Taller de lectura en el aula
Cómo crear lectores autónomos

Ester Spiner


Prólogo

No faltan cambios ni transformaciones en el currículo escolar dedicados a la lectura, ni en los libros que se le dedican, y menos en los cursos de capacitación a los que concurren maestros y maestras. Y sin embargo, nota Ester Spiner al comenzar este libro, Taller de lectura en el aula, se da la paradoja de que estos cambios en realidad no se dan o no se incorporan. La pregunta que inmediatamente se levanta es: ¿a qué se debe este fracaso?
Responder que ha faltado algo de lo que este libro aporta puede parecer vanidoso. Sin embargo, no temo afirmarlo.
Ester Spiner ha tenido una formación académica y una larga formación y experiencia en las aulas escolares. Es, además, modesta, entusiasta y ama lo que enseña. La conjunción de todas estas cualidades logra armonizar en esta obra los conceptos más complejos de los teóricos del signo, como Pierce y Eco, de teóricos de la lectura, como Iser y Jauss, con consejos prácticos sobre el mejor modo de organizar un taller en el aula, con las simples pero certeras fichas de observación de conducta durante la lectura., o con las pautas recomendables para la elección de los libros en cada edad. Y también con una pensada, meditada, lista de libros para los chicos y chicas.
Ester Spiner ha realizado un transposición de la teoría que fundamenta a esa importante, crucial y nunca del todo bien explicada práctica discursiva de la lectura, en los niveles que pueden considerarse iniciales.
Aquellos que, como ella, han transitado largamente los estudios académicos y también trabajan o han trabajado en niveles primarios y medios , más de una vez -leyendo a Eco más que a Barthes, a Pierce más que a Cassany- se han preguntado: “¿Y ‘esto’ me puede llegar a ‘servir’ en el aula?” Porque es tan grande el abismo entre esos autores y los intereses y capacidades intelectivas de los chicos y chicas que la conexión parece imposible. Y sin embargo Ester Spiner lo logra, y en términos claros, comprensibles. Más aún, despierta, incluso en aquellos que ya los han transitado, el deseo de releer esos autores desde la clara óptica con que ella los aborda.
Ahora bien, este conocimiento, para aquellos que por primera vez se acercan a alguno de estos autores citados, no será algo así como una falsa erudición. Es o se volverá, con el tiempo, con la relectura, en el diálogo con otros colegas, un fundamento, una certeza, el convencimiento profundo de lo que la lectura aporta a ese animal simbólico que es el hombre.
Y, por otra parte, en el otro extremo del arco se encuentra el taller en sí mismo. Es probable que alguno, al leer las propuestas de Ester Spiner en lo que se refiere a la organización, al clima, a la libertad de elección, considere que estas son imposibles en el contexto donde trabaja.
Hay por lo menos dos razones que pueden reasegurar a los que dudan sobre el trabajo mismo en el aula. Una se relaciona con la modalidad que en este libro se aconseja en el trato con los alumnos y alumnas. El respeto, la libertad, incluso la tolerancia con respecto a los modos de portarse que no son los ideales, tolerancia que, no hace falta decirlo, no es sinónimo de “todo vale” y, por otra parte, la jerarquización de esta práctica discursiva, la lectura, son fuerzas poderosas que organizan y ayudan en el trabajo.
Volviendo al último término, el maestro o la maestra, la profesora o el profesor tienen que partir del convencimiento profundo de que la lectura, así como la escritura y la oralidad, deben ocupar el centro de la enseñanza-aprendizaje.
Para lograrlo, así como sucede con la escritura, hay que leer. Y leer lo que a cada uno le interesa: ficción, historia, buenos textos periodísticos, polémicas, poesía. Leer más lenta que rápidamente, más reflexiva y críticamente que aceptando todo, con frecuencia, tomando notas al margen si se quiere, formándose como lectores.
De una manera indiscreta, ¿no se puede hacer una encuesta sobre la cantidad de libros que hay en una casa? ¿Sobre la existencia de un estante con libros en el rincón de cada chico?
En los contextos más cadenciados, ¿acaso no pueden los chicos y chicas preguntar a los familiares si conocen cuentos, coplas, sucedidos, chistes, y aun recuerdos para contar?
No son prácticas nuevas, pero, repito, ¿se les da la jerarquía y la continuidad que necesitan? Porque allí, hay que convencerse, están el centro y el resto de la enseñanza-aprendizaje de la lengua; los conceptos gramaticales, por ejemplo, acompañan bien y armonizan cuando el eje es el adecuado.

Gloria Pampillo

 

 



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