Prácticas de formación. Evaluación y análisis

Prácticas de formación. Evaluación y análisis



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El autor propone que la noción fundamental en la formación es la de capacidad, la formación sería una transformación de las capacidades que serán transferidas a otras situaciones reales. La formación no se da en la situación real de trabajo sino en otra que simula aquélla donde será transferida.
El saber es lo específico de la enseñanza, "nunca se aplican saberes directamente a las prácticas", ellos pueden "tener influencia en las representaciones de acompañamiento de la práctica", pero no directamente en la práctica.
La competencia en construirla, es una construcción intelectual, lo real es la actividad. La competencia requiere de una situación real de producción, por ello aparece en el campo de la profesionalización, del trabajo. En cambio la capacidad se da en un espacio de simulación que la formación genera.
Estas herramientas conceptuales permiten hacer más inteligible el complejo mundo de las prácticas educativas, plantear diferencias entre campos, generar nuevas herramientas y también abrir la reflexión crítica sobre nociones que las reformas políticas actuales quieren plantearnos como afirmaciones indiscutibles.

- Los mundos de la enseñanza, la formación y el desarrollo de competencias.
- La evaluación. Interrogantes centrales: ¿Por qué evaluar? ¿Qué evaluar? ¿Cómo evaluar?
- Lugar y ambigüedad de la noción de evaluación en la formación. Control, análisis y evaluación. Tipo de evaluación: implícita, espontánea e instituida. El funcionamiento de un acto de evaluación.
- La evaluación de las persona y agentes y la evaluación de las acciones. El rol de los actores, el juicio de valor, las funciones, los efectos.
- Herramientas de análisis de las prácticas: la noción de práctica y los procesos de acompañamiento de una práctica.

Este material constituye en nuestra colección un aporte altamente significativo.
Ello es así por varios motivos:
- se refiere a las prácticas de formación en general y a las del medio profesional en particular;
- describe, analiza y evalúa los mundos de la formación y sus prácticas;
- plantea herramientas para el análisis y para la evaluación de las prácticas:
- transita constantemente en el pasaje de las prácticas a la construcción de categorías útiles para su comprensión:
sostiene un nivel de abordaje analítico y no prescriptivo;
- plantea las evoluciones y las tendencias actuales en el campo de la formación y sus posibles desafíos;
- aporta un nivel de teorización que a la vez se acerca y se distancia de las prácticas para hacer más inteligible el campo;
- deja frases abiertas que invitan a profundizar en una línea de reflexión crítica.

Las contrucciones que J. M. Barbier nos transmite contribuyen a aumentar ese campo de "la semántica de la acción" que los actores necesitan para pensar la acción, para actuar (en términos de Schön) como "prácticos reflexivos".
El libro se inicia con una interesante presentación de la trayectoria profesional del autor, la institución de pertenencia, los trabajos realizados y en realización, sus orientaciones, las líneas de investigación actuales. Esta presentación es coherente con el desarrollo y las conceptualizaciones del seminario que aquí documentamos. Las diferenciaciones entre los mundos de la enseñanza, de la formación y de la profesionalización contituyen herramientas teóricas sumamente esclarecedoras.
Un largo capítulo está dedicado a la evaluación. La noción misma de evaluación es trabajada insistiendo en que es el juicio de valor lo que la caracteriza. La noción queda diferenciada de otras como seguimiento o control y análisis. ESclarecer estas diferencias es necesario ya que en nuestro medio tienden a confundirse.
Dos tipos de actos de avaluación se tratan en profundidad: la evaluación de agentes y la de acciones. Cada una de ella se analiza en su especificidad, y se marcan las diferencias y semejanzas. La evaluación de la transferencia abre a un campo nuevo y de producción teórica aún escasa.
El capítulo tres se dedica al análisis de las prácticas de formación. Prácticas que presentan regularidades, pero que siempre tienen algo inédito que es necesario comprender. Plantea herramientas para el análisis en el sentido de "generadoras de nuevas herramientas" y no de herramientas a aplicar.
Analiza las prácticas por un lado en relación con su entorno y por otro como constructoras de identidad. Una teoría de la práctica requiere de una teoría de la identidad. Las actividades de formación así como también el trabajo son movilizadoras y productoras de identidad. Esta idea nos parece realmente valiosa para contribuir a la "humanización" de la formación y del trabajo en un mundo donde el hombre parece quedar reemplazado por un conjunto de competencias y capacidades. Al formar contribuimos a producir identidad y a producir sociedad.
Una tipología de campos diferencia los de la pedagogía vinculada con las calificaciones; de la formación que lleva a la certificación; del trabajo ligado a la posición profesional y de la producción de medios de existencia donde aparece el salario. Esta tipología es nuevamente una herramienta de valor heurístico, diferencia campos donde habitualmente los límites se confunden y las especificaciones se pierden.
El último capítulo desarrolla brevemente las líneas de evolución de la formación de adultos y sus desafíos y contradicciones, tomando la experiancia francesa como base.
Quiero resaltar algunas ideas y afirnaciones para invitar a la reflexión a partir de ellas.
La noción fundamental en la formación es la capacidad, la formación sería una transformación de las capacidades que serán transferidas a otras situaciones reales. La formación no se da en la situación real de trabajo sino que simula aquélla donde será transferida.
El saber es lo específico de la enseñanza, "nunca se aplican saberes directamente en las prácticas", ellos pueden "tener influencia en las representaciones de acompañamiento de la práctica", pero no directamente en la práctica.
La competencia es construida, es una construcción intelectual, lo real es la actividad. La competencia requiere de una situación real de producción, por ello aparece en el campo de la profesionalización del trabajo. En cambio la capacidad se da en un espacio de simulación que la formación genera.
Estas herramientas conceptuales permiten hacer más inteligible el complejo mundo de las práticas educativas, plantear diferencias entre campos, generar nuevas herramientas y también abrir la reflexión crítica sobre nociones que las reformas políticas actuales quieren plantearnos como afirmaciones indiscutibles.
Dejo al lector el interés por adentrarse en lo que este libro despliega, que es mucho y muy valioso.
Marta Souto

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