Revista Propuesta Educativa - Tomo 18

Potencialidades y Riesgos de la Traslación de
Responsabilidades Educativas a la Sociedad Civil
La
Argentina pertenece al grupo de los países de América Latina de
temprana modernización. Esto implicó la construcción de una ingeniería
política centrada en el Estado Nacional constituido en el hacedor
principal del proyecto político que le dio origen.
Desde esta matriz se moldeó un espacio para la sociedad civil
y se definió su forma de vinculación con el órgano político. A
un Estado omnipresente le correspondió una sociedad que depositó
en las organizaciones intermedias -partidos políticos y sindicatos-
la tarea de incorporar sus demandas en la agenda de las cuestiones
a ser atendidas por el Estado.
En esta tradición se constituyó un sistema educativo, con fuerte
referencia en el Estado nacional, que posicionó a la sociedad
civil en el lugar de receptora de una prestación que contenía
una promesa de emancipación a cambio de la aceptación de un arbitrario
cultural que la incorporaba al proyecto nacional.
En los últimos quince años asistimos a un proceso de traslación
de responsabilidades educativas desde el centro a la base del
sistema y a una serie de propuestas organizacionales que interpelan
a la comunidad para que adquiera mayor protagonismo en el apoyo
a la gestión de las instituciones educativas que atienden a sus
miembros. De hecho existen ya numerosos ejemplos donde esta asociación
ha fructificado a favor de ricas experiencias.
Sin duda, propuestas de este tipo encierran potencialidades y
riesgos que deben ser evaluados a la luz de nuestra experiencia
pasada y a partir de las fortalezas y debilidades que ella nos
legó. Las potencialidades giran alrededor de la construcción de
lazos entre escuela y comunidad que pueden actuar en diferentes
sentidos: abriendo la escuela a la demanda cultural y educativa
de niños y jóvenes, habilitando un canal por donde la comunidad
puede acercar a la escuela recursos enriquecedores de su propuesta,
generando en los agentes educativos un sentido de responsabilidad
por su tarea frente a la comunidad, permitiendo la gestión conjunta
de actividades que trasladen al seno de la sociedad conocimientos
y habilidades organizativas y, finalmente, propiciando una reconstitución
de la trama de solidaridad societal que está tan dañada en nuestro
país.
El riesgo es que se esté construyendo un entramado societal destinado
a crear condiciones de sustentabilidad de un orden social que
se propone prescindir de la intervención del Estado. En este caso
estaríamos ante una propuesta de retorno a etapas anteriores a
la constitución del Estado nacional, donde cada sector social
contaba sólo con sus recursos para educar a las generaciones que
le sucedían. Una alternativa de este tipo, proyectada en una sociedad
que carece de tradiciones y hábitos autogestivos y que sufre un
reciente proceso de desigualación social, no tiene otro destino
que el de consolidar esta estructura desigual.
Para que estas nuevas propuestas organizacionales nos ayuden a
avanzar en la democratización del sistema y no nos retrotraigan
a etapas que tuvieron un sino claramente reproductor, es necesario,
por un lado, mantener la presencia de un Estado capaz de distribuir
con equidad los bienes acumulados socialmente y, por otro, fortalecer
la sociedad civil, transfiriéndole habilidades y saberes que la
transformen en una instancia de contralor del funcionamiento del
Estado y de la red institucional destinada a garantizar el ejercicio
de los derechos ciudadanos.
Hay una distancia muy grande entre construir una sociedad civil
capaz de organizar sus intereses, definir y diferenciar claramente
sus demandas y diseñar estrategias para viabilizarlas a través
del control y la movilización de los recursos del conjunto de
la sociedad, a los planteos que tienden a la constitución de un
orden societal que prescinda de la función igualadora del Estado.