Tal
vez sea por esto que pensar
en un hombre se parece a salvarlo.
Roberto Juarroz (1975)
La
noción de violencia escolar es una construcción
social. Es un concepto construido desde el imaginario colectivo
e impuesto por la opinión pública a partir, claro
está, de una realidad cotidiana violenta. Y esta construcción
social es solidaria con la responsabilidad que les cabe a las
comunidades, que son las que construyen este tipo de nociones.
El fenómeno de la violencia escolar se implanta como un
discurso que permite construir una imagen sobre la realidad social.
Esta imagen hace las veces de una envoltura formal de la problemática.
Y entonces, esta realidad así planteada, paradójicamente,
pacifica. ¿Por qué? Porque el “fenómeno”
de la violencia escolar aparece, entonces, delimitado y ajustado
a una idea más inteligible, más aprehensible. De
este modo se puede ejercer vigilancia y control social sobre ella,
con el objetivo de dominar lo que se presenta como caos y descontrol.
Proponemos redefinir la noción de violencia escolar entendiéndola
como violencia social que irrumpe en las escuelas y no como una
entidad o una categoría sociológica más.
Pensar e investigar cómo se construye socialmente la noción
de violencia escolar será un objetivo principal en este
estudio. Analizaremos desde la sociología del conocimiento
el imaginario social y desde el psicoanálisis la constitución
subjetiva del hombre. Tomaremos también algunos conceptos
del Derecho para poder dilucidar las normativas que regulan la
vida y las acciones de los más jóvenes en nuestro
país, para llegar así a una idea más certera:
violencia “en” las escuelas.
Intentaremos comprender, primero, el origen y la conformación
subjetiva del ser humano para hacer más perceptible cómo
construye hostilidad y agresión hacia el entorno y hacia
los otros semejantes. También, con la ayuda del psicoanálisis,
podremos dilucidar qué valor tiene la conformación
del control de los impulsos y el nacimiento de dos estructuras
fundamentales para la subsistencia pacífica del hombre:
la conciencia moral y el sentimiento de culpabilidad freudianos.
Y, luego, al delimitar el imaginario social que se tiene sobre
la ley y la justicia, se podrán determinar los valores
legales y normas formales e informales que se da, a sí
misma, una sociedad en un momento puntual.
¿Y por qué es importante hacer estas localizaciones?
Porque las sociedades tienen baja tolerancia frente a lo que no
encaja exactamente en los modelos e ideales comunitarios. Y su
única respuesta, en el caso de los hechos de violencia
en las escuelas, es la criminalización de los jóvenes,
el castigo, la represión policial y la judicialización
de las acciones.
Veremos que la incorrectamente llamada violencia escolar es sólo
un momento de la violencia social y que puede, manejada adecuadamente,
ser un analizador institucional.1 no sólo
del sistema educativo sino de la sociedad toda.
La violencia social que asalta el orden escolar ha atravesado
todas las épocas, los géneros, las edades, las clases
y las jerarquías. Y la encontraremos en todos los procesos
que dieron origen a las organizaciones educativas de nuestro país.
Para poder percibir cómo ha sido esta evolución
analizaremos, desde el psicoanálisis, y como un ejemplo,
los aspectos subjetivos de algunos paradigmas de la historia argentina
que nos acercarán al conocimiento de cierta ideología
violenta ejercida sobre los niños que utilizaremos como
modelo para pensar la infancia. Análisis que puede proyectarse
sobre la historia de cualquier país.
Iniciaremos ese recorrido a partir de la creación de la
Casa de Niños Expósitos, a fines del siglo XVIII,
que acogió a los primeros niños abandonados en las
callejuelas del incipiente Virreinato del Río de la Plata.
Luego haremos un alto en lo que fue el primer saqueo de niños
de nuestra historia durante la Campaña de la Conquista
del Desierto, que despojó a miles de familias indígenas
de sus hijos. También analizaremos las falsedades y traiciones
que dieron origen a las primeras legislaciones sobre la minoridad,
perpetradas en la siniestra Ley de Patronato de la Infancia, en
los inicios del siglo XX. Intentaremos, luego, mostrar cómo
ciertos intereses espurios acompañaron las primeras leyes
sobre adopción, en la Argentina; que definirían
el destino de cientos de niños institucionalizados a partir
del abandono parental. Asimismo, revisaremos las consecuencias
que nos deparó la última dictadura militar (1976-1983).
Época en que la niñez se convirtió en un
botín de guerra.
Todo este primer recorrido nos permitirá comprender que
este presente no se construyó en la última década
del siglo XX, época en la que se manifiestan más
claramente la violencia, el consumo masivo de estupefacientes,
y la portación ilegal de armamento dentro de las escuelas,
sino que se fue gestando a lo largo de la historia social del
país. Nuestro presente es la consecuencia inapelable de
nuestro pasado.
En estos tiempos de globalización cultural, la violencia
social se ha transformado en un problema jurídico-penal,
pero de carácter eminentemente sociopolítico y económico.
Y la sociedad llama a ejercer control (y vigilancia) sobre la
“anormalidad” de los grupos y de los sujetos que provocan
hechos de violencia. Frente a este llamado de la sociedad, no
se puede pretender que toda la problemática de la violencia
en las escuelas tenga el mismo encuadre ni explicación.
Ni se puede contemplar ni prevenir todo. Porque este ideal puede
hacernos caer en el terrorismo institucional del panoptismo.2
Dado que la violencia en las escuelas es tomada por diferentes
discursos: ético-jurídico, médico-psicológico,
pedagógico-moral, entre otros, dedicaremos una buena parte
de este trabajo a analizar las diferencias entre lo que se denomina
tradicionalmente indisciplina y los hechos de violencia social
que irrumpen en las escuelas, así como de los hechos aberrantes
individuales o grupales, producidos por enfermedad mental, dentro
de las escuelas.
También abordaremos la declinación del orden democrático
en las organizaciones educativas, tratando de rescatar, desde
el punto de vista filosófico, el valor del concepto de
“experiencia” como modo de supervivencia institucional.
¿Por qué “la experiencia” de asistir
a la escuela es un valor que hay que rescatar? Porque esa “experiencia”
es lo que va a fundar la posibilidad de que los jóvenes
participen del proceso escolar. La “experiencia” quiere
decir que cuando los niños y jóvenes van a las escuelas
deben sentir que ese lugar les pertenece, que ellos participan
y que registran que su presencia y su palabra tienen valor, tanto
como para modificar esa realidad. No es posible que ellos queden
fuera del proceso educativo y perciban que nada de lo que dicen
puede llegar a modificar lo que ocurre en las aulas. Para esto
hemos incluido un par de propuestas concretas de trabajo en el
aula, tales como la conformación de los Consejos de Aula
y los Nuevos Acuerdos de Convivencia Grupal. Estrategias que,
pensamos, deberán implementarse desde el nivel inicial.
Dentro de este marco de propuestas, expondremos cómo revalorizar
la utilización del Proceso Grupal que atraviesan los niños
y jóvenes en su tránsito por la escuela como una
herramienta de dinámica y de trabajo grupal, y como un
espacio de aprendizaje democrático.
Finalmente formularemos, ante la magnitud que está tomando
la violencia social proyectada dentro del ámbito escolar,
una serie de políticas y estrategias de reducción
de daños como herramientas concretas para los docentes
y los profesionales de la educación.
Las políticas y estrategias de reducción de daños
son procedimientos y recursos que, al implementarse, tienden a
reducir el daño que provoca la violencia social que irrumpe
en la escuela. La reducción de la violencia, y de los daños
que ella provoca, implica reforzar las escuelas como ámbito
de pertenencia de los jóvenes -no el sistema educativo,
porque esa será una tarea de la que se tendrá que
ocupar el Estado-. Esto nos permitirá fijar nuestra posición
frente a las propuestas de mediación escolar, las que,
en su mayoría, no han podido resolver, hasta el momento,
la temática de la violencia en las escuelas.
No pudimos dejar de dedicarle un par de capítulos a la
cuestión del consumo de sustancias tóxicas que está
irrumpiendo cada vez más en el ámbito escolar. El
uso y abuso de estupefacientes, en la actualidad, requiere de
una detenida exploración de las causas objetivas y subjetivas,
es decir, la familia y la sociedad bajo la lupa. Indagaremos qué
es lo que lleva a un joven a consumir de modo poco reglado diferentes
mercancías: drogas, alcohol, jeans, zapatillas, juegos
electrónicos, tatuajes, piercings.
Profundizaremos estos temas en los últimos capítulos,
para dejar en claro que también ellos ingresan a las escuelas
como problemática de estas épocas y le exigen al
docente un manejo de la situación para la que no se fue
capacitado, pero que se le reclama de todos modos.
Esta invitación se plantea no sólo a los docentes
sino a todo aquel que esté involucrado en la educación
y en el porvenir de los niños. En definitiva, es una invitación
a reconquistar la experiencia democrática para los chicos
y los jóvenes. Y para eso hay un trabajo por hacer. Este
trabajo no es necesario inventarlo. La Convención Internacional
sobre los derechos del Niño es un instrumento que, en nuestro
país, tiene rango constitucional desde 1994. Está
ahí. Sólo hace falta que nos la apropiemos y que
finalmente le demos fundamento y contenido a la letra de estas
nuevas leyes,3 intentando, así, comprometer
a una juventud responsable y con palabra propia.
Para todo eso, la propuesta de este libro. Que no es más
que la tarea de pensar. Y pensar en la infancia y en los niños,
tal como el poeta Juarroz nos ha enseñado, equivaldrá
a salvarlos.4
Fernando Osorio
Notas
1. George Lapassade, El analizador y el analista.
2. Bentham, Jeremy, El Panóptico.
3. En julio de 2005, el Senado de la Nación argentina dio
sanción al Proyecto que crea un nuevo Sistema de Protección
de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes y lo
promulgó en noviembre de ese mismo año.
4. La referencia al poeta Roberto Juarroz fue tomada de: “Trastornos
de conducta en la Escuela. El lugar del educador”, conferencia
dictada por Analía Meghdessian de Nanclares, en la ciudad
de Buenos Aires, el 26 de mayo de 2003.