
Ser
niño es jugar
Jugar es para el niño como vivir. Es la manera en que comienza a
conocer el mundo, a descubrir. Es la manera en la que se atreve
a probar otras historias, a sentir otras emociones en un mundo en
el que todo es posible, a decir con otros lenguajes aquello que
aun no puede expresar claramente con palabras.
En el juego
se pueden tener poderes mágicos, ser mamá, papá o maestra, convertir
un papel de diario en un hermoso traje, o volver a ser bebé. En
el juego, la realidad es la que debe adaptarse, porque el mundo
de la imaginación y de la fantasía no tiene límites. Mucho se ha
pensado y escrito sobre el rol que el juego debe tener en el Nivel
Inicial.
Hay quienes
sostienen que es lícito y necesario utilizar al juego como una estrategia
didáctica privilegiada para enseñar contenidos; hay quienes sostienen
que si se proponen objetivos, contenidos y productos esperados,
ya no se trata de un juego; hay quienes piensan que jugando se puede
aprender (aunque no todo se aprenda jugando); hay quienes hablan
de juego trabajo, juego libre, juego en rincones, juego dramático,
juego centralizador...
Hemos escuchado
en las últimas décadas infinitas maneras de llamar técnicamente
aquello que -aquí todos coinciden- es central en la vida del niño.
Para seguir actualizando los puntos de vista, Lydia Bosch analiza
el sentido del jugar y su lugar en la acción educativa del Nivel
Inicial.
Susana Szulanski
retoma la historia y las posibilidades del juego-trabajo, Hilda
Cañeque, Cecilia Castro y Haydeé Greco conceptualizan el juego y
sus funciones, además de presentar experiencias con niños pequeños,
y María Clotilde Sardou y Pablo Ziperovich aportan sugerencias para
el trabajo desde un marco teórico en el que se desarrollan los aportes
de diversas teorías.
Alicia Vallejo,
desde España, propone una experiencia centrada en el juego sociodramático,
en tanto que Viviana Rogozinski invita a jugar con títeres aprovechando
todo el potencial que ellos encierran. Con sus distancias y sus
coincidencias, cada uno de los abordajes plantea la importancia
vital del juego y la necesidad de generar tiempos, espacios y permisos
para jugar..., para ser niños.
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