Hacia una pedagogía de las competencias en la formación superior

Hacia una pedagogía de las competencias en la formación superior

Este texto, basado en una investigación realizada con estudiantes de profesorado, sostiene la necesidad de pensar una pedagogía de las competencias que construya sistemas de representaciones despegados del mito de la neutralidad de los saberes enseñables.

Pedagogía de las competencias
Un material para reflexionar sobre la educación para la ciudadanía.

Se busca lograr una pedagogía que impregne las prácticas institucionales de múltiples competencias que pongan al futuro docente frente a situaciones problemáticas que constituirán su cotidianeidad laboral. La vivencia de competencias en el tránsito por el profesorado estaría garantizando una educación de calidad que mitigue las desigualdades y forme ciudadanos comprometidos con su tiempo y entorno social.

Es una afirmación sostenida que sin una educación de calidad que mitigue la pobreza y la desigualdad, no hay posibilidades de inaugurar escenarios escolares que permitan a la escuela cumplir con la promesa de formar a todos los ciudadanos sin distinción.

Educación de calidad refiere fundamentalmente a aquella inclusión que habilita a todos los estudiantes, sin distinción ninguna, a resolver problemas de la vida diaria, a enfrentar en forma creativa los frecuentes cambios que los acontecimientos actuales demandan, a expresarse de modo tal de constituirse en ciudadanos que interpelan con su voz (y no solo con su voto) a los gobernantes y, realizan acciones en ámbitos diferentes a los propios.

Claro está que esta situación solo puede darse en la medida que los formadores de estos alumnos estén convencidos que para el logro de tales propósitos será necesario revisar el rol de distribuidores de saberes y transformarlo en otro como generadores de ocasiones para que la apropiación de saberes sea fundadora de sentidos. Y aquí la pedagogía de las competencias ofrece un adecuado andamiaje para ese pasaje.

Optamos por el término “pedagogía de las competencias” y no “educación de las competencias”, ya que la amplitud y complejidad del desafío supone ir más allá de la enseñanza de un saber, de cuestiones didácticas o metodológicas, sino es presentada aquí como aquella que construye sistemas de representaciones despegadas del mito de la neutralidad de los saberes enseñables, la que impregna las prácticas institucionales al desarrollar competencias en múltiples esquemas de percepción, de pensamiento y de acción, la que puede mediar la capacidad de interpretar códigos diversos, la que enseña a convivir con la ambigüedad e interpela formas de conocimiento instaladas y legitimadas que no son, en absoluto, las únicas formas posibles de conocimiento.

Se puede enseñar de muchas maneras, pero no con todas se aprende igual. El convite para el profesorado es crear estructuras de andamiaje que estén lo suficientemente integradas como para proporcionar conocimiento de la mano de competencias que dan recursos ricos y variados a modo de soporte. De ahí la necesidad que desde la formación docente inicial se contemple como estilo de enseñanza el aprendizaje de ser profesor por competencias.

¿Saberes y/o competencias?
Partimos de la definición del saber como algo socialmente producido y organizado en un cuerpo de conocimiento. Su posesión equivale a un bien cultural y su uso transmisión y evaluación, se asocia al poder.

En la modernidad, el saber era defendido como conocimiento adquirido mediante la memoria. Suponía certidumbre y carácter definitivo. El efecto de tales argumentos construyó un sujeto social del conocimiento escindido en sí mismo, desfasado del sujeto cultural que lo sostiene. Se defendió la neutralidad y la “normalidad” de los saberes enseñables (y con ello la exclusión de la historicidad, el conflicto y la crítica). Se creó la falsa ilusión pensando que con la adaptación a la sociedad unidimensional y a sus valores hegemónicos se lograrían los fines sociales de la educación, que se formulaba como “la formación integral del hombre y del buen ciudadano”. Consecuencias previsibles: no logró superar las marginaciones ni resolver el fracaso escolar.

Manejamos un concepto de saber con “dependencia ontológica”i de las competencias para su apropiación, en el mismo sentido que explica Gary D. Fenstermacher (1989) la relación entre enseñanza y aprendizaje. Se trataría de un saber que se está haciendo en una relación creadora. En el vínculo con el sujeto, los saberes y las competencias van creándose en una relación que anuda lo sociohistórico, los modos de socialización y la apropiación. Ergo, deberíamos revisar los criterios de selección de contenidos, discutir los fines sociales de la educación superior, para intentar romper con la reproducción.
Es una forma de enseñar que propicia problemas poco estructurados, con soluciones relativas de acuerdo a su contexto. No demanda la capacidad de memorizar y repetir conocimientos dados, congelados, sino vivificarlos por medio de competencias activas que apuntan a aprender a pensar. De tal manera el enseñar se asocia al asombro, lo lúdico, el descubrimiento y no está restringido a necesidades cualificadoras para el mundo del trabajo.

Siguiendo a Philippe Perrenoud (2004), podríamos decir finalmente, que para la preparación profesional del docente se requiere apelar a un trabajo que ponga al aspirante a serlo, frente a situaciones problemáticas que constituirán su cotidianeidad laboral. Se trataría de ir mucho más allá de ejercicios clásicos de consolidación y aplicación, creando competencias, tanto al interior de las disciplinas como en su intersección y, que por lo tanto, trabajan la transferencia y la movilización de conocimientos en situaciones complejas.

Creemos que producir el pasaje de un docente formado en un modelo de transmisión homogeneizadora a otro que garantice “justicia curricular” (Connell, 2006) en sus enseñanzas, contemplando en simultáneo el criterio de ciudadanía activa y que atiende a grupos menos favorecidos, es una forma posible de pensar una pedagogía emancipadora por competencias.

Continúa...

Autora: Patricia Cesca
Revista: Novedades Educativas Nº326. Disponible el artículo completo en la Biblioteca Digital.


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