Escuela tiene sentido, La

Escuela tiene sentido, La

Convivir con extraños: la socialización en una cultura del disenso


$ 430,00


Para formar a niños y niñas, chicos y chicas, en los valores que sostienen la democracia, es necesario trabajar con el colectivo enseñante. La cultura institucional, las prácticas profesionales, el paradigma de los vínculos, los esquemas de comunicación, los modelos de gestión directiva, la distribución del espacio y del tiempo, los rituales, los mandatos de silencio... son mensajes valorativos provenientes de un potente emisor. Esta obra aborda el análisis de este territorio educativo.
El autor vuelca su rica experiencia de intervención en instituciones educativas de los más variados contextos sociales y en diferentes países. El eje temático se basa en la incidencia del factor humano, la interacción entre las personas, los contextos sociales y culturales, la dinámica y la producción de las instituciones educativas. 
El texto refleja una profunda reflexión enraizada en la práctica. Sólidos fundamentos teóricos, originalidad de enfoque, lenguaje accesible y una batería cuantiosa de recursos de aplicación la convierten en una obra de gran valor para la formación de todos los actores involucrados en la tarea educativa.

***PREMIO ISAY KLASSE AL LIBRO EDUCACIÓN 2012***
Obra Teórica, Primer Premio | Fundación El Libro, Argentina.

Prólogo
Introducción
Capítulo 1.
La escuela tiene sentido
Capítulo 2.
Los modelos híbridos
Capítulo 3.
La escuela problematizada
Capítulo 4.
La institución como proveedora de sentido
Capítulo 5.
El otro como proveedor de sentido
Capítulo 6.
La expectativa entrañable, ser reconocido
Capítulo 7.
Ampliar el nosotros, nuevo sentido socializador de la escuela

Fernando Onetto

Licenciado en Filosofía de la Universidad del Salvador y docente de la Cátedra “Ética y Medios de Comunicación”, de la Universidad de San Martín / Posgrado ISER; es consultor de la Secretaria de Educación de la Nación y coordina el Programa Nacional de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación de la Nación. Tuvo a su cargo la dirección técnica del Programa “Renovación de las Normas de Convivencia”, aplicado en 1.400 escuelas de nivel polimodal de la provincia de Buenos Aires (2001-2003).
Ha coordinado proyectos de la Dirección de Capacitación y perfeccionamiento de la Municipalidad de Buenos Aires (1990-1995); fue jefe de gabinete y jefe de asesores de la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires (1995-1997) y asesor de la Subsecretaría de Educación de la Provincia de Buenos Aires (2001-2003). Asesoró programas nacionales de convivencia escolar en Paraguay y Chile, como experto de la Organización de Estados Iberoamericanos (2003-2004). Ha impartido cursos y conferencias en Chile, Ecuador, Brasil y Uruguay.

Ver más

¿Han perdido sentido la escuela en general y la escuela secundaria en particular en esta fragmentación cultural, en el reinado del individuo? ¿Es necesario un recomienzo radical pensando en alternativas muy diferentes, porque son muy diferentes los alumnos y alumnas y las familias que llegan a nuestras escuelas? ¿Cómo lograr una buena calidad en la enseñanza socializadora de la escuela?
La tesis básica de esta obra es que la escuela tiene en su amenaza su promesa. Las respuestas para la escuela están en la escuela, en su tradición, pero los que conocen el camino para encontrarlas son los forasteros que la han invadido. Ante un nuevo problema, tal vez sea más importante encontrar una nueva pregunta que intentar darles “respuesta a los problemas”. La escuela afronta muchos problemas: la presencia de alumnos y familias que no son los esperados, docentes que no tiene claridad sobre su rol, ni sobre su oficio y una historia que ha dejado al pasado sin autoridad y ha derribado las paredes del santuario escolar. Como adelantaba, lo importante es poder escuchar la pregunta que nuestro tiempo nos hace. Yo la escucho en estos términos: ¿cómo aprenderemos a convivir con extraños?
Quiero expresar un agradecimiento especial a Andrea Kaplan que me animó a escribir este libro como organizadora del “Primer Congreso Internacional sobre Conflictos y Violencia en las Escuelas”, celebrado en la Facultad de Derecho de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en octubre de 2009. Su eficiencia y experiencia editorial fueron argumento suficiente.

Cuando era pequeño tenía aversión a las discusiones entre los adultos. Hoy tampoco me agradan demasiado. Pero en aquel tiempo me asustaban los gritos, los rostros que se ponían colorados. Podía sentir el filo de las palabras hirientes y el daño y el enojo que producían en su destinatario. Inmediatamente me solidarizaba íntimamente con los agredidos por esos ataques verbales. Pero mi solidaridad terminaba cuando el dardo salía en el sentido contrario. Todo en el silencio de mi mundo interior, porque los niños no interveníamos en las discusiones de los mayores. Sentía que el clima se iba caldeando y me angustiaba porque unos y otros eran todas personas que yo quería. Era más fácil tomar partido cuando el que discutía era mi padre. Allí tomaba posición inmediatamente junto a él. Era un polemista temible. Imponía el volumen de su voz aguda, pero potente. Además solía reírse de los argumentos de sus opositores antes de descargar sus sentencias lapidarias. Sin embargo, aun con mi padre como protagonista, odiaba las discusiones. Lo peor de todas esas discusiones era que terminaban en un incómodo silencio. Se escuchaba volar a las moscas. Ese silencio final amenazaba aguar la fiesta que era para los primos el poder encontrarnos. Los juegos maravillosos entre primos no podían comenzar en ese ambiente bélico. Si mis recuerdos no me traicionan, las batallas terminaban con heridos, pero no había que lamentar muertes. Las relaciones familiares no se rompían. La tensión duraba hasta que alguien, simplemente, cambiaba de tema. La fiesta quedaba a salvo, los adversarios finalmente se lanzaban sobre la comida y las risas sonoras desplazaban el temblor de la batalla.
Yo creo que los conflictos hace 50 años no arruinaban la fiesta porque en mi familia eran conflictos limitados. Había un gran consenso de base. Los valores eran los de la Iglesia Católica. La posición política era el antiperonismo. Lo más importante en la vida era tener un título universitario. Sobre estas cosas no había discusión. Hoy esos consensos me parecen fanatismos. No había verdadero debate en aquellas discusiones.
Si traigo a colación este recuerdo familiar es porque me pregunto qué sentirán hoy los niños cuando escuchan y ven discutir a los adultos. Hoy hay tantas posiciones como individuos, ya no hay bandos. Todo es discutible y discutido. A diferencia de mi infancia, los niños y los jóvenes se meten en las discusiones de los adultos. Hasta pueden llevar la voz cantante. El punto es que la discusión no termina en un silencio. Simplemente no termina. No hay nada consensuado entre los adultos. Los chicos de hoy se deben asustar mucho menos que yo por las discusiones porque son lo más común, lo raro es que la gente esté de acuerdo en algo. Pero sospecho que sienten la misma angustia que yo sentía, porque si la discusión no termina no hay fiesta.
Este es el tema de este libro. Hoy queremos educar a las nuevas generaciones sin consensos entre los adultos. El libro se hará algunas preguntas sobre si esto es posible. ¿Se puede educar en el disenso universal? Encontrará algunas respuestas y esas respuestas llevarán a otras preguntas.
Hoy, muchos años después de aquellas historias de fin de año en la casona de mi abuela, creo que yo tenía bastante razón cuando era niño. La discusión no puede ser el último momento de la reunión para que pueda haber fiesta. No podemos resignarnos al disenso para que haya instituciones y sin instituciones no podrá haber socialización educativa. Construir en cada escuela ese consenso no es una tarea para niños.

También le puede interesar

PACK Noveduc Gestión


COMBO 5 LIBROS
$ 2000,00

De la violencia a la convivencia


Brandoni, Carlini y otros
$ 390,00

Prácticas de no-violencia. Intervenciones en situaciones conflictivas


Steindl, Barreiro y otros
$ 420,00

NE 275 Escuelas violentas... ¿o violentadas? / Entornos digitales y creatividad / Acoso digital


Beltrán, González y otros
$ 99,00