Razón técnica desafía a la razón escolar, La

Razón técnica desafía a la razón escolar, La

Construcción de identidades y subjetividades políticas en la formación


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Los niños y los jóvenes que asisten a la institución escolar están en relación constante con los medios de comunicación y, para muchos, su vida transcurre en el ciberespacio, las nuevas tecnologías configuran sus sensibilidades e identidades.
La nueva razón técnica, constituida a partir de la comunicación y de la red, ha contribuido a conformar nuevos sujetos. La razón técnica propone desplazamientos sobre la función social de la razón escolar, orientada a la construcción de la sociedad considerada deseable, y a la formación de los individuos que puedan insertarse en ella activa y productivamente. La institución escolar aún continúa anclada al pasado: escolarizando, disciplinando, homogeneizando. Desconoce las sensibilidades, las identidades y las subjetividades de niños, niñas y jóvenes y los uniforma como estudiantes; y utiliza el libro de texto como la base de los procesos escolares.
Sin embargo, los sujetos, a través de la socialización escolar, se ven abocados a aprender a convivir, lo que significa apropiar y hacer suya la cultura, adaptarse a ella, resignificarla y convertirse en miembros de una comunidad cultural y social desarrollando sus potencialidades en el espíritu que porta los ideales de la sociedad que queremos.

Capítulo I
La razón técnica desafía a la razón escolar
Jesús Martín Barbero
Capítulo II
Tecnologías y escuela: por una pedagogía de(co)constructora de mundos posibles
Rocío Rueda Ortiz
Capítulo III
Constitución de identidades: políticas públicas y reformas educativas
Martha Cecilia Herrera
Capítulo IV
La formación ciudadana en la escuela y el fortalecimiento de la subjetividad política en niños, niñas y jóvenes
Héctor Fabio Ospina y Sara Victoria Alvarado
Capítulo V
La enseñanza: poder para destruir o construir humanidad
Jorge Enrique Vargas
Capítulo VI
La radio en la escuela
Gustavo Villamizar Durán

Héctor Fabio Ospina

Licenciado en Filosofía y Letras (Universidad Javeriana, Bogotá); magíster en Ciencias del Comportamiento y doctor en Educación (Nova University-CINDE). Es editor de la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud (CINDE y Universidad de Manizales, Colombia) y es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud.

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Alberto Martínez Boom

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. (UNED, España); magister en Investigación Socio Educativa (UPN, Bogotá); Profesor investigador (UPN). Profesor del programa de doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud (CINDE y la Universidad de Manizales).

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Mariano Narodowski

Mariano Narodowski es licenciado en Pedagogía (CAECE). Magíster en Ciencias Sociales (FLACSO) y Doctor en Educación (UNICAMP, Brasil). Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.

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En la perspectiva de lo planteado por Jesús Martín Barbero, para Heidegger la esencia de la técnica no es algo técnico, esto es, no pertenece al orden del instrumento. Al recoger la línea proveniente de Husserl, Heidegger admite que en la técnica hay una razón, una racionalidad propia, que reside en que “En cuanto producción, la técnica es un modo de develamiento, es un modo de desocultación”; por lo tanto la esencia de la técnica no está en el hacer ni en el manipular, porque la técnica no es mera fabricación sino producción. Dicha esencia nos plantea tanto la cuestión del develar como la del ocultar y el olvidar. También es necesario tener en cuenta que la verdad de la existencia humana no se agota en el saber ligado a la técnica, pues hay otro saber que es el saber-del-ser.
¿No resulta entonces profundamente extraño que los grandes pensadores de la Escuela de Frankfurt no entendieran el sentido de la propuesta de Heidegger, y se encerraran –de Adorno a Habermas– en el empeño de reducir la técnica a su dimensión de instrumento de dominio?
Aunque la técnica se produce a partir de relaciones de poder, y en parte ejerce dominio, no se reduce a esta dimensión. La razón técnica ha permeado el mundo de hoy especialmente a través de las tecnologías de la comunicación, en los distintos escenarios en los que transcurre la vida humana y en relación con los diferentes actores. Las condiciones y las percepciones del espacio y del tiempo han variado, dentro de este mundo intercomunicado. Los niños, las niñas, los y las jóvenes que asisten a la institución escolar están en relación constante con los medios de comunicación, especialmente la televisión, y para muchos de ellos y ellas su vida transcurre en el ciberespacio. En el marco de este mundo intercomunicado, las nuevas tecnologías configuran sus sensibilidades e identidades.
La nueva razón técnica, constituida a partir de la comunicación y de la red, ha contribuido a conformar nuevos sujetos, los cuales también llegan a la escuela. Por lo tanto, se puede afirmar que la razón técnica desafía a la razón escolar. A pesar de las grandes revoluciones técnicas provenientes de la comunicación y la virtualidad, la institución escolar continúa anclada al pasado: escolarizando, disciplinando, homogeneizando. Desconoce las sensibilidades, las identidades, y las subjetividades de niños, niñas y jóvenes y los uniforma como estudiantes; y utiliza el libro de texto como la base de los procesos escolares.
Surge entonces la pregunta por el papel de la escuela y por los desafíos que tendrá que enfrentar para estar a la altura de las demandas del actual momento histórico, en un contexto de globalización, posmodernidad y nuevas tecnologías que plantea rupturas para el escenario escolar. En esa medida, la razón técnica propone desplazamientos sobre la función social de la razón escolar, orientada a la construcción de la sociedad considerada deseable, y a la formación de los individuos que puedan insertarse en ella activa y productivamente. Es en este marco que el espacio escolar es un espacio de democratización que, según lo plantea José Gimeno Sacristán, contribuye a la construcción del sujeto político como parte de formar ciudadanos y ciudadanas, resolviendo las tensiones en la base del mismo proyecto: homogeneidad-heterogeneidad, lo local-lo mundial, lo común-lo diverso, el individuo-la comunidad, los límites de la disciplina-su integración.
Así, sigue siendo válido pensar la educación como uno de los dispositivos mediante los cuales se contribuye a la constitución del sujeto político en el marco de una opción por la democracia, considerada deseable. En cuanto “hijos del tiempo que les toca vivir”, los sujetos, a través de la socialización escolar, se ven abocados a aprender a convivir, lo que significa apropiar y hacer suya la cultura, adaptarse a ella, resignificarla y convertirse en miembros de una comunidad cultural y social. Es así como desarrollan sus potencialidades en ese espíritu que porta los ideales de la sociedad que queremos, porque la escuela es una de aquellas instituciones del orden de las relaciones cotidianas que, junto con la familia y los grupos de pares, apunta a la democratización.
Héctor Fabio Ospina Serna
Coordinador Compilación
Manizales, Colombia, septiembre de 2006

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