo ese conjunto de leyes desde 2006 y hasta la fecha va haciendo un marco que sostiene esta posibilidad de pensar que todos tienen derecho a recibir educación y que el estado tiene que ser garante de ese estado de derecho.
Yo creo que se avanzó en el marco normativo y que se avanzó parcialmente en políticas que le dieron materialidad a esas normas. La pregunta es ¿qué va a pasar con ese proceso iniciado que de ninguna manera está acabado y que no creo que termine nunca?

Sabemos que, en el secundario, alrededor del 50% de los estudiantes terminan desertando por diferentes razones, una de ellas, es por las materias previas. ¿Se puede pensar en un sistema más moderno y flexible?

Fijate que muchas veces se ponen en marcha iniciativas sumamente interesantes en los sectores más desfavorecidos porque ahí hay que buscar alternativas, pero que son alternativas que podrían ser universales, con un régimen académico mucho más parecido a la universidad, cursando materias cuatrimestrales o anuales, pero sin las cajas curriculares por año, porque eso es lo que promueve claramente la repitencia . Cursan 12 materias y el chico se queda con más de dos previas y tiene que volver a hacer las 12 o 13. Esto no se sostiene. Yo creo que sí hay algo a tocar en el formato escolar de la escuela secundaria. Entiendo que eso toca puestos de trabajo, toca cuestiones muy sensibles, que se componen de los sueldos docentes y los modos en que se configuran esos puestos de trabajo que no es sencillo de modificar de manera tajante. Pero hay algunas iniciativas: en ciudad de Buenos Aires por ejemplo se está avanzando desde hace años en el profesor por cargo. Es decir un cargo compuesto por horas frente a curso y un grupo de horas que las dedica para generar proyectos y para articular, reconociendo que el trabajo docente es mucho más que estar frente al aula.

¿Cómo ve que la formación docente quede en manos de los institutos terciarios en vez de estar concentrados en la universidad?

Bueno, ahí hay una larga discusión que creo que tiene que ver con la cultura de los institutos de formación docente que tal vez, a diferencia de los profesorados universitarios, tienen un diálogo más fluido con las escuelas asociadas y una cultura de espacios de la práctica que permiten que el futuro docente transite la escuela de un modo más cercano.
Yo he participado de algunas discusiones donde se dice que la formación universitaria jerarquizaría teóricamente a los docentes pero, claro esto hay que ponerlo en relación con lo que decía antes. El docente tiene que conocer teorías diversas pero también hay un “saber hacer” que solo lo da el tránsito por la escuela que viene desde ese campo de la práctica.
Yo creo que los institutos de formación docente son lugares muy interesantes que pueden reunir ambas cuestiones. Una sólida formación teórica a la vez que un buen acompañamiento por un campo de prácticas y en los institutos hay una clara cultura en ese sentido.

¿Qué ocurre actualmente con la formación continúa del docente?

La formación es fundamental pero es muy importante no pensarla solo a título individual. Es decir, algo que el docente hace y que va a formar parte de su curriculum personal sino que hay que poder pensar la formación docente situada en la escuela en la que trabaja; en discusiones con los colegas y pensando esa escuela, esa comunidad y los chicos que recibe.
Creo que ahí hay un componente fundamental que hay que seguir profundizando. Entiendo que algo de esto sigue con otro enfoque a partir del cambio de gestión pero no lo conozco en detalle.


Fuente:
Diario El Tribuno, Salta.
Periodista: Carmen Petrini
Autora: Beatriz Greco (Ver perfil)
Foto: 123RF.


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