Prólogo
El encuentro
con un texto como el de Karina Hormigo invita a transitar una
experiencia de lectura más amplia que el ordenamiento explícito
del libro
Por las múltiples cuestiones que aborda, esta obra puede
leerse de varias maneras: como un ordenamiento sistemático
de los aspectos teóricos que fundamentan conceptualmente
los problemas tratados, como un despliegue de experiencias con
las que se van construyendo saberes que se consolidan en un ejercicio
profesional sostenido, y quizá, también, como un
vínculo intergeneracional entre una joven profesional y
el aporte y presencia de sus maestros.
Una preocupación recorre las páginas de este libro:
¿cuáles son los caminos terapéuticos y educativos
posibles para abordar la problemática que acarrea la limitación
de capacidades mentales en niños y adolescentes?
La mirada de la autora sobre diversas perspectivas disciplinarias
ofrece la posibilidad de repensar este interrogante. Así,
la revisión histórica del concepto de retraso mental
desde las diferentes escuelas psicológicas permite un recorrido
comparativo de las posiciones teóricas, visualizando sus
diferencias tanto conceptuales como terminológicas. Un
recorrido necesario para todos los profesionales interesados en
el campo de la discapacidad mental.
En sus recorridos nos va presentando a sus referentes teóricos
en distintos ámbitos y los respectivos trabajos que están
incluidos en el libro.
Desde la neuropediatría, Jaime Tallis desarrolla sus reflexiones
sobre neurología y retraso mental, al que presenta como
una categoría diagnóstica con distintos factores
de riesgo que pueden estar asociados al cuadro.
Desde el área de educación especial, Ana E. Esterkind
de Chein aborda el retraso mental como consecuencia de la deprivación
socio-cultural, señalando, en primer lugar, los efectos
de la desnutrición sobre el desarrollo biológico
y psíquico del niño. En este sentido, mientras describe
la presencia de la desnutrición en distintos momentos evolutivos,
deja en claro una distinción importante entre factores
concomitantes y factores causales que originan el retraso mental.
Se ocupa asimismo, en otro capítulo, de las posibilidades
de integración de niños con déficit leve
a la escolaridad común.
Karina Hormigo también nos presenta su propia tramitación
de conceptos desde un marco teórico de referencia psicoanalítica.
Entre los temas que nos participa, adquiere especial relevancia
la problemática de las subjetividades infantiles que quedan
atascadas bajo la incidencia emocional del déficit. Nos
habla entonces de los avatares de la constitución psíquica,
de procesos y momentos estructurantes, de las funciones simbólicas
materna y paterna y las distintas formas de ejercerlas.
Por otra parte, nos señala cuestionamientos y modalidades
de respuesta parental ante el déficit del niño que
efectivamente han tenido.
Teniendo en cuenta todos estos elementos, la propuesta que sigue
es la de un modelo de evaluación de los aspectos cognitivos
en casos de retraso mental desde el escorzo de la subjetividad.
Nos encontramos con una descripción de instrumentos y técnicas
clínicas para el diagnóstico psicológico
del sujeto con retraso mental que permiten comprender la trama
histórico–libidinal en la que se inscribe su particular
forma de aprender y de representarse el mundo que lo rodea.
En la parte del libro dedicada a los aspectos clínicos,
trata algunas formas específicas de presentación
del retraso mental. Comienza con casos en los que el diagnóstico
está asociado a una clara base orgánica y relata
las consecuencias emocionales que padecen los padres por la injuria
narcisística a su capacidad genitora y los posibles caminos
de tramitación de ese duelo. La presentación de
los casos clínicos ilustra acertadamente cómo estos
procesos se entretejen en el ejercicio de función y cómo
inciden en la constitución psíquica de los hijos.
En los casos en que el retraso mental está asociado a trastornos
del desarrollo, como en el autismo y la psicosis, se hace un exhaustivo
análisis de la causalidad psíquica, sin desconocer
la existencia de factores biológicos que podrían
estar presentes. Se aborda el tema de las fallas en la constitución
del pensamiento en estrecha vinculación con las fallas
estructurales en el proceso de constitución psíquica.
Un diagnóstico diferencial podría develar si detrás
de la manifestación de retardo eventualmente se encubre
una perturbación psíquica de otro orden. Los casos
clínicos que acompañan este capítulo muestran
además los problemas de escolarización que devienen
de diagnósticos que principalmente evalúan el déficit
cognitivo, o de padres que sostienen la debilidad mental como
única posibilidad de escuchar lo que sucede con su hijo.
Sobre el final se incluye un informe de investigación que
llevó a cabo Karina Hormigo. El estudio buscó correlacionar
las características de la función materna con la
capacidad intelectual general y la capacidad adaptativa presente
en niños y adolescentes con retraso mental.
Sus conclusiones indicaron que, si bien las diferentes características
en el ejercicio de función materna no modifican significativamente
las producciones cognitivas y la capacidad de simbolización
de sus hijos con retraso mental, influyen sin embargo en la capacidad
de adaptación, promoviendo o limitando la adquisición
de habilidades apropiadas para un mejor desempeño social.
El conjunto de ideas y experiencias que constituyen este libro
da cuenta del recorrido auspicioso de una profesional que ha buscado
con denodada insistencia algunas respuestas a sus grandes interrogantes
sobre su área de trabajo. Seguramente, las vías
abiertas en este texto podrán seguir siendo transitadas
para salir al encuentro de otros tantos desafíos que la
clínica del retraso mental plantea.
Luisa
Wettengel
Buenos Aires, julio 2006