ISBN:
978-987-538-261-9

Págs.: 208
Tomo 19

Colección:
Conjunciones



Argentina:
$ 87.00
Resto del Mundo:
U$D 20.00

 

Psicoterapia, subjetividad y postmodernidad
Una aproximación desde Vigotsky hacia
una perspectiva histórico-cultural

Fernando Luis González Rey

Prólogo (Fragmento)


El mundo de la producción teórica es una gran entelequia, que crece de manera irregular. Afortunadamente, cada tanto surgen pensadores que revisan críticamente las nociones generadas por su comunidad científica. Generalmente movilizados por un entendimiento profundo del objeto de estudio frente al cual se hallan en la cotidianidad, nos invitan a dilucidar controversias que retrasan el progreso de la disciplina. La obra que el lector tiene en sus manos es un producto de tal inquietud intelectual. Su lectura es imprescindible para quien desee profundizar en el marco de la perspectiva histórico-cultural en psicología, así como también para todo clínico que vea su trabajo limitado por la gnoseología disponible y por aquel interesado en los temas de la psicología teórica que desee nutrirse del pensamiento de una mente innovadora. Incluso se beneficiarán los lectores más interesados en el arte de la terapia, ya que en este libro, González Rey no sólo navega los laberintos de la epistemología y de la teoría psicológica, sino que también se atreve a franquear el horizonte de la práctica clínica y nos muestra, con la descripción de un caso, su peculiar manera de ayudar al paciente a construir nuevos sentidos subjetivos.
Como profesional abocado prioritariamente a la clínica psicológica, en la que la subjetividad es la materia prima de trabajo, comparto con el autor la disconformidad que ha significado estar a la sombra de las producciones conceptuales de otras ciencias, que operan con otros elementos, para intentar acceder a la comprensión de la mente humana. Tal como se manifiesta en este libro, una de las tareas más complejas que la psicología tiene por delante es la revisión de su sistema de categorías. Sin embargo, se requiere una madurez intelectual propia de autores de la talla de González Rey para manifestar sus desacuerdos con respecto a las categorías actuales de su campo, sin caer en la tentación de proponer una nueva formulación con pretensiones definitivas.
Luego de una trayectoria académica fundada en la obra de Vigotsky, el autor descubre puntos de encuentro entre la perspectiva histórico-cultural y las ciencias posmodernas que se definen como complejas, no lineales y no deterministas. Nos introduce a una serie de alternativas metodológicas que permitirían abordar el estudio de los sistemas subjetivos e insiste, acertadamente, sobre la necesidad de replantear cuestiones obsoletas en la manera de concebir al sujeto.
González Rey elige el camino menos transitado cuando propone repensar la naturaleza de lo subjetivo, asignándole constructos que le den consistencia y reconozcan su cualidad “sui generis”. La subjetividad, arguye, no se define por ninguno de sus atributos concretos (lo interno, lo privado, lo consciente, lo inconsciente), que constituyen sólo espacios de su desarrollo, sino por su especificidad ontológica: la subjetividad es una producción simbólico-emocional. Con el fin de aportar a la comprensión de esta especificidad, retoma el concepto de “zonas de sentidos”, ya propuesto en otras obras suyas. Y en este texto, cuyo objetivo fundamental es aportar al avance de una visión psicoterapéutica orientada al estudio de la subjetividad y basada en el enfoque histórico-cultural, el autor se ocupa en particular de desarrollar, nuevamente, la categoría de “sentido subjetivo”: “Una unidad psicológica que se caracteriza por la relación entre lo simbólico y lo emocional, unidad donde uno evoca al otro de forma recíproca, sin convertirse en su causa” (pág. 87). Haciendo una salvedad específica para su propio marco conceptual de referencia, González Rey señala que la subjetividad no se interioriza, sino que se construye. Los sentidos subjetivos no son resultado directo del impacto de las experiencias en su carácter objetivo, sino que consisten en una producción sobre los efectos colaterales de lo vivido. Esta producción es posible, únicamente, partiendo de la “configuración subjetiva” de la persona y del espacio social en cuestión.
El autor nos invita a replantear la manera en la cual las ciencias sociales han abordado la subjetividad, entendiéndola como una zona de sentido compartida por una multiplicidad de ciencias, y a su vez, dentro de la psicología, por una multiplicidad de enfoques. Siguiendo esta línea, nos enfrenta con un recorrido crítico por las diferentes transformaciones que ha sufrido la noción de zona de sentido de lo subjetivo en la historia de la psicología, desde sus inicios hasta el presente. Comenzando por el psicoanálisis, en la versión original de Freud y la de varios sucesores, en particular la obra de Jung, pasando luego por la terapia familiar sistémica, el humanismo, el constructivismo, la perspectiva posracionalista de Guidano y los enfoques orientados por el construccionismo social, González Rey se explaya en un análisis profundo de los aciertos y las limitaciones de las concepciones del sujeto (o su ausencia) elaboradas por cada perspectiva. La rigidez con que ha sido tratada dicha zona de sentido, concluye, se debe fundamentalmente a la renuencia a otorgar a la subjetividad un estatus ontológico privilegiado. A grandes rasgos, hay dos caminos posibles para malograr la categoría de subjetividad: uno es otorgarle un status propio, sin dejar de abordarla desde la perspectiva epistemológica adecuada para el estudio de los fenómenos físicos o biológicos; el otro, simplemente, negar su existencia.

Juan Balbi
(Extracto del Prólogo
)

 


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