Revista Propuesta Educativa - Tomo 21

Al final de los '90

Volver al Nº 21 Luego de casi una década de reformas estructurales y sectoriales con las que los diferentes países de América Latina se propusieron crear las condiciones nacionales que les exigía el nuevo orden mundial, el resultado no está a la altura de las expectativas. En la mayoría de los casos, nuestras sociedades se han hecho más desiguales, profundizando las problemáticas sociales que están asociadas a la inequidad.

Los sistemas educativos fueron unos de los destinatarios de esta ola de reformas en las que se invirtieron importantes recursos económicos y humanos. También en este caso los logros son magros en términos de mejoramiento, tanto de la calidad como de la equidad.

Pareciera que los esfuerzos reformadores no han podido penetrar a la institución escolar y producir cambios en el ámbito que se pretendía transformar. La situación obliga a una reflexión respecto de varios temas que, por razones obvias, sólo podremos esbozar.

El primero de ellos es la constatación de las limitaciones de una política sectorial para construir equidad en contextos de fuerte desigualdad social. Mucho más si se trata del sector educativo, que encuentra en las desiguales condiciones culturales, sociales y familiares de los alumnos, un impedimento a su acción en pos de la construcción de iguales oportunidades para la heterogénea población que atiende.

Habrá que recrear, entonces, políticas más abarcativas que permitan insertar las acciones sectoriales en proyectos de gobierno que encuentren en la equidad su valor estructurante. En este caso, como en tantos otros, la suma de las partes no hace al todo. Una vez más, hay que poner en cuestión los voluntarismos y los resabios de nuestro optimismo pedagógico para exigir correspondencia en el conjunto de las políticas.

Con respecto a estos temas, nos parece necesario insistir en la revisión de las acciones focalizadas de compensación, que si bien tienen impacto en la distribución de recursos para la tarea escolar y en el mejoramiento de aprendizajes muy básicos, refuerzan viejas prácticas clientelares y tienden a la constitución de subjetividades que no se reconocen como sujetos de derecho.

En segundo lugar, pareciera que es necesario retomar una mirada centrada en la institución y sus actores. Es decir, construir condiciones institucionales y profesionales adecuadas al desenvolvimiento de procesos de aprendizaje que incorporen las nuevas propuestas y den respuesta a la heterogeneidad de situaciones que atraviesan a los alumnos, instituciones y docentes. A diferencia de otros sectores, las transformaciones educativas no pueden prescindir del compromiso de aquéllos que las materializan a través de su práctica diaria.

Los compromisos no deberían limitarse a la creación de condiciones de gobernabilidad o control del conflicto sino que, a partir de ellas, habría que avanzar en una acción de construcción conjunta de los saberes y capacidades que los agentes necesitan instrumentar para operar en estos tiempos y asegurar una formación adecuada a las nuevas generaciones. Finalmente, hay un tema que seguramente se desplegará en los próximos meses y que se organiza alrededor de la cuestión de los valores en la escuela.

La reproblematización de esta temática está originada en las preocupaciones e incertidumbres que generan las nuevas condiciones culturales y sociales a las que nos vemos expuestos en este fin de siglo. Hay posturas que reclaman una reposición escolar de valores que están asociados con los problemas de la gobernabilidad y del control autoritario de las conductas.

Hay otras en las que nos reconocemos, que se plantean la recuperación -en el ámbito de las escuelas- de prácticas solidarias, de espacios participativos y de una memoria reciente que ponga en el vértice de la jerarquía axiomática la consideración por los derechos humanos y el respeto de la diferencia.

Nada de lo que se ha planteado aquí exige refundar el sistema o desconocer los aportes de la reforma. No se trata de tirar lo que se ha hecho ni tampoco de emparcharlo, sino de reorientar las prácticas a partir de una opción más clara a favor de la equidad y la reconstrucción del tejido social.

 

 

 

Copyright © Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico 2000