Cursos
y textos sobre la familia
Hace más
de cuarenta años, cuando comencé a dictar mis cursos
de sociología de la familia en la Universidad del Estado
de California, en los Estados Unidos se realizaban numerosas investigaciones
y se publicaban anualmente muchos textos sobre temas de familia.
Estos trabajos habían comenzado a proliferar durante la
década de 1950, en coincidencia con el llamado “baby
boom” de la segunda posguerra.
Los objetivos de aquellos cursos de sociología de la familia,
que se dictaban regularmente en todas las universidades norteamericanas,
giraban en torno a determinados valores tradicionales relacionados
con la familia y la sexualidad, y analizaban los estilos de vida
y las relaciones familiares en diversas culturas. Los temas desarrollados
por autores provenientes de las principales escuelas o tendencias
teóricas de la sociología norteamericana, se referían
a los aspectos culturales y subculturales de la familia, a la
“familia nuclear” monógama, a la familia polígama
característica de algunas culturas orientales, a la búsqueda
y elección de pareja, al noviazgo, a los roles dentro de
la familia, a la autoridad en la familia, a la fertilidad y tamaño
de la familia, a la socialización de los hijos, al sistema
de familia extendida, etcétera. Y luego, en una parte dedicada
a los “problemas de la familia”, o desorganización
familiar, los autores analizaban el divorcio o la separación,
sus causas y consecuencias, la familia “después de
los hijos” (el nido vacío), la muerte y viudez en
la familia, etcétera.
A partir de la década de 1980 comenzó un período
en el que no era fácil encontrar textos nuevos o investigaciones
sobre la “familia”, por lo menos, tal como se la había
conocido tradicionalmente. Los anaqueles de las librerías
que antes ocupaban obras sobre “familia”, comenzaron
a llenarse con publicaciones sobre la madre soltera, la violencia
familiar, el sexo, el amor, el divorcio, la homosexualidad, las
familias “ensambladas” o “reconstituidas”.
Los nuevos cursos de sociología de la familia comenzaron
a desarrollar temas relacionados con los cambios en la familia:
cambio de valores, cambio en los roles familiares, el divorcio,
la crisis de autoridad, etcétera.
Con el nuevo milenio, comenzaron a aparecer en los Estados Unidos
nuevas obras sobre familia, pero con un contenido muy distinto
del tradicional: estilos de vida marital (casados, no casados;
que cohabitan o no), el cambio en las costumbres y pautas sexuales,
enfermedades transmitidas por el sexo, el sexo fuera del matrimonio,
el matrimonio “abierto” (o parejas de “swingers”),
la pareja homosexual, las relaciones y modelos de género,
y otros temas similares.
Aun los textos que siguen los modelos tradicionales de presentar
la sociología de la familia (Coontz y otros, 1999; Rouse,
2002) dedican una mitad del volumen a temas tales como “nuevas
formas de diversidad familiar” -incluyendo las parejas no
casadas-, “la pareja gay y lesbiana”, etcétera.
Un libro que, a mi entender, puede llegar a ser un clásico
contemporáneo en sociología de la familia, es La
transformación de la intimidad: sexualidad, amor y eroticismo
en las sociedades modernas, escrito por uno de los más
conocidos sociólogos del momento, el inglés Anthony
Giddens (1998). Este autor comienza su obra resumiendo una novela
de Julian Burnes titulada Before she met me (Antes de encontrarme
con ella). El protagonista es un historiador, Graham Hendrick,
que, después de 15 años de un matrimonio feliz,
se encuentra con Ana, quien había sido actriz de cine con
una vida bastante “tormentosa”. Esta mujer logra conmocionarlo
afectivamente y lo hace sentirse nuevamente enamorado. Se divorcia
de su mujer y se casa con Ana. Pero pronto se obsesiona por conocer
detalles de la vida sexual de Ana antes de conocerla, su historia
amorosa, sus amantes… La historia, llena de pasión
y no exenta de humor, de repente se transforma en tragedia, cuando
Graham descubre que Jack -su mejor amigo- y a quien le había
confiado sus sentimientos, celos y morbosa curiosidad por conocer
detalles de la vida sexual de Ana "antes de haberse encontrado
con ella” (de ahí el título de la novela),
había sido uno de sus amantes muchos años atrás.
Después de una larga y acalorada discusión con Jack
termina asesinándolo. Mientras tanto Ana, sospechando lo
que podía estar ocurriendo, corre en busca de su marido
a la casa de Jack para evitar la tragedia. Pero ya era tarde;
Graham también se había suicidado, con lo que ella,
desesperada, se arroja por la ventana… En esta misma línea,
la novela de Tomás Eloy Martínez El vuelo de la
reina recoge un hecho real de similares características.
Los sucesos narrados en esta novela son típicamente contemporáneos,
dice Giddens. Como descripción de la vida real de la gente
común, esta novela no podría haberse escrito, por
ejemplo, hace cien años; porque supone un importante grado
de igualdad entre los sexos; y se basa en el hecho de que hoy
es frecuente que ambos cónyuges hayan tenido una vida sexual
activa antes de constituir una pareja estable; y no es infrecuente
la simultaneidad de relaciones paralelas y cruzadas.
Hacia
una mayor igualdad entre los sexos
También
es verdad que siempre hubo una minoría de mujeres que vivía
la libertad y variedad sexual como un derecho que les correspondía
por igual a hombres y a mujeres. Pero en general, estas mujeres
-llamadas en otros tiempos “mujeres de la vida”- eran
consideradas “marginales” dentro de una sociedad “respetable”,
donde la mayoría de las mujeres se consideraban “virtuosas”,
es decir, que no cedían a la “tentación sexual”,
manteniéndose vírgenes hasta el matrimonio, para
lo cual la familia y la misma sociedad las protegían institucionalmente.
Por el contrario, tradicionalmente se consideraba que los hombres
“necesitaban”, para su salud física y mental,
una variedad de experiencias sexuales. Debido a este criterio
era “socialmente” aceptable que el hombre tuviera
experiencias sexuales múltiples antes del matrimonio, y
aun durante el matrimonio. Este “doble estándar”
fue, y sigue siendo, un fenómeno común en Occidente.
El adulterio en la mujer era algo “repudiable” y,
en general, causal suficiente de divorcio; mientras que en el
hombre, aunque “lamentable”, era “una debilidad
comprensible y perdonable”.
Actualmente, en un mundo de mayor “igualdad” sexual
-aunque todavía incompleta-, tanto el hombre como la mujer
necesitan adaptarse permanentemente a los cambios que ocurren
y seguirán ocurriendo a un ritmo insospechado en el futuro.
Por eso, como advierte Giddens, el problema planteado por el novelista
Julian Barnes no es estrictamente un problema de “celos”.
La reacción violenta de Hendrich tiene su explicación
en la “inseguridad” que experimenta el hombre contemporáneo
frente a la mujer, debido a las profundas transformaciones que
están ocurriendo en una sociedad menos “machista”,
y por consiguiente distinta y más igualitaria. Así
como, al entrar en crisis el patriarcado, surgen “nuevos
modos de ser mujer”, también surgen más tardíamente
“nuevas masculinidades”. La mujer ya no se somete,
como en épocas anteriores, al predominio sexual del hombre
ni el hombre se somete a “mandatos” tradicionales
para probar su masculinidad. Tanto el hombre como la mujer son
hoy víctimas de la anomia que produce el no saber cómo
relacionarse con el otro sexo en una nueva realidad: una relación
de igualdad sexual. La vida personal es hoy un proyecto abierto,
con nuevas exigencias, dudas y ansiedades, tanto para el hombre
como para la mujer; un proyecto basado en relaciones más
simétricas, menos jerárquicas, y que sustentan un
modelo en el cual a ambos competen tareas consensuadas de diversa
índole, según las circunstancias, y no según
“roles asignados”.
De todos modos, la institución del matrimonio está
lejos de haber perdido vigencia o de estar en vías de desaparición.
Las estadísticas mundiales de las últimas décadas
indican lo contrario. Aun en los Estados Unidos -por citar un
ejemplo- el número de matrimonios ha ido en aumento, de
modo que, en esta década, el 95% de los hombres y el 94%
de las mujeres de entre 45-55 años están o han estado
casados. Anualmente, las segundas nupcias constituyen el 50% de
los nuevos matrimonios
Este trabajo monográfico sobre la sexualidad y la familia
en el siglo XXI es el fruto de muchos años de docencia
y reflexión sobre el tema, desde la perspectiva sociológica.
La
perspectiva sociológica
La sociología
nace por la preocupación de algunos pensadores de los siglos
XVIII y XIX que trataron de comprender los cambios que se producían
como consecuencia del proceso de industrialización y su
impacto en la sociedad europea. Desde entonces, la misión
del sociólogo consiste en interpretar la realidad social
del momento y, en cierto modo, anticiparse a los posibles acontecimientos
futuros a partir de las tendencias observadas.
Alguien, refiriéndose a los cursos introductorios de sociología
que había tomado durante sus estudios universitarios, definía
a la sociología como una disciplina que explica “lo
obvio” de una manera difícil, utilizando una jerga
o terminología complicada. En realidad, lo que hace la
sociología es estudiar los hechos y problemas con los que
nos enfrentamos a diario, y que nos interesan y preocupan, porque
se relacionan con realidades y conflictos de la sociedad en que
vivimos, y que naturalmente afectan nuestras vidas. Todo lo cual
se aplica muy especialmente cuando el objeto de estudio es la
vida familiar. Cuando entramos a analizar los problemas tan íntimos
y personales como los familiares, tendemos naturalmente a pensarlos
e interpretarlos en términos de nuestras propias vivencias,
y a “naturalizar” situaciones y relaciones, sin someterlas
a un análisis más crítico.
En efecto, la familia es el primer grupo con el cual entramos
en contacto al nacer, y dentro del cual permanecemos toda o la
mayor parte de nuestra vida. Nuestra intensa e íntima asociación
con nuestro grupo familiar, nuestra experiencia y participación
afectiva con sus miembros que, de una u otra manera, influyen
en el proceso de nuestra socialización y desarrollo de
nuestra personalidad, hace que nos resulte difícil analizar
“la familia” con la suficiente “objetividad”.
Al hablar de objetividad científica, la mayor parte de
los sociólogos contemporáneos rechaza las pretensiones
de los fundadores de la sociología, que aplicaban a esta
nueva disciplina los mismos criterios epistemológicos de
las ciencias naturales. El estudio de los fenómenos humanos,
de la sociedad y de sus instituciones, es muy diferente del estudio
de los fenómenos de la naturaleza. La objetividad en la
sociología significa estudiar los hechos tratando de hacerlo
con rigurosidad, sin prejuicios, creencias o preferencias personales.
Más aún, podríamos afirmar que hoy las ciencias
sociales han avanzado hacia un paradigma epistemológico
en el cual surge un nuevo concepto de “objetividad”.
Los científicos sociales se inclinan hoy por la hermenéutica
o comprensión interpretativa, en lugar de la explicación
de los fenómenos sociales.
La clara conciencia de la diferencia esencial entre los fenómenos
humanos y los objetos físicos produce un distanciamiento
cada vez mayor de los modos de conocer del positivismo y del método
hipotético-deductivo, que han producido tan sorprendentes
resultados en las ciencias naturales y experimentales. El comportamiento
humano -tanto individual como grupal- no puede ser comprendido
sin referencia a los significados, sentimientos e intenciones
que los actores vinculan a sus acciones. La comprensión
de estos comportamientos exigen atención al contexto, la
historia y la cultura que condicionan tanto a los fenómenos
estudiados como al investigador que los estudia. Ésta es
la fragilidad y provisoriedad, al mismo tiempo que la riqueza
de la investigación social.
Lo que la sociología como disciplina científica
intenta es ampliar nuestro campo de visión, e iluminar
nuestra comprensión de las estructuras y procesos sociales
que condicionan, aunque no lo advirtamos, nuestras decisiones
y acciones. Para explicar esta iluminación que da la sociología,
Wright Mills hablaba de la imaginación sociológica.
“El trabajo sociológico depende de la imaginación
sociológica: es decir, de la capacidad de ver relaciones
entre una biografía y la historia, entre problemas privados
y públicos, entre el individuo y la sociedad… el
poder ‘pensar tomando distancia’ frente a las rutinas
familiares de nuestras vidas cotidianas para poder verlas como
si fueran algo nuevo… La imaginación sociológica
permite, a quien la posee, comprender el amplio escenario de la
historia en términos de su significado para la vida íntima
y el comportamiento de los individuos… La sociología
nos ayuda no sólo a analizar las pautas existentes de la
vida social, sino a ver algunos de los 'futuros posibles' abiertos
para nosotros” (Giddens, 1998, 52-53).
Hechos y fenómenos sociales
Tomemos un
ejemplo frecuente en la vida moderna: un hombre y una mujer, que
sufren dificultades y problemas de convivencia en su matrimonio
(diferencias irreconciliables), se divorcian, buscando en el divorcio
una “solución a sus problemas”. Al separarse
se convierten, junto con otros miles o millones de parejas divorciadas,
en un “dato estadístico”. Pero la tasa total
de divorcios en una sociedad es mucho más que la simple
suma de problemas personales o privados: es un fenómeno
estructural que tiene que ver con la institución del matrimonio
junto con otros aspectos de la sociedad que -aunque no lo parezca-
inciden en el matrimonio. Las decisiones individuales acerca del
matrimonio y el divorcio contribuyen a la tasa de divorcios. Pero,
a su vez, la tasa de divorcios es parte del clima social dentro
del cual los individuos interpretan y evalúan sus circunstancias
matrimoniales. La tasa de divorcios refleja, también, los
valores y las políticas sociales acerca del matrimonio
y el divorcio (por ejemplo, la aceptación o rechazo social
y legal de las “diferencias irreconciliables”, u otras
causales, como justificativo para el divorcio).
Por consiguiente, para comprender nuestras propias vidas, necesitamos
mirar más allá de nosotros mismos, y más
allá de los hechos aislados, para poder -entre las diferentes
ópticas de interpretación de estos hechos- verlos
en el contexto de la estructura social. Los conceptos sociológicos
amplían nuestra comprensión de lo que experimentamos
y de lo que somos, dándonos una perspectiva que incluye
las pautas de comportamiento, las creencias y valores que relacionan
a cada individuo con el sistema social en el que se mueve.
Éste es el enfoque con el que analizaremos el matrimonio
y la familia en este ensayo: el matrimonio, como institución
universal (ya que hasta el momento no se ha encontrado ninguna
sociedad en la que no existan pautas y normas que regulan y determinan
cuál es el comportamiento sexual culturalmente aceptado);
y la familia, como un grupo de personas unidas y que se ocupan
de la crianza y educación de sus hijos, de acuerdo con
las tradiciones y normas de su cultura.
El análisis sociológico de las pautas de comportamiento
familiar no implica su aprobación ni su desaprobación.
Simplemente verifica cuáles son las pautas socialmente
aceptadas en una cultura determinada. Todos tenemos una posición
tomada acerca de lo que está “bien” o “mal”,
de acuerdo con nuestra cultura, nuestros valores y creencias.
La única herramienta que tiene el sociólogo es contrastar
sus interpretaciones en el diálogo intersubjetivo con sus
colegas, y la rigurosidad metodológica, que permite que
sus pares de la comunidad científica puedan compartir o
desechar las conclusiones obtenidas. Éste es el último
criterio de validez aceptable en las ciencias sociales.
La producción de conocimiento válido y relevante
se concibe como un proceso de construcción de nuevos significados
y representaciones a partir del contraste de las interpretaciones
de los diferentes sujetos. La intersubjetividad contrastada, elaborada
y argumentada, nos da una interpretación provisional y
parcial de una realidad cambiante y compleja, como son los fenómenos
sociales. De ahí que sea necesario reinterpretarlos continuamente,
desde diferentes ángulos y perspectivas. Es así
cómo la sociología, desde su mirada propia, nos
permite acercarnos a una mejor comprensión de la familia.
En la primera parte de este trabajo intentamos ofrecer una síntesis
o breve panorama, a través de la literatura sociológica
-tanto la de corte más bien teórico y macro, como
la de las investigaciones empíricas más focalizadas-,
de la transformación de ese núcleo primigenio llamado
familia, por donde aún pasan las experiencias humanas más
profundas y significativas. Espero que contribuya también
a alentar la investigación y los estudios, todavía
escasos en el país, sobre un tema de tanta trascendencia.
En el primer capítulo se describen brevemente cuatro de
las grandes revoluciones que han transformado la sociedad occidental,
y que han influido profundamente en los cambios experimentados
por la familia a través de los siglos; en el segundo, se
analiza la evolución del matrimonio y la familia en la
sociedad occidental, las estructuras y sistemas familiares, su
universalidad y su diversidad en el tiempo y en el espacio; el
tercer capítulo está dedicado a presentar algunas
formas alternativas y experimentales de vida familiar en la sociedad
contemporánea; el cuarto capítulo discute la crisis
de la familia tradicional; finalmente el quinto capítulo
-a modo de conclusión- trata de visualizar la familia del
futuro. Muchos de los temas e ideas vertidos en los capítulos
que siguen han sido publicados en una variedad de artículos,
en los últimos años.
En la segunda parte de la obra se incluyen tres investigaciones
puntuales de temas relacionados con la familia y la sexualidad,
que contribuyen a corroborar o ampliar algunos de los tópicos
desarrollados en la primera parte. El capítulo sexto presenta
una reflexión sobre la “crisis de la masculinidad”
y los conflictos que plantea tanto al hombre como a la mujer en
la sociedad contemporánea; el capítulo séptimo
es una síntesis de los resultados de una investigación
empírica realizada en España sobre “mitos
y falacias sexuales existentes entre padres de familia y educadores”;
finalmente, el capítulo octavo analiza el tema de la sexualidad
en el sector educativo y de salud en la ciudad de Buenos Aires.
Mi agradecimiento
A Eva Giberti
y Mario Costantino que, desde la dirección de la Maestría
en Ciencias de la Familia, me invitaron a participar en esta nueva
colección; a Graciela Di Marco, por su generosa disponibilidad
en facilitarme una versión preliminar de su nueva obra
Las relaciones familiares: del autoritarismo a la democratización;
a Eleonor Faur, Antonio Daniel García Rojas y Alejandro
Marcelo Villa, por sus valiosas colaboraciones que complementan
y confirman muchos de los aspectos teóricos discutidos
en la primera parte de la obra; a mis colegas y alumnos de la
Maestría en Ciencias de la Familia, que han mantenido mi
entusiasmo e interés por continuar mi búsqueda en
esta compleja problemática de la familia del futuro; finalmente,
a Ana que, con sus ideas y sus críticas, en un continuado
diálogo de 40 años, sigue haciendo de mi vida académica
y personal un desafío interesante.
A. O. D.
Buenos Aires, junio de 2005