La educación puede pensarse como el territorio de lo posible, entendiendo que lo posible es aquello que incluye el deseo, a sabiendas de que no será totalmente realizable. Lo posible se define en la reflexión y la acción de los sujetos/actores.
Recuperar el concepto de sujeto/actor requiere articular su significado con el de ciudadano en el que se sostiene la democracia. Entre público y privado, entre sujeto individual y sujeto social, entre instituciones y actores, la educación se ofrece y constituye en el territorio de una significación posible. El desafío de alcanzar mayores niveles de calidad y justicia en la educación dependerá de las articulaciones que se sepan construir entre políticas, instituciones y actores.
Este libro compila y ofrece los textos compartidos en el tiempo y espacio que construyó el Seminario Internacional convocado por el Centro de Estudios Multidisciplinarios, para abordar esta problemática.

Graciela Frigerio

Educadora e investigadora argentina. Doctora en Educación por la Universidad de París, ha dirigido y dirige distintas experiencias de formación de posgrado en universidades del país y del exterior, como profesora invitada recorre universidades, institutos, centros de formación, escuelas y organizaciones aportando sus investigaciones y reflexiones en torno a las instituciones, las relaciones entre generaciones y las tareas de educar, cuidar y curar. Una de las experiencias institucionales que dirigió ha sido el Centro de Estudios Multidisciplinarios, desde sus seminarios de carácter transdisciplinario y sus publicaciones ha propuesto y se han generado lecturas y andamiajes conceptuales originales que han dejado marcas en la formación y en la acción de profesionales de la educación, de la salud y de trabajo social. En la actualidad es profesora de la Facultad de Humanidades y Ciencias en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), coordina los Ateneos de Pensamiento Clínico sobre las instituciones en las ciudades de Montevideo y de Buenos Aires y ha fundado el Grupo Rioplatense de Estudios de Psicoanálisis y Educación.

Foto Ricardo Aure / Lanueva.com

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Daniel Filmus

Sociólogo, educador y político. Obtuvo dos títulos de posgrado: una Especialización en Educación de Adultos y una Maestría en Educación. Fue director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Sede Argentina, durante 8 años. Ocupó el cargo de Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina durante la primera presidencia de Néstor Kirchner, en el período 2003-2007. Además se desempeñó como Secretario de Educación de la Ciudad de Buenos Aires en el período 2000-2003.

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Silvia Schlemenson

Doctora en psicología, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Profesora titular regular de Psicopedagogía Clínica de la Facultad de Psicología de la UBA. Directora del Programa de Asistencia Psicopedagógica de niños con problemas de aprendizaje, Facultad de Psicología, UBA. Coordinadora del área de psicopedagogía clínica de la Maestría en Psicología Educacional, UBA. Directora de proyectos de investigación sobre “La restricción de la producción simbólica en niños”. Compiladora de: Leer y escribir en contextos sociales complejos, Niños que no aprenden y autora de Subjetividad y lenguaje en la clínica psicopedagógica (Paidós).

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Pablo Gentili

Doctor en Educación (UBA). Magister en Ciencias Sociales con orientación en educación (FLACSO) y Lic. En Ciencias de la Educación (UBA). Profesor del Programa de Posgrado en Educación de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). Investigador del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la misma universidad, donde coordina el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (OLPED) y el núcleo brasilero del Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE). En la actualidad se desempeña como Secretario Ejecutivo Adjunto de CLACSO. Algunos de sus últimos libros son: Códigos para la ciudadanía. La formación ética como práctica de la libertad (Santillana); Educar na esperança em tempos de desencanto (con Chico Alencar, Vozes); A cidadania negada. Políticas de exclusão na educação e no trabalho (con Gaudêncio Frigotto, Cortez); Universidades na penumbra (Cortez) y A falsificação do consenso. Simulacro e imposição na reforma educacional do neoliberalismo (Vozes); Desencanto y utopía. la educación en el laberinto de los nuevos tiempos (Homo Sapiens). Ha coordinado el Comité Internacional del Foro Mundial de Educación.

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Sandra Carli

Doctora en Educación y Profesora Titular de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Investigadora Independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Gino Germani. Ex Presidenta de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación. Miembro de la Comisión de Doctorado de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y del Comité Académico de la Maestría en Pedagogías Críticas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Profesora de posgrado en distintas universidades nacionales (UNER, UNC, UNLP, UBA, entre otras) y del extranjero. Entre otras publicaciones se destaca como autora y compiladora de Niñez, pedagogía y política. Transformaciones de los discursos acerca de la infancia en la historia de la educación argentina entre 1880 y 1955 (Editorial Miño y Dávila), Estudios sobre comunicación, educación y cultura (Editorial La Crujía) y La cuestión de la infancia. Entre la escuela, la calle y el shopping (Editorial Paidós). También es autora de distintos artículos en revistas nacionales e internacionales. Dirige en la actualidad proyectos de investigación vinculados con la experiencia universitaria en la Argentina.
Foto Rafael Yohai para Página/12

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Para los fundadores del centro de estudios multidisciplinarios, iniciar sus actividades académicas con este Seminario Internacional implica dar cuenta de sus propósitos institucionales: preocupación por construir saberes para y sobre los espacios educativos desde la pluralidad de las disciplinas, la multiplicidad de perspectivas teóricas y las diversas miradas académicas. Un espacio respetuoso para la polifonía.
Para nosotros es un orgullo que los miembros del Comité Científico del CEM, que vienen de distintas geografías institucionales del país y del extranjero, tomen la palabra en este espacio: Claudia Hilb; Dagmar Zibas (Brasil); Daniel Cano; Silvia Schlemenson; Teresa Bardisa Ruiz (España); Jean-Louis Derouet (Francia); Pablo Gentili (Brasil); Regine Sirota (Francia); María Rosa Almandoz; Marta Teobaldo; Francisco Beltrán Llavador (España); Justa Ezpeleta (México). También es un orgullo contar con los aportes de colegas de destacadas trayectorias que han aceptado nuestra invitación a este tiempo inaugural: María Saleme; Cecilia Braslavsky; Marta Maffei; Daniel Filmus; José Luis Coraggio; Sandra Carli; Margarita Zorrilla Fierro (México); Alejandro Rozitchner.
A todos ellos queremos agradecerles su presencia, con lo que ésta significa real y simbólicamente, y la generosidad con la que compartieron sus construcciones.
Nos propusimos abordar un tema que diera cuenta de una articulación: Políticas, Instituciones y Actores en educación. Por la complejidad de la problemática sabíamos que no se podía, abordarlo todo en un Seminario. Muchos temas quedaron en el tintero desde el vamos, otros sabíamos que se descubrirían al final del encuentro. Sin embargo decidimos avanzar en la exploración de una trama en la que es innegable el entrecruzamiento entre los conceptos enunciados.
En educación, políticas, instituciones y actores se encuentran en una construcción permanente, una búsqueda; y es necesario reconocer que entre ellos, por momentos, se generan desencuentros, maltratos y malestares.
Cada historia tendrá una textura propia y por ello, ocasionalmente es posible verla interrumpida, en cortocircuito, adoptando formas particulares y desconcertantes.
Es posible encontrar, en los tiempos actuales, a muchos actores buscando un sentido a la educación y a la trama que en ella se teje entre políticas, instituciones y actores. Para algunos la trama parece enmarañada, como si se tratase de una dramática comedia de enredo en la que se puede quedar prisionero o alienado.
Un sentido perdido genera una situación particular, también construye la pregunta acerca de su pérdida: ¿qué ocurrió?
El sentido extraviado quizás se perdió hace tiempo, sin que nos diéramos cuenta, en una cotidianeidad rutinizada; tal vez nos fue arrebatado de manera prepotente en alguna esquina de la historia. El sentido perdido podría llevar un nombre teórico: desimbolización de la institución educativa.
Esta desimbolización probablemente se haya producido por la mercantilización de un espacio donde debería primar la lógica del servicio público, porque está en juego un derecho para todas las nuevas generaciones. Recuperar la lógica del servicio público para la educación implica conquistar condiciones para la justicia, para la libertad y para el conocimiento.
Probablemente el sufrimiento en las instituciones educativas esté estrechamente vinculado con la realidad a la que alude Debray cuando sostiene que, no siendo el portavoz de la nación, ni el defensor del pueblo, el Estado ya no nos habla ni de la nación ni del pueblo, que eran su razón de ser y sólo habla de sí mismo.
Cuando el Estado habla de sí mismo, cuando su actividad se centra exclusivamente en sus reformas, el discurso que enuncia encubre el abandono de su función y, utilizando palabras de Castoriadis, procede a la escalada de la insignificancia.
Frente a esta escalada, la idea de cruce de caminos nos posiciona en una cartografía que permite una opción, una elección: podemos, como actores, elegir.
Para dar ejemplos, es posible elegir entre operativos de medición o evaluaciones; entre máquinas de capacitar o formación de educadores; entre simplificación del campo o complejización del pensamiento.
La simplificación del campo y el reduccionismo en las perspectivas dejan siempre de lado los testimonios vivos en los que se construye y defiende el espacio público.
En esta encrucijada en la que lo político se bate en retirada y lo público está en jaque, la opción tal vez resida en recordar la vieja lógica del «don» sobre la que, recientemente, Boltanski y Derrida, entre otros, nos ofrecen desde campos disciplinarios distintos, la posibilidad de repensar sus lazos con la justicia.
El «don» es una práctica no-económica, en el sentido de que es aquello que se ofrece sin endeudar al otro, brindando la posibilidad que define a toda democracia efectiva: la pregunta permanentemente reformulada acerca de lo que es justo.
En la re-edición de la pregunta acerca de la justicia, y del carácter justo o injusto de la Ley, los actores son portadores de lo político y lo político un acontecimiento cotidiano. Lo político -que no es lo mismo que la política, como bien lo explican entre otros Badiou y Rancière en sus últimos trabajos- tiene la capacidad de nombrar lo inactual y hacer presente la ética prometeica que enuncia futuros posibles. Lo político remite necesariamente a plantearse una ética de lo público, es decir del bien común. Esto es, la ética de respeto por el otro sin renunciar a la diferencia.
Dar, en educación, es enseñar lo que no se aprendió: la democracia que no siempre tuvimos, el federalismo que no siempre practicamos, los saberes que las censuras clausuraron, el respeto de una ley que fue violada. Educar es practicar un don: el «dar algo que no se tiene» (el pedagogo Jacotot lo decía hace siglos, el psicoanalista Lacan lo puntualiza, el filósofo Rancière nos lo recuerda).
Este «dar lo que no se tiene» es un aprendizaje colectivo, particularmente arduo cuando nuestra historia nos colocó en el dilema «uno u otro». «Uno u otro», o la lógica de la exclusión, fue un dilema portador de las muchas formas de la muerte.
En educación, en cambio, lo que está en juego son las distintas formas de la vida en la novedad que aporta cada sujeto (para recordar a Arendt), y por ello, desde la lógica del don, la posibilidad que tengamos (como Derrida lo diría) de enseñar y aprender a vivir, al fin, mejor.
La educación puede pensarse entonces como el territorio de lo posible, entendiendo que lo posible es aquello que incluye al deseo, a sabiendas de que no será totalmente realizable. Lo posible toma formas de pequeñas cosas concretas y cotidianas que podrían ofrecer, para todos, un futuro más digno.
Lo posible se define en la reflexión y la acción -en términos arendtianos- de los sujetos/actores.
El actor es siempre un sujeto con márgenes de libertad para desplegar prácticas y discursos en las instituciones, para dar cuenta de la posibilidad de crear, de inventar, de escapar a las constricciones de los determinismos. La noción de sujeto adquiere sus notas distintivas tanto desde el campo psíquico/subjetivo, como desde el objetivo/social. Campo en el que, según Enriquez, sujeto es no sólo el portador de un proyecto, sino quien puede lanzarse a interrogar el mundo, aventurarse a lo desconocido, pensarse a sí mismo como «creador de historia».
El sujeto/actor atribuye a sus prácticas no sólo la posibilidad de reflejar el mundo, sino fundamentalmente la de transformarlo, aun cuando esta transformación pueda ser mínima y parcial.
Estos conceptos encuentran a menudo en la actualidad un opacamiento o hasta su reemplazo por otras nociones, como por ejemplo, la noción de consumidor.
El consumidor conlleva la idea de intercambios mercantilizados de «productos», sean éstos materiales o simbólicos. Se trate de prestaciones públicas o privadas (en educación, salud, cultura, etc.), es el pago del servicio el que regula las relaciones y, en consecuencia, marca las posiciones diferenciadas de aquellos en condiciones de presionar o de optar. El intercambio así institucionalizado desconoce las formas de la solidaridad.
Cuando en el ámbito educativo opera esta sustitución, se desata una carrera desenfrenada por «ofrecer» nuevos «productos» (¿una reforma?, ¿un proyecto institucional?) en los cuales el «envase» (¡cuestión fundamental para su «compra»!) se volvería más importante que el contenido y los modos en que convoca y compromete (o no) a los actores institucionales que generalmente no son reconocidos como tales.
Desde nuestra perspectiva, recuperar el concepto de sujeto/ actor requiere articular su significado con el de ciudadano en el que se sostiene la democracia. Parafraseando el clásico libro de Touraine, pareciera que ya no se trata sólo del «retorno del actor» sino del «retorno del ciudadano».
El ciudadano viene a dar cuenta de ese «borde» particular entre la esfera privada y la pública. El término remite directamente a la idea de pertenencia a una colectividad, a una nación (sin borroneamiento del sujeto); reclama la responsabilidad política de cada uno; instituye el derecho de participación al constituirse en garante de deberes y derechos políticos y jurídicos; conforma un espacio, ni estatista ni mercantil, aquél que convoca al lazo social.
Entre público y privado, entre sujeto individual y sujeto social, entre instituciones y actores, entre aparato psíquico individual y construcciones simbólicas colectivas, la educación se ofrece y constituye en el territorio de una significación posible.
En los distintos registros de las diferentes exposiciones del Seminario, estamos seguros de que se descubren pliegues para pensar y construir prácticas.
Este libro compila y ofrece los textos compartidos en el tiempo y espacio que construyó el Seminario. Los mismos solicitan la reflexión del lector, su articulación con los saberes propios de las historias profesionales de cada uno, su reformulación para cada contexto específico, su deconstrucción.





Graciela Frigerio, Margarita Poggi, Mario Giannoni

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