Manual de informática educativa para educación infantil

Manual de informática educativa para educación infantil

Hay un mouse en mi jardín


$ 640,00


Este libro ha sido escrito para los docentes que trabajan en la escuela con niños de 3 a 6 años. Ese período vital de la formación infantil está organizado de diversas maneras, y recibe diferentes denominaciones en los países de hispanoamérica: nivel inicial en Argentina y Paraguay; parvulario, en Chile; jardín de niños o educación preescolar, en México; educación infantil en España. Aunque por tradición y afecto los argentinos lo continuamos llamando jardín. Pero hay un común denominador que sobrevuela por sobre estos matices: el brindar a los niños, nuestros niños, la mejor educación posible. La incorporación creciente de computadoras y otras tecnologías debería contribuir a este objetivo y son las maestras y maestros quienes mejor pueden hacer que estos recursos redunden en una mayor calidad educativa. A ellos, entonces, dedicamos este manual en el que volcamos muchos años de experiencia en informática educativa.

El CD que acompaña esta edición contiene, junto con todo el software necesario para trabajar en los ejercicios y tutoriales del manual; y recursos diversos, una colección de materiales que complementan y completan el manual:
Un curso completo de uso del popular programa Clic, para construir actividades recreativas y lúdicas para los niños muy fácilmente. 140 páginas A4, en formato PDF imprimible.
Varios manuales sobre comunicación visual y producción de gráficos, en formato PDF imprimible.
El famoso píxel. Un documento multimedia sobre color y tecnología de gráficos en computadora.
Varios manuales sobre programas de uso común en la escuela, y problemas técnicos de uso de computadoras.
Varios capítulos completos del libro, en formato PDF (no imprimible) para verlos en la computadora con todo detalle y en colores.
Todos los programas contenidos en el CD son de libre distribución, por lo que pueden ser llevados a la escuela y utilizados inmediatamente.

Gabriela Asinsten

Profesora de Enseñanza Primaria. Trabaja en educación a distancia desde 1995 y se ha desempeñado como coordinadora docente y gestión de alumnos del Campus Virtual del Instituto Superior de Viajantes (IEASEVE Virtual).
Actualmente se desempeña como coordinadora de Gestión de Alumnos de la Especialización en Entornos Virtuales de Aprendizaje de Virtual Educa. Es también autora de los materiales didácticos y docente de la materia Plataformas. Desde 2007 es integrante del equipo TIC en el Instituto Nacional de Formación Docente, estando a cargo de los dispositivos virtuales de formación.

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Juan Carlos Asinsten

Especialista en comunicación y comunicación visual, con posgrados en Informatica Educativa (UNED-España) y Educación a Distancia (Univ. CAECE).
Es autor y docente de cursos de formación docente en el uso de TIC en la actividad profesional, los que se han desarrollado en la UBA, la Universidad de Lomas de Zamora, y otros espacios. Ha publicado en coautoría el curso de Clic para educación inicial (portal Educ.ar).
Se ha especializasdo en diseño multimedia y de objetos de aprendizaje.
Trabaja en educación a distancia desde 1995 y se ha desempeñado como coordinador de producción de contenidos y Webmaster del Campus Virtual del Instituto Superior de Viajantes (IESEVE Virtual). Actualmente se desempeña como coordinador general de la Especialización en Entornos Virtuales de Aprendizaje de Virtual Educa y Webmaster de su Campus Virtual.

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Vera Rexach

Se ha desempeñado como docente y como coordinadora en proyectos de inclusión de tecnología en todos los niveles del sistema educativo argentino. Dirige el área de Formación Docente y TIC del instituto IBERTIC (Instituto Iberoamericano de TIC y Educación) dependiente de la OEI. Colabora con proyectos de cooperación internacional para la integración de las TIC y la cultura digital en sistemas educativos de países de la región. Es coautora de los libros Yendo de la tiza al mouse (1998) y Hay un mouse en mi jardín (2003), de Ediciones Novedades Educativas.

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Cuando mis hijos eran chicos jugaban a treparse. A treparse a cualquier cosa: árboles, tapias, techos de las casas bajas en las que vivíamos.
Mis nietos juegan con la computadora. No se trepan a los árboles (eso no se hace), no saben hacerlo y, lo peor, no les interesa. Envían faxes pero no han logrado hacer bailar un trompo. Ignoran muchas cosas que fueron importantes en mi niñez y en la de mis hijos: no saben hacer volar un barrilete (los más chicos ni saben qué es...) No tienen idea de para qué sirven las bolitas. La payana (tinenti) es para ellos una palabra exótica (seguramente más adelante me explicarán que es un antiguo juego indígena, o me mostrarán la versión para PC...). Pero, eso sí, no hay botonera que se les resista.
Si pudiera elegir, optaría por el mundo de casitas en los árboles, carritos con rulemanes, el hoyo y la quema, la redondela, la mancha venenosa, la escondida... Lejana (no tanto) época en la que los trompos no tenían marca, ni lucecitas, pero nos tenían horas en la vereda, en competencias y desafíos (nunca fui bueno en eso...).
Pero, claro, no está en mí elegir. Este es el tiempo en que nos toca vivir y la realidad es que los chicos de hoy viven en un mundo diferente, y se relacionan con él de manera también diferente.
Las computadoras son, cada vez más, parte de ese mundo. No para todos los chicos, desde luego, pero sí para muchos, sobre todo en las grandes ciudades.
Y entonces escuchamos el inevitable coro de mamás, papás, tías, asombrándose porque alguno de ellos (mis nietos) se desenvuelve bien con el mouse (a los dos o tres años) o cambia la configuración del monitor (a los siete). Y la afirmación de que estos chicos ya vienen predispuestos para las tecnologías. Afirmación muy poco científica y que quedaría en la categoría de chocheras de padres, abuelos o tíos que creen escuchar el nombre de la tía Rudecinda en los balbuceos de un bebe de cuatro meses. Pero no podemos obviarla porque, lamentablemente, suele ser parte de las bases sobre la que se fundamentan estrategias de trabajo con las computadoras en la escuela.
Como analizamos más extensamente en el capítulo siguiente, los chicos se relacionan (y apropian) con el entorno en que les toca vivir. Su relación con las botoneras (controles remotos varios, desparramados por sillones y mesitas...) no es genético sino apenas fruto de un aprendizaje, como tantos otros. Ni siquiera de los más complicados.
Me pregunto: ¿qué es más difícil: manejar el mouse o un caballo? ¿Cambiar la configuración del monitor o discriminar plantas silvestres comestibles de las tóxicas? Me impactó mucho la noticia que llegó hace un tiempo, acerca de dos chicos de seis y cuatro años que se extraviaron por varios días en la puna jujeña. Sobrevivieron porque el más grande supo elegir qué yuyos podían comer él y su hermanito. Seguramente no resultaría sencillo enseñarles a manejar un mouse, si es que van a la escuela (si hay escuela donde ellos viven, si la escuela cuenta con computadora, y energía eléctrica).
Empecemos entonces por desmaravillarnos por la facilidad con que los chicos de las grandes ciudades se manejan (se adaptan) a los entornos tecnológicos, para poder hacernos preguntas (creo) más importantes: para qué podría servirles manejar la compu, por ejemplo.
Ya lo dije: no está en mí, en nosotros, elegir. Las computadoras están entre nosotros, están en la escuela y también en los jardines (como llamamos en Argentina a la escuela de 3 a 5 años).
Personalmente, y sin ninguna apoyatura científica, creo que los jardines (¡los chicos!) podrían prescindir perfectamente de estas máquinas que nos vuelven dependientes de ellas y ocupan cada vez más espacio (físico, económico, temporal) en nuestras vidas. Creo que ningún chico vería disminuidas sus posibilidades de desarrollo y laborales futuras si llega a la escuela primaria sin saber manejar computadoras. Pero existe un consenso social en contrario: muchos padres están convencidos de que si sus chicos no manejan Word a los seis años tienen por delante un futuro de desocupación y marginación social. Y, fruto de esa presión social, de algún snobismo y otras razones extra-pedagógicas, las computadoras están en los jardines. Eso no es bueno, pero tampoco malo, en sí mismo. Aunque aprender a dibujar casitas en Paint (o KidPix) no vuelve a los chicos ni artistas plásticos ni futuros Billy Gates, tampoco les hace daño (per se).
De lo que se trata entonces es de darles a las computadoras el mejor uso posible, evitando que se conviertan en un obstáculo para el desarrollo de los chicos, porque eso sí puede suceder, si se las usa incorrectamente. Por ejemplo, trabajando cerca/lejos con alguno de los absurdos programas «educativos» que proponen actividades para ese concepto básico (o adentro/afuera). O los que quitan vidas ante el error (!!!).
De eso se trata justamente este libro: de un aporte para que intentemos trabajar lo mejor posible con las computadoras en el jardín. Hemos volcado en él nuestras diversas (y complementarias) experiencias, tanto en el campo de la capacitación docente como en el trabajo con chicos en salitas de todas las edades (desde mucho antes de que existieran las computadoras). La experiencia de la capacitación docente nos ha llevado a desechar las recetas que se agotan en cuanto se usan. Pero también la reflexión teórica pura, sin bajada a la realidad diaria de la salita, que exige algo más que el deber ser.
A la vez hemos tenido en cuenta que las maestras jardineras son también homus laburantis. Personas que tienen la pesada tarea de producir diariamente elementos gráficos, material didáctico, planificaciones, comunicaciones a los padres, y muchas otras cosas para las cuales la computadora puede ser una herramienta aliviadora. Por ello, una parte importante del libro está dedicada a la producción del docente que es, no lo dudemos, parte de su labor educativa, entendiendo la educación como un sistema, donde cada componente cumple una (¡varias!) función irreemplazable.
En fin. Por esas cosas de la vida, aquí estamos, con mi hija (la que se trepaba a los árboles, a los techos y a cuanta cosa escalable encontraba) y Vera, de su misma generación, escribiendo para las maestras de mis nietos sobre el uso de computadoras en el jardín, donde el mouse ocupa su sitio, junto al elefante trompita, la tortuga manuelita, el pato ñato y otros animalitos (virtuales).

Juank Asinsten


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