Psicología, cultura y educación
Perspectivas desde la obra de Vigotski

Yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Jorge Luis Borges


En 1984, Guillermo Blanck publica "Vigotski: memoria y vigencia", una recopilación de artículos sobre el psicólogo ruso editada como homenaje en el 50º aniversario de su muerte. La dedicatoria de este libro –confeccionado con gran esfuerzo artesanal- incluye a una decena de estudiosos de papel significativo en la difusión de la obra de Vigotski fuera de la Unión Soviética, tales como Juan Azcoaga, Jerome Bruner, Michael Cole y Sylvia Scribner, de quienes también se incluyen trabajos.
Esta publicación señala el comienzo “oficial” de un programa de estudio y de trabajo que Guillermo había iniciado de manera informal pocos años antes: profundizar y difundir la obra de Vigotski y sus continuadores, “colaborando con la unificación de la psicología como ciencia, la comunicación cultural y la comprensión entre pueblos de tradiciones diferentes”, como señala en la introducción. Por cierto, Vigotski es actualmente una figura muy conocida en nuestros ámbitos psicológicos y educativos, pero ése no era el caso en la década del 80, cuando escaseaban incluso las traducciones de sus obras.
Guillermo abordó a Vigotski desde distintos puntos de vista. Por una parte, la profundización en la teoría sociohistórica y sus derivaciones posteriores, en especial atendiendo a la raíz marxista del pensamiento vigotskiano y a la dirección que el ideal socialista imprimía a su producción científica. Por otra, se dedicó a reconstruir rigurosamente una biografía con muchas zonas difusas.
Ambos abordajes confluyeron naturalmente, en tanto fueron encarados desde la perspectiva de un historiador de la psicología, rótulo profesional que Guillermo consideraba como el que mejor definía sus múltiples intereses.
Para desarrollar su investigación, Guillermo estableció un contacto que mantuvo durante años con psicólogos como Donald Foss, Michael Cole, Bruce Bain o Jerome Bruner, y evidenció su apertura intelectual al incluir entre sus interlocutores a grandes figuras cuyo pensamiento consideraba ineludible y enriquecedor, aunque no se encuadrara en la perspectiva sociohistórica, como Noam Chomsky y Fred Skinner.
Entre todos los posibles contextos históricos, el de Vigotski era, no casualmente, uno que concentraba la pasión estudiosa de Guillermo más allá de los avatares de la psicología: los agitados tiempos de la revolución socialista, que Vigotski había encarado con explícito compromiso filosófico y político.
Su minuciosa búsqueda histórica lo llevó en 1988 a Moscú, donde halló información nueva en los archivos de la Universidad Estatal de Moscú y, sobre todo, en su encuentro con Guita, la hija de Vigotski, quien le aportó valiosos materiales desconocidos hasta el momento.
El exhaustivo conocimiento que fue reuniendo sobre la época de Vigotski le resultó productivo, también, para encarar en 1992 la biografía de una figura crucial en las ciencias del lenguaje del siglo XX, Mijaíl Bajtín, quien desarrolló en forma independiente una teoría sociocultural para su ámbito de estudio.
Mientras escribo esta descripción de la trayectoria intelectual de Guillermo, hay una imagen que acompaña cada uno de sus pasos, la que me llevó a elegir el epígrafe: la imagen de su biblioteca. Una biblioteca inmensa que, además de incluir lo más significativo de la psicología y su historia, se nutría con sus intereses por todo lo humano: las ciencias sociales, la literatura, el arte, la filosofía. La biblioteca desplegaba altísima en las paredes la construcción de su intelecto, y era en sí misma una construcción admirable que orientó a muchos estudiantes y colegas para introducirse o profundizar en el mundo de la psicología.
Otra faceta de su amor por los libros fue la tarea de editar, que desarrolló en varias oportunidades con el objeto de difundir textos escasamente conocidos o inéditos, como La genialidad y El desarrollo cultural del niño, recopilaciones de artículos de Vigotski publicadas en 1998.
El último trabajo de Guillermo Blanck estaría dedicado al primero de Vigotski: la Psicología pedagógica, un libro de juventud destinado a estudiantes de carreras docentes. Aun cuando en este texto Vigotski no había desarrollado todavía ninguno de sus conceptos fundamentales, Guillermo siempre había sentido un cariño especial por él. Los trabajos iniciales, leídos a la luz del futuro, son reveladores del proceso de gestación de ideas e intereses y, por tanto, le resultaba muy atractivo acceder a uno de los gérmenes de un admirable camino intelectual.
La Psicología pedagógica es un típico libro didáctico que nos muestra qué conocimientos se pensaba que debían tener los futuros docentes –en la década del 20- acerca del desarrollo intelectual de los niños, de los procesos de aprendizaje y otros temas pertinentes. Era ésta la segunda fuente de riqueza de la Psicología pedagógica para Guillermo: como historiador de la psicología, se trataba de una oportunidad inmejorable para acceder a lo que se consideraba significativo, actualizado, necesario, en el conocimiento psicológico y educativo de la época.
Emprendió, así, la tarea de una edición crítica, tarea monumental si se piensa que Vigotski –como otros autores de la época- no siempre explicitaba sus fuentes, referencias y alusiones, que debían, por lo tanto, ser repuestas a través de una minuciosa investigación que encuadrara el texto en el pensamiento y el acontecer de su época.
La versión final del trabajo fue entregada para su publicación pocos días antes de la inesperada muerte de Guillermo. Durante ese año último, yo fui una de sus interlocutoras, fui testigo de su empeño y de su pasión por reconstruir para el lector el contexto inicial de Vigotski, el punto de partida de su trayectoria personal e individual.
Este volumen está dedicado a la memoria de Guillermo Blanck, pero puede pensarse, más que una dedicatoria, como una contribución póstuma que el propio Guillermo hace a través de nosotros, en su apasionado esfuerzo porque se difundiera y se comprendiera la voz de Vigotski, que sigue viva y produciendo nuevas lecturas y nuevas ideas.

Adriana Silvestri

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