La relación entre la filosofía y los niños puede verse desde distintos
puntos de vista. Hay quienes no perciben ninguna relación, pues
entienden que la filosofía es una construcción racional de un
nivel de abstracción ajeno a los niños. Otros afirman que los
niños son filósofos "naturales": la filosofía se presentaría como
una suerte de disposición, de actitud que se da a cierta edad
y luego se abandona. En otro sentido, algunos sostienen que la
filosofía debe aprenderse como una historia de lo que pensaron
los grandes filósofos a lo largo del tiempo a la que los niños
nada tendrían para agregar. Pero también es posible entender la
relación entre la filosofía y los más pequeños como una actividad
e incluso como un juego, un juego que tiene lugar pensando y dialogando
con otros. Filomeno y Sofía invita a participar en ese juego,
que es el que juegan sus personajes a través de historias que
inventan y que se cuentan mutuamente.
Filomeno y Sofía es la historia de dos amigos que buscan preguntar
e indagar acerca de aquello que les resulta problemático, curioso.
¿Cuál es la diferencia entre imaginar y recordar? ¿Qué quiere
decir 'portarse bien'? ¿Qué es la verdad? son sólo algunas de
las muchas preguntas que surgen durante la lectura. La historia
de Filomeno y Sofía tiene estrecha relación en su planteo y en
su estilo con los materiales del Programa de Filosofía para Niños
de Matthew Lipman. Los chicos discuten en un contexto que el lector
puede reconocer como familiar y que opera como modelo del trabajo
en el aula. Pero el texto de Gustavo Santiago supera el marco
del modelo y juega en el terreno mismo de la historia de la filosofía.
Sofía sueña con "Las tres transformaciones" de Nietzsche; Filomeno
cuenta la historia de Renato (Descartes), a quien no le gusta
que le mientan y que desconfía de sus sentidos; una amiga de Filomeno
y Sofía narra la "alegoría de la caverna" platónica en clave de
fábula con hormigas, por mencionar algunos de los hitos de la
filosofía occidental que aparecen en el relato. ¿Se trata de instruir
a los niños en la historia de la filosofía? No lo creo. Los chicos
no necesitan saber que existen obras llamadas Así habló Zaratustra
y La república, porque la invitación es a jugar a la filosofía,
a pensar en los problemas y discutirlos. Pero tomar estos episodios
de la filosofía no resulta de ninguna manera inocente por parte
del autor: no pone reverencialmente la filosofía a disposición
de los niños, sino que juega él también con la vieja disciplina,
quitándole ese halo de veneración que suele rodearla. El pasaje
de las Meditaciones metafísicas de Descartes se pone al alcance
de los niños porque queda planteado el problema, no porque el
protagonista sea Renato. Y es que hacer filosofía en la escuela
exige a quien está frente a un grupo, entre otras cosas, ser capaz
de acceder a los problemas de los que se ocupa la filosofía por
el propio cuestionamiento, por la propia curiosidad. "No es momento
de hacer preguntas", dice la maestra de Filomeno, pero Filomeno
vuelve a preguntarse cómo es que hay momentos en que está bien
y momentos en que está mal preguntar. La práctica de la filosofía
en la escuela encuentra su sentido cuando genera una actitud de
indagación, una actitud que no se detiene en la regla que señala
lo que está bien y lo que está mal, sino que lleva a preguntar
y cuestionar por qué algo está bien o está mal.
Filomeno y Sofía constituye un material apropiado para emplear
en nivel inicial o en primer año de la escolaridad básica y es
el fruto de la experiencia de su autor en el trabajo con niños
de esas edades. La novela fue escrita pensando en ellos y poniendo
a su alcance no sólo algunos de los problemas de la filosofía
que pueden relacionarse con la experiencia de los chicos, sino
también las disposiciones y herramientas necesarias para la discusión
filosófica o, dicho de otro modo, para jugar el juego de la filosofía:
sentarse en ronda, verse las caras, dar ejemplos, hacer preguntas,
hablar frente a los demás, decir lo que cada uno piensa, escucharse,
respetarse.
La enseñanza de la filosofía, la práctica de la filosofía en la
escuela, no puede conformarse con programas preestablecidos, sino
que requiere de la búsqueda y la creación de nuevas formas de
promover la discusión, formas que respondan a las necesidades
encontradas en las aulas y que problematicen algunas de las inquietudes
manifestadas por los chicos. Filomeno y Sofía es un buen ejemplo
de ello.
Vera
Waksman
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