Práctica psicoanalítica en el universo digital, La

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Psicoanálisis para un mundo líquido


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El mundo líquido no es solo un asunto de palabras, por eso han cambiado los discursos, los pacientes y también los propios ropajes de la patología, sus presentaciones y sus núcleos conflictivos principales.
Pretender, como postura clínica, seguir aferrándose dentro de la teoría solamente a la narrativa del Edipo o a la de Narciso sin buscar sostener, sin hacer énfasis en la conexión con el otro, trae como consecuencia inevitable enviar al paciente de vuelta a la conexión tecnológica como única forma de sostén posible.
Porque la cultura es tecnología y la tecnología, cultura. Esta, a través del hipertexto, la conexión, los videojuegos y la simulación como herramientas nos puede permitir repensar la praxis psicoanalítica, al tiempo que analizamos el nuevo mundo líquido y su impacto en los cuerpos y las psiquis de los individuos interconectados.
De hecho, si la conexión tecnológica ha ganado tanto terreno, es gracias a la desconexión familiar y vincular a la que estamos asistiendo. La presencia del psicoanalista, la conexión y el desarrollo del self son elementos claves, a nuestro juicio, para el psicoanálisis de este siglo XXI.

Capítulo 1.
El trabajo analítico como narrativa, hipertexto y videojuego compartido

Introducción
Nuevos modos de pensar al sujeto a la luz de las nuevas formas tecnológicas
Viñeta clínica
Lo nuevo, lo viejo, lo revisado
Novela e hipertexto
Un juego de a dos

Capítulo 2.
Introducción al psicoanálisis para un mundo líquido

Aquí y allá siempre
¿Qué es psicoanálisis para un mundo líquido?
Dimensiones
Desconectar(los): desafío primordial de los nuevos padres

Capítulo 3.
Psicoanálisis para un mundo líquido

El otro digital
Psicoanálisis, cultura, desencuentros
Ciberpsicología: una disciplina en ciernes
Aportes posibles al psicoanálisis de un mundo líquido

Capítulo 4.
Psicoanálisis para un mundo líquido II

Conocer un poco más y animarse a la des-conexión
Desde la clínica
Virtualidad, realidad, psicoanálisis

Capítulo 5.
Psicoanálisis para un mundo líquido III

Cambios e identidad
Cambios actuales
Psicoanálisis y cultura
Ser uno mismo
¿Es Internet el nuevo psicoanálisis silvestre?

Capítulo 6.
Cuerpos conectados, cuerpos en red

Discontinuidad-continuidad
Siempre hay otro posible

Capítulo 7.
Espacio, tiempo, cuerpo en un mundo líquido

Lo espacial
Los cuerpos
Cuando el cuerpo se achica
Lo temporal

Capítulo 8.
Videojuegos: re-creación del espacio y el tiempo y entrada en los flujos

Un espacio genuino y propio
Entrar en el flujo

Capítulo 9.
Los dispositivos tecnológicos como objetos y sus usos posibles

Espacios. Relaciones sujeto-objeto
¿Objetos?
Los dispositivos tecnológicos
Los dispositivos tecnológicos como objetos (transicionales)
Los dispositivos como objetos (transitorios)
Los dispositivos como objetos salvadores
Los dispositivos como objetos del self
Los dispositivos como objetos transformacionales
Un lugar más seguro

Capítulo 10.
En conexión, como nodos todos, no hay Edipos

Privacidad border o porosa: existir y vivir en red
Los lugares en red propiciados por la tecnología

Roberto Balaguer

Psicólogo clínico y educacional (UDELAR). Posgraduado en Psicología (Universidad de Minnesota). Magister en Educación. Diploma en Educación (Universidad ORT). Experto en TIC y Discapacidad (Fundación Free/ Universidad Católica del Uruguay/ Universidad Córdoba, España). Docente universitario en posgrados de Educación y Maestría en Tecnología Educativa (Universidad Católica, CLAEH). Investigador y consultor en TIC y Educación. Asesor en educación para Plan CEIBAL (OLPC, Uruguay). Director del Programa Link.spc (TIC y Educación) en St. Patrick´s College, Montevideo, Uruguay. Orador del TEDX Montevideo, 2012. Ha dictado numerosos talleres y conferencias en Uruguay, Argentina, Chile, México, Colombia, Brasil, Panamá, Costa Rica y España. Ha escrito artículos en diversas revistas especializadas nacionales e internacionales, y es coautor de varios libros, y autor de cinco libros sobre temas de Cibercultura. Sitio web del autor: http://www.robertobalaguer.com/

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POSFACIO

A lo largo de las páginas de este ensayo hemos intentado pensar al psicoanálisis no sólo desde la narrativa, desde la novela, sino también desde nuevos ángulos, que nos propone la tecnología. Porque la cultura es tecnología y la tecnología, cultura. Ésta, a través del hipertexto, la conexión, los videojuegos y la simulación como herramientas nos puede permitir repensar la praxis psicoanalítica, al tiempo que analizamos el nuevo mundo líquido y su impacto en los cuerpos y las psiquis de los individuos interconectados.
El mundo líquido no es sólo un asunto de palabras, por eso han cambiado los discursos, los pacientes y también los propios ropajes de la patología, sus presentaciones y sus núcleos conflictivos principales.
Pretender, como postura clínica, seguir aferrándose dentro de la teoría, solamente a la narrativa del Edipo o a la de Narciso sin buscar sostener, sin hacer énfasis en la conexión con el otro, trae como consecuencia inevitable enviar al paciente de vuelta a la conexión tecnológica como única forma de sostén posible.
De hecho, si la conexión tecnológica ha ganado tanto terreno es gracias a la desconexión familiar y vincular a la que estamos asistiendo.
La presencia del psicoanalista, la conexión y el desarrollo del self son elementos claves, a nuestro juicio, para el psicoanálisis de este siglo XXI.
En la conexión tecnológica lo que prima no es tanto el relato como el compartir los innumerables relatos e imágenes que pueblan la red. Es más una cuestión de estar empapados, inmersos en esos contenidos, que de relato propiamente dicho, por más que se escriba más que antes. La escritura es de presencia, de conexión. Los sujetos escriben, pero están hablando.
Por otro lado, no deberíamos olvidar que el relato es un recorte subjetivo de lo que aconteció. En el relato, está ese sujeto (esa conciencia) que dice algo acerca de lo que sucedió y allí entonces aparece el sujeto. La imaginación pone la carga subjetiva al relato y se descentra de lo que efectivamente sucedió para pasar a primar la narrativa por sobre lo sucedido. Cuando se intercambian hipervínculos no se busca que el otro perciba el relato, sino algo lo más cercano al hecho. Las deficiencias de la memoria dejan de ser obstáculo.
Hoy el mundo, en parte, elude la narrativa. Simplemente se le indica al otro dónde puede ver aquello que le interesa, se lo redirecciona al link. Se le señala el hipervínculo apropiado que se considera va a ser mejor que el relato, más ajustado a la realidad. Por eso, señalábamos al comienzo del libro que hoy el joven no sólo trae al consultorio el relato, sino que también el propio acontecer, en su celular. ¿La narrativa acerca de lo acontecido es menor? Sí, sin duda. La narrativa es un recorte subjetivo de algo ya acontecido.
Señala Pablo Rodríguez (2006):
Quizás una manera práctica de comprender esta transformación sea comparar los tipos de relatos que pueden producir un mundo mediático y un mundo no mediático. En un mundo no mediático, lo que sucede en cualquier momento y lugar es, o bien vivido, o bien evocado. Evocar el futuro o el pasado, narrar una historia, es un proceder entre conciencias: alguien le cuenta a otro lo que pasó alguna vez, exigiendo a su vez el desencadenamiento de la imaginación de quien escucha.
Pero esto sucede porque el mundo de hoy no es sólo un mundo de objetos, palabras y relatos. Estos han caído, como dijera Lyotard (1995), pero han dado paso a realidades de flujos que permiten vivenciar cuestiones que serían imposibles de ver desde el formato libro, material, sólido, distante. Pretender agotar lo humano en la sola narrativa, en la palabra, no parece del todo acertado. El arte, la música y el deporte se han encargado de mostrar lo contrario durante siglos, pero aún no se ha conceptualizado del todo ese efecto transformador que tiene el flujo.
Ese flujo arrulla, sostiene y dificulta la desconexión. Pretender acotar al humano a lo material, individual, es recortar la realidad, al igual que pretender circunscribir la cultura a la palabra. Somos seres de palabra, pero ella no nos agota.
Si a lo largo de las páginas de este ensayo surgen cuestiones oscuras, no son más que dificultades del propio autor para pensar lo que está pasando frente a nuestras narices, quizás por lo cercano del fenómeno, pero más seguramente por limitaciones propias. Se ha buscado pensar este nuevo mundo líquido de conexión y simulación con la esperanza de comprender mejor a los pacientes y también de que ciertas cosas nuevas de las que allí suceden puedan echar luz sobre el encuentro analítico, aún vigente, pero llamado a re-pensarse en su utilidad y sus funciones en un mundo líquido.
Sólo explicar no es suficiente. La gente, de hecho, ya conoce muchas de las “explicaciones” de la narrativa psicoanalítica. Algunas las han leído en ediciones de bolsillo, otras las han visto en televisión, quizás en medio de un reality show. Reeditar una historia, una novela, tampoco parece ser suficiente como ayuda.
Animar al sujeto a la desconexión para darle palabras es válido, pero conectarse con él y “jugar juntos” simulando “nuevas vidas” puede ser también una herramienta eficaz para este mundo líquido. De hecho, esto es lo que muchas veces nos mueve a la hora de hacer una derivación y elegir la persona analista que, más allá de sus saberes, podrá sostener y ofrecer alternativas tanto a nivel de las identificaciones como de las formas de vincularse.
Animar al sujeto a la des-conexión es útil y necesario, pero si se utiliza como único recurso, termina siendo un intento de volver a un mundo que, como dicen los jóvenes “ya fue”. Es una forma de recortar la realidad que ha dejado de ser una sola (si alguna vez lo fue), para ser hoy varias coexistiendo, redes abiertas permanentemente que nos conectan con otros, nosotros mismos, nuevas percepciones, nuevos mundos y nos alejan cada vez más de la materialidad de nuestros cuerpos y de la realidad única, sólida.
Hoy los sujetos deben conectarse para sobrevivir en este mundo líquido que constantemente genera pánicos de disolución y no-existencia. Éstos son los nuevos ropajes de la patología de la des-conexión.
Animarse a conectarnos y simular con ellos puede resultar tan peligroso para el psicoanalista como la desconexión parece serlo para los digitalizados.
Animarse a la conexión habiendo nacido en la materialidad es casi tan angustiante como la llegada de un adolescente digital a un campamento donde no hay electricidad, música omnipresente ni wifi. La conexión es tan interpelante como lo es la desconexión.
Los nacidos en la materialidad sabemos de la solidez, pero poco de lo que sucede en la conexión, poco de lo que acontece más allá de las palabras, en ese mundo de presentaciones y conexiones, bidimensional, multidimensional, pero en contacto permanente con los otros.
La conexión nos muestra nuevas facetas de este mundo, lugares recónditos, percepciones invisibles a los ojos materiales acostumbrados a manejarse con palabras y narrativas lineales que creímos ingenuamente que daban entera cuenta del mundo. Hoy éstas han caído y la conexión nos encuentra temerosos, tambaleantes en nuestros referentes. Edipo, Narciso y sus narrativas fueron útiles, sumamente útiles para comprender los sujetos de la materialidad moderna. Aún lo siguen siendo, aunque parcialmente. Hoy es tiempo de recorrer laberintos, perderse en los bytes, abandonar límites del cuerpo y, fusionados con las máquinas y los otros, fluir por la desmaterialización y ver qué es lo que allí sucede. Navegar é precisso.
Psicoanálisis para un mundo líquido es psicoanálisis para un mundo desterritorializado, desmaterializado, veloz y perceptivo.
Es psicoanálisis para un mundo con un tiempo ya no lineal, sino con continuidad y simultaneidad de sensaciones.
Es psicoanálisis para comprender las nuevas sintaxis de la cultura.
Es psicoanálisis para un mundo de conexión y de realidades alternativas a la materialidad que, coexistiendo con ella, generan nuevos conflictos y, al mismo tiempo, nuevas soluciones.
Es psicoanálisis para un mundo de hibridaciones con las máquinas de externalización de la memoria, del almacenamiento y del procesamiento cognitivo por fuera de los cuerpos. Es psicoanálisis no para un individuo aislado, solipsista, con su novela neurótica a cuestas, sino para un sujeto en permanente conexión con otros y con los objetos que también actúan como agentes de cambio, porque son más que sólo objetos.
Es psicoanálisis para un mundo de tecnología penetrando los cuerpos y transformando el concepto de pulsión y sus fronteras hasta límites que aún desconocemos, porque los sistemas aprenden por sí solos y aprenden de los otros sistemas.
Es simplemente, psicoanálisis para un mundo líquido y éstos son, apenas, esbozos de respuestas.

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