Enseñar es un trabajo

Enseñar es un trabajo

Construcción y cambio de la identidad laboral docente


$ 730,00


Un maestro puede estar más de treinta años trabajando al frente de grupos escolares. Esto significa una larga trayectoria laboral que se extiende desde la juventud hasta una avanzada adultez. Nadie puede transitar una vida adulta sin cambiar. Amores, hijos, separaciones, viajes, lecturas, militancias, duelos, nuevas amistades, proyectos que llegan a buen puerto y otros que se frustran, son algunos de los hitos que marcan a fuego a las personas.
Una vida laboral también significa cambios. Ser maestro a lo largo de varias décadas expresa con seguridad un recorrido que no puede ser igual de inicio a fin. ¿Cómo cambian los maestros? ¿Cómo llegan a ser lo que son – o lo que ellos dicen ser – después de muchos años de trabajo?
En este libro se exploran las identidades laborales de maestros y maestras de nivel primario con más de veinte años de experiencia. Una identidad laboral que se entiende como el sentido de sí mismos que portan estos docentes. A partir de sus relatos se indaga cómo los maestros y maestras van construyendo quiénes son como docentes y, también, cómo cambian a los largo de los años de trabajo.

Prólogo
por Andrea Alliaud
Capítulo 1
¿Qué es la identidad laboral docente y cómo la exploramos?
Capítulo 2
Algunos elementos de la identidad laboral docente previos a la formación inicial
Capítulo 3
La identidad laboral docente y los aspectos nucleares del trabajo
Capítulo 4
Identidad laboral e interacciones

Gustavo Mórtola

Profesor para la enseñanza primaria. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Magíster en Política y Administración de la Educación (UNTREF). Actualmente se desempeña como docente en la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA) y en el área de desarrollo curricular del Instituto Nacional de Formación Docente. Es autor del libro Estrategias para explorar los medios de comunicación. Hacia la formación de ciudadanos críticos, de la editorial Novedades Educativas.

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Varias recordamos el juego de la maestra que jugábamos en nuestra infancia. Muchas se ven explicando matemática o ayudando a hacer la tarea a sus compañeros de escuela, vecinos o hermanos, por esos años. También surge aquella maestra de tercer grado que se pintaba los labios de colorado y a la que adorábamos. Mi mamá es maestra…
Estas frases bosquejan lo que para muchas, más que muchos, significó y significa ser maestra o, mejor, haber decidido serlo. El pragmatismo, la oportunidad o la necesidad, propia de los discursos contemporáneos, suelen aparecer en todos los casos aminorados con la compañía de evocaciones como las que acabamos de mencionar.
Entonces, revive la vieja y tenaz interrogación: ¿maestra/o se nace o se hace? El libro de Gustavo Mórtola no deja dudas al respecto al presentar, en forma minuciosa, los resultados de una investigación realizada por él que refiere al proceso de construcción de la identidad laboral docente. Desde estas “marcas” de infancia que se amalgaman con los modelos de “maestras buenas” y “maestras malas”, forjados en el transcurso de la escolaridad (que no es lo mismo que buenas y malas maestras, nos recuerda el autor), hasta el pasaje por las carreras que brindan formación especializada, a pesar de no ser reconocidas como demasiado influyentes para su tarea por los docentes, el libro focaliza en los distintos momentos o “etapas” que recorren los maestros a lo largo de sus vidas profesionales.
Trabaja con ellos/as: maestros y maestras que están localmente situados y que han transitado un largo camino como docentes de escuelas primarias, pero cuyas voces dan cuenta o nos sirven para conocer algo más a un colectivo profesional particular. En este sentido, los decires de los docentes que participaron en la investigación no son tratados como ilustraciones o ejemplificaciones de lo que se estudia, sino que constituyen la trama misma a partir de la cual se produce el conocimiento específico. Según Leonor Arfuch, estas nuevas concepciones sobre identidades y narrativas involucran una articulación entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la particularidad de la experiencia y la impronta de lo colectivo, entre marcas de una tradición y posiciones cambiantes de un sujeto.
Es precisamente el cambio de esta identidad laboral docente lo que motoriza el proceso de su construcción en el transcurso de la experiencia biográfica de los sujetos. A partir de un “interés personal profundo (declarado por el autor) de explorar el trabajo de enseñar”, el libro da cuenta de esas transformaciones identitarias y las reconstruye, poniendo a dialogar o articulando las voces de los propios maestros. La trama surgida de este proceso analítico (que la obra detalla fundamentalmente a lo largo de los jugosos capítulos III y IV) es bien interesante. He aquí una muestra confeccionada a los fines de esta presentación.
De a poquito y repitiendo, los docentes van aprendiendo. Solos, probando, aceptando tener que ser aceptados. Con manuales o carpetas de otros. Con inventos propios. Capacitándose. Esforzándose. Temiendo equivocarse. Los iniciados.
Haciendo rutina lo que funciona, habituándose a enseñar. Identificándose, a veces, con alguna corriente escolar (enciclopedista, tradicional o constructivista). Más seguros. Subidos al colectivo laboral. Descansando o experimentando otras cosas. Estabilizados.
Ya seguros. Más plenos y cada vez más pragmáticos. Preocupados u ocupados por el aprendizaje. Haciendo lo propio, diferenciándose del resto o incorporando con más o menos gusto las propuestas educativas o “proyectos” vigentes. Al fin maduros: ¿expertos o experimentados?
Estables, consolidados. Aferrados. Dispuestos u obligados a seguir el ritmo y modificando su hacer. Defendiendo la seguridad alcanzada. Amenazados. Cansados. Sentados. Maestros ya en la despedida, futuros jubilados.
Además de los rasgos propios de cada momento vital de la trayectoria laboral docente, lo que este estudio pone de manifiesto es la tensión que se genera entre un trabajo que se produce y reproduce en soledad y la relación o vinculación particular que se establece con los quehaceres y miradas de los otros (colegas, directivos, padres, alumnos). Y no es menor esta apreciación debido al protagonismo que cobran esos otros en el libro en el proceso de construcción de la identidad personal: “Esa identidad personal le permite a los sujetos reconocerse a sí mismos (¿quién soy?), pensarse hacia el futuro (¿qué quiero ser?) y verse en relación con otros (¿quién soy para los demás?). Las identidades personales se incluyen siempre en las identidades colectivas, es decir, los individuos definen lo que son desde el reconocimiento de su pertenencia a ciertos colectivos o categorías sociales con las que se identifican”.
Los nuevos miran a sus colegas y construyen modelos negativos o positivos. Todos posicionados narrativamente desde “su” aula, “sus” alumnos y centrados, sobre todo, en aspectos personales, en el cuidado y en el afecto, se identifican y diferencian de otros, construyendo agrupamientos o enfrentamientos y valoraciones o desvalorizaciones con los otros y sobre los otros. A medida que transcurren los años y los maestros se sienten más seguros, los procesos de interiorización e individualización se acrecientan. Esta característica de la identidad laboral docente no puede entenderse, según el autor, como una desviación o una patología, sino más bien como un rasgo de la cultura escolar dominante. A pesar de este reconocimiento, él mismo señala la dificultad para construir “cualquier tipo de nosotros entre el mundo adulto que trabaja y transita por la escuela”. Y ello resulta central para pensar hoy las políticas docentes.
Más allá de los anhelos discursivos acerca del trabajo colectivo, lo cierto es que desde cada aula, con cada alumno, asumiendo un trabajo que, a pesar de la responsabilidad depositada, suele desbordar a los docentes, llegando a producir lo que suele denominarse con el nombre de “crisis de identidad profesional”, mucho no que puede obtenerse, además de la declarada satisfacción que proporcionan los chicos.
Luchar a solas contra las mismas dificultades y protegerse o aislarse cada vez más ante las imposibilidades no parece ser el camino. Más bien, tal como lo sostiene Zygmunt Bauman, en estos tiempos de complejidades e incertidumbres crecientes, el desafío está en recomponer lo público, en reacondicionar y poblar este espacio, no para verter y compartir preocupaciones individuales, entendido como un lugar de encuentro y diálogo entre problemas privados y asuntos de todos. Se trata, entonces, de “traducir” los problemas privados a problemáticas públicas.
Así concebidas, tales problemáticas implican y requieren soluciones de la misma índole: públicas. Y en este aspecto, el autor de este libro propone una alternativa que pone en cuestión el carácter homogeneizador de las políticas de Estado: pensar en un nosotros menos masivo que el que regula y gobierna el aparato estatal y producir un nosotros más situado a partir de la narración, el diálogo y el intercambio de relatos.
Para finalizar, sólo deseo volver a destacar el carácter cuidadoso con el que Mórtola ha investigado y tratado los resultados de la investigación que dio origen a este libro y el tono ameno que nos ofrece para adentrarnos en un aspecto del trabajo docente que, con antecedentes en estudios similares, tiene el mérito de adjudicarle un sentido particular que surge a partir de las voces de sus protagonistas, de su intercambio y puesta en tensión con ricos aportes teóricos. El trabajo invita, nos invita (a estudiantes, docentes e investigadores, a las que jugábamos a la maestra y a las/os que no, pero sí a los que estamos ocupados en la educación) a su lectura y, en definitiva, a poner a jugar nuestra propia voz.
Andrea Alliaud

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