Bullying. Maltrato entre alumnos

Bullying. Maltrato entre alumnos

El lado oscuro de la escuela. Estrategias de intervención con historietas


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Este material pretende contribuir a la toma de conciencia y a la búsqueda de alternativas de acción sobre el problema del maltrato entre alumnos, a partir de la posibilidad de encontrarse cara a cara con la experiencia de quienes por diversas razones lo padecen en una comunidad escolar. Las narrativas que se presentan proceden de historias reales y pueden encontrar coincidencias con lo que sucede en muchas escuelas que albergan población adolescente.
Los autores ofrecen una original propuesta de trabajo a través de la historieta donde convergen el placer por el arte y los modos eficaces de concretizar un pensamiento y un deseo reprimido a través de la técnica proyectiva.

Prólogo
por Fernando Osorio
Capítulo 1
Posmodernidad, jóvenes y escuela
Capítulo II
Maltrato entre alumnos y perspectivas de intervención
Capítulo III
La narrativa, una opción para enseñar la convivencia
Capítulo IV
Las historias contadas
Epílogo
El maltrato: para qué investigarlo

Fascículo de Historietas

Historia 1

Maltrato por creer “cosas raras”
Historia II
Maltrato cuando la orientación sexual “no encaja” con el sistema
Historia III
Maltrato por destacar como estudiante
Historia IV
Maltrato por padecer una enfermedad

María Teresa Prieto Quezada

Doctora en Educación por la Universidad de Guadalajara y Maestra en Investigación en Ciencias de la Educación de dicha universidad. Actualmente se desempeña como coordinadora de Investigación y Posgrado del Centro Universitario del Norte en la Universidad de Guadalajara, México. Es autora de artículos publicados en la Revista Mexicana de Investigación Educativa editada por el COMIE, y de la Revista Iberoamericana de Educación, además de la revista Educación y Desarrollo en México. Recientemente colaboró en la revista Novedades Educativas y participó en la elaboración de un capítulo del libro Ejercer la autoridad (Buenos Aires, Noveduc libros, 2009), compilado por Fernando Osorio. Integró el Comité Científico del 1er Congreso Internacional sobre Conflicto y Violencia en las Escuelas, organizado por Noveduc libros y realizado en Buenos Aires en octubre del 2009.

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José Jiménez Mora

Maestro en Investigación en Ciencias de la Educación por la Universidad de Guadalajara. Ha sido Jefe de la Unidad de Investigación del Sistema de Educación Media Superior en esta universidad. Actualmente se desempeña como investigador asistente en la misma, y como profesor en el Centro de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios de la Secretaría de Educación Pública en Guadalajara, México. Es colaborador de la revista Educación y Desarrollo en México de la Universidad de Guadalajara, y de la Revista Mexicana de Investigación Educativa. Recientemente colaboró en el libro Ejercer la autoridad (Buenos Aires, Noveduc libros, 2009), compilado por Fernando Osorio.

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José Claudio Carrillo Navarro

Licenciado en Filosofía, Maestro en Educación por la Universidad de Guadalajara, doctor en Psicología, profesor de tiempo completo en el Centro Universitario de Ciencias Económico-administrativas. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y del Consejo Mexicano de Investigación Educativa en México. Pertenece al cuerpo académico consolidado Investigación Educativa y estudios sobre la Universidad.

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Presentación

Es un hecho, para quienes trabajamos en instituciones educativas, que en éstas se presenta cada vez de manera más preocupante una serie de comportamientos y situaciones de violencia entre los estudiantes, quizá como reflejo de un sistema social cuyas leyes de convivencia se desmoronan. En una manifestación del desencanto y de la incertidumbre que caracterizan el pensamiento posmoderno, la escuela ha perdido fuerza en la formación de los nuevos ciudadanos, ante las otras instancias de aprendizaje social, como la calle, los medios de comunicación y los grupos de pares. Este fenómeno conlleva también la pérdida de la brújula en los docentes y las autoridades educativas en torno a su misión formadora. Paradójicamente, en los discursos que se acostumbra dirigir en los distintos eventos escolares y sociales, siguen contemplándose ideales como los de incorporar a la vida del estudiante valores como la solidaridad, el respeto y la justicia. Sin embargo, en las prácticas de los implicados en la educación, y en la vida escolar en general, hay un importante vacío de herramientas para formar a los estudiantes en este tipo de valores. Hay docentes que se piensan a sí mismos solamente como administradores de la actividad del aula, responsables de dirigir el trabajo de los alumnos en torno a las asignaturas escolares. Son presentadores de información y –en el mejor de los casos– tratan de facilitar su aprendizaje, pero poco hacen por formar a los alumnos en términos de convivencia social. En la difícil época de la adolescencia, el reto de formar a los alumnos en habilidades de convivencia y propiciar el aprendizaje de habilidades y valores subyacentes a ésta, como los que se ponen en juego en la resolución de conflictos, se ve magnificado ante la emergencia, sobre todo en los escenarios externos a la escuela, de una serie de referentes de comportamiento individual y social en los cuales la violencia pareciera ser el ingrediente esencial. Incluso, da la impresión de que nos acercamos a una era en la que, de manera implícita o explícita, la violencia es el elemento a partir del cual se atrae la atención de las personas. La crudeza de las noticias transmitidas en los medios, los escándalos por confrontaciones en encuentros deportivos, las películas “de acción” y las agresiones que pueden encontrarse como imágenes a la mano en sitios de Internet o en videojuegos son sólo un ejemplo de la tendencia actual a sobreexplotar esta faceta de lo humano, producto de nuestro carácter como especie animal, pero que se supone debería ser controlada por nuestras capacidades racionales. Los impactos de esta escalada de imágenes violentas sobre la subjetividad de los individuos, particularmente en edades tempranas, son evidentes. Para un adolescente de este tiempo resulta en muchas ocasiones aburrido todo lo que no implica ver, oír o ejecutar conductas violentas. En contraste, la reflexión sobre su cotidianidad le es particularmente difícil. Asistimos a la reproducción de su parte más primitiva, la que responde a estímulos físicos y ambientales, como los de naturaleza sexual y agresiva, pero olvidamos que debemos educarlos como seres que no tienen todo el mundo sólo para ellos, sino que deben convivir con otros en él. La responsabilidad en la formación para la convivencia social se inicia en casa. Esta idea sigue a la cabeza de la educación en nuestros sistemas escolares. Sin embargo, esta formación se extiende al interior de cada escuela. Por tanto, mientras los profesores no asuman su responsabilidad como formadores, no será posible hacer frente, desde dentro de la propia institución escolar, a problemáticas como las del maltrato entre alumnos. Éstos adoptan conductas violentas sin comprender en ocasiones la forma en que afectan a los otros y a todo un sistema de convivencia. Expuestos a manifestaciones explícitas y cada vez más crudas de violencia en sus propias casas, en la calle, en los medios de comunicación, los alumnos se encuentran propensos a reproducir en la vida escolar, concretamente en la relación con sus pares, ciertos comportamientos violentos, ante la ausencia de referentes sobre las normas de convivencia, en cuya base se encuentra el principio del respeto por el otro. Para muchos alumnos resulta fácil sumarse a quienes agreden, por distintos motivos, a sus iguales, en lugar de pugnar por relaciones respetuosas y pacíficas. Esa falta de consideración hacia el otro puede provenir de diversas fuentes. Quienes colaboramos en este trabajo creemos que es deber del docente hacer algo para crear conciencia entre los alumnos sobre la importancia de la convivencia pacífica, y ayudar de alguna forma en la atención a un problema que se ha extendido sobre todo a los niveles de educación básica y media: el maltrato entre alumnos, una de las expresiones más lacerantes de la violencia escolar. Este material pretende contribuir a la toma de conciencia y a la búsqueda de alternativas de acción sobre el problema del maltrato entre alumnos, a partir de la posibilidad de encontrarse cara a cara con la experiencia de quienes por diversas razones lo padecen en una comunidad escolar, la cual fue parte de un contexto de investigación representado por las preparatorias de una zona urbana en la segunda ciudad más importante de México. Las narrativas que se presentan proceden de historias reales y pueden encontrar coincidencias con lo que sucede en muchas escuelas que albergan población adolescente. Así, como señala Ortega (2000), el maltrato entre alumnos es un monstruo que aparentaba no existir, pero que permanecía latente y silencioso, y que en estos momentos está golpeando muy fuerte a una institución y a un grupo de sujetos que por naturaleza son muy vulnerables socialmente: la escuela y sus alumnos.

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