Cássio Carvalho

Argentina

Nací en San Pablo, Brasil. Mi infancia es un árbol de mango. Uno en particular, el que se ubicaba en el fondo del jardín de casa. Crecimos allí, jugando. Soy el hermano del medio de otros dos varones y, habitualmente, el árbol era un lugar de encuentro. Era mirador, escondite, descanso, trinchera, barco, mastodonte, pensamiento. Pero no está más. Creció un edificio allí. Por eso recordar este árbol me hace, de alguna manera, inventor. Creo que siempre me gustó inventar.

También había un piano que era lugar de dejar y encontrar cosas. Decíamos, "lo dejé encima del piano", "está arriba del piano". El piano era buen guardián... lo sigue siendo, en realidad. Porque a diferencia del árbol, el instrumento se fue mudando con nosotros. El piano siempre estuvo cerca de mi papá. Sigue allá, con él. Papá tocando piano debe haber sido mi primer recital. La casa también se llenaba de objetos matemáticos y artísticos mientras mi mamá, pedagoga de vanguardia apasionada, preparaba sus proyectos y seminarios. El living se transformaba en una suerte de "instalación interactiva de aprendizaje", con cubos, hexaedros, colores, caracoles, ábacos, cuentos, origamis y cualquier cantidad de cosas atractivas para mis sentidos. Movido por curiosidad y encantamiento, me acercaba a alguno de los objetos y mi mamá, a su vez, me tendía a su arte. Yo tenía 10 años y, en ese momento, ella trabajaba junto a Paulo Freire en proyectos de transdisciplinariedad e interdisciplinariedad del Ministerio de Educación del gobierno de São Paulo. La manera como interactuábamos en aquel entonces está hecha de la misma búsqueda que se desarrolla en un diálogo profundo que se expande y se actualiza hacia los días de hoy.

El encantamiento y la curiosidad nunca cesaron. Astrología, danza, filosofía, cine, literatura, música... navegaba por diversas aguas sin necesariamente definirme en una idea de "profesión". Pero imaginarme profesor era distinto. La calidad de aprendiz y el intercambio constante y vivo con la comunidad escolar me conmovían.

"Profesor" era la profesión más inventiva de todas. Así que me fui inventando. Escribiendo, cantando, haciendo canciones, tocando guitarra, sacando fotos, bailando, dibujando, actuando. Ser profesor nació de una invitación de la universidad de música donde cursaba. A partir de un proyecto social de la provincia, trabajé varios años en escuelas públicas de la periferia de la ciudad de São Paulo y eso descubrió en mí otro horizonte. Cada vez más trabajaba en escuelas y en proyectos con distintos grupos y edades. En ese momento fue cuando empecé a soñar con organizar un centro cultural. Mientras tanto, resulté formado en Música y en Imagen y Sonido después de haber cursado, por entusiasmo, dos años de Economía también. Antes de hacer canciones, ya jugaba haciendo ediciones de videoclips y de cortos de ficción, con la cámara familiar que teníamos en los noventa. Inventando. La composición surge más tarde, y a la vez, como una aventura, una manera de tejer la existencia.

Después de la universidad y con un tercer disco autoral de canciones recién editado, "inventé" irme a vivir a otro país. Aterricé en Argentina, Buenos Aires. Y acá creo que ya no me quedaban dudas de que inventar era cosa seria. Una ciudad que me veía caminar y hablaba conmigo. Pareciera que caminar en una ciudad desconocida era convertirme en signo de interrogación en texto ajeno. ¿O sería un neologismo en texto propio? Me deslumbraba esta sensación. Otro idioma, otro paisaje, otro mestizaje, otro árbol, otra rama. Mismo continente, mismo hemisferio, mismas venas abiertas de Latinoamérica. Buscaba.

Recién llegado al país, seguía buscando. Conocí a Eva en clases de danza contemporánea. Con ella nace una historia de amor donde inventamos una familia (y también una serie de videodanzas que fuimos creando a lo largo de estos años). Luego de mi primer año en Buenos Aires, conocí también a Lucho. Las tres historias se entrecruzan y el arte de inventar también. Nace PIM PAU, este proyecto inventado así, por curiosidad y encantamiento.

Libros del autor

Pim Pau. Arte y educación en las infancias


Harvez, Milocco y Carvalho
$ 3290,00