Construcciones colaborativas para un aprendizaje más significativo

Construcciones colaborativas para un aprendizaje más significativo

Se pone énfasis en el trabajo grupal para fortalecer los vínculos saludables y de esta manera los aprendizajes en los jóvenes, considerando que dar la palabra, escucharlos, es el puntapié de la función orientadora del tutor: una mirada sensible sobre las problemáticas y necesidades.

Tutorías
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Los espacios de aula se han ido transformando, dinamizándose y liberándose de estructuras caducas frente a las características de las sociedades actuales. Como consecuencia, los actores sociales intervinientes en los procesos de enseñanza debemos, como adultos, ser capaces de asumir el inmenso desafío de aprender originando experiencia. Elegir la docencia actualmente implica tener el valor de enfrentarse a la autocrítica continua y en ese recorrido poder, además, descubrir cuáles son los obstáculos que atraviesan los procesos de enseñanza y de aprendizaje hodiernos y, con estos, los consecuentes desafíos institucionales aparejados para llevar adelante nuevas estrategias pedagógicas que contemplen el acompañamiento a los estudiantes desde el inicio y hasta la finalización de su trayectoria escolar.

EL PROYECTO TUTORIAL
A continuación, nos proponemos compartir el trabajo de tutoría que hemos venido realizando desde el año 2013 en el Instituto Juan Manuel de Rosas, escuela pública de gestión privada, ubicada en la ciudad de Villa Madero, partido de La Matanza. Es una institución que cuenta con dos orientaciones de bachillerato: Ciencias Naturales y Contable, y una población de 675 estudiantes, social y económicamente heterogénea.

Nuestro espacio tutorial tiene una historia particular que recorre diferentes instancias o momentos. Primeramente, se pensó al tutor como un docente referente para el alumno; alguien a quien el joven podía recurrir frente a una dificultad, generalmente de índole académica o administrativa (como, por ejemplo, en lo tocante a las inasistencias).

El profesor tutor era elegido por los alumnos a través de elecciones democráticas (que cumplían con los requisitos de una votación ciudadana) que permitían el ejercicio de los derechos de nuestros estudiantes. Luego de varios años, se presentaron algunas falencias en este modo de trabajo. El tutor era un docente que, por su buena predisposición y voluntad, ejercía el rol de acompañante del alumno. Su figura se fue desgastando, en tanto se limitaba a escuchar a los alumnos, pero sin posibilidades más que para conversar con algún otro docente, o con la dirección de la escuela, en el mejor de los casos. En algún caso extremo, no se habilitaba la escucha y los estudiantes recurrían a otros docentes significativos para poder canalizar las dificultades. Observamos que la demanda era otra y estábamos convencidos de que era necesario responderla.

Se decidió solicitar a la institución la hora paga de la tutoría y, consecuentemente, un mayor compromiso por parte del docente tutor. Los interesados fueron convocados a participar de la tutoría con objetivos claros y una sistematización de la tarea. En tanto, la tutoría supone un encuentro y acompañamiento entre adultos y adolescentes, consideramos que ambos actores tenían que estar conformes con el lugar, por lo que se realizaron algunos encuentros entre alumnos y docentes con el fin de conversar sobre la función tutorial. La complejidad de la tarea exigía la inclusión y relación permanente de todos los actores educativos, por lo que fue necesaria la institucionalización del equipo para generar espacios de trabajo interno de reflexión, seguimiento, evaluación y difusión de la tarea, así como para generar acuerdos y mutua contención. Comenzamos una organización de la función de la tutoría que implicaba un mayor compromiso con el alumno. Organizamos reuniones para la lectura del material y la constitución de la tutoría.

Año tras año, se dio lugar a distintas intervenciones y modos de abordaje de las problemáticas. Se incluyó la tutoría dentro del Acuerdo Institucional de Convivencia y comenzó a tener injerencia en las decisiones de situaciones de la cotidianeidad escolar. Estrechando, así, la relación entre el equipo directivo, la orientación escolar, el Consejo Institucional de Convivencia (CIC), las asambleas de curso y las mediaciones escolares, es decir, entre todos los dispositivos institucionales que aportan al acompaña- Producción de los estudiantes donde exageran las características de un "mal alumno".

La tutoría está constituida como un espacio de intervención compartido, y solo es posible en tanto la institución educativa se ofrece como marco que configura y condiciona su accionar. Pensamos que los adultos tenemos la responsabilidad de acompañar las trayectorias de nuestros estudiantes, detectando situaciones que puedan obstaculizar el desarrollo saludable. Por eso, no solo la tarea de acompañamiento, sino también la preventiva de la tutoría son fundamentales: trabajamos con los emergentes grupales, así como también con lo que aparece silenciado. Visibilizamos necesidades a partir de involucrarnos con el otro, analizar situaciones, transformar la pregunta en problema a fin de pensar estrategias de intervención, construyendo (entre todos) acciones que permitan favorecer el desarrollo y crecimiento de nuestros jóvenes y de toda la comunidad educativa. La función tutorial la pensamos como una acción preventiva en salud, que contribuye al desarrollo y bienestar de nuestros estudiantes, mediante la planificación de acciones que apunten a generar alternativas de acción frente a las problemáticas que surjan de lo que acontece en la escuela, sin descuidar el fin que nos compete como institución educativa.

Escuchar a los jóvenes, dar paso a la palabra, es el puntapié inicial de la función orientadora del tutor: una mirada sensible sobre sus problemáticas y necesidades y el espacio habilitado por la institución permiten la construcción del espacio tutorial. La tutoría se plantea este año poner énfasis en el trabajo grupal como motor para fortalecer los vínculos saludables entre los alumnos y también hacia los docentes. Consideramos que acompañar a los alumnos, haciendo de esto un proceso sistemático, con la convicción de que es la palabra la que nos facilita un camino preventivo frente a ciertas situaciones conflictivas que se pueden generar en el ámbito escolar. Con la intención de promover la pertenencia del joven a la escuela, nuestras actividades deben favorecer esa pertenencia, aunque no siempre lograda, e intervenir ahí donde algo de esto no se desarrolla plenamente.

Para comenzar a trabajar, partimos desde la tutoría con la idea de acercarnos a las expectativas de los jóvenes, sus preconceptos, ideas previas, para ello se establecieron ejes de trabajo de acuerdo con el nivel o curso.

ACTIVIDADES Y DINÁMICAS DESARROLLADAS
Se diseñaron dinámicas grupales en torno a las siguientes temáticas: rol del estudiante secundario, características de una escuela secundaria y vínculos entre los actores sociales en la escuela secundaria. La intención que subyace es llenar las aulas y la escuela de la mirada que ellos traen sobre la escuela, sobre el estudio.

Así, se llevaron adelante en los distintos cursos y siempre con la orientación del profesor tutor, actividades enfocadas a reflexionar las propuestas, junto con los jóvenes. Finalmente, el análisis de las producciones grupales permitió realizar un “diagnóstico” para la construcción de estrategias pedagógicas y de convivencia.

Continúa...

Autores: Marina Trejo, Paola F. Rosalez, Lisa A. Trejo, Laura E. Pastorini, Andrea Y. Giuliano, Belén Tanús, Sacha T. Rosales, Natalia C. Silva y Valentín Vergara.
Fuente: Revista Novedades Educativas Nº314

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