Didáctica de la gestión-conducción

Pedagogía del territorio: ¿por qué argumentar en el ámbito educativo?

Es importante mejorar las prácticas y competencias argumentativas en general y de las escritas en particular, ya que, más allá del estudio de contenidos de la gestión-conducción y del ejercicio mismo del rol, es necesario contar con estas habilidades discursivas que permiten resolver una problemática.

Prácticas y competencias argumentativas - Noveduc.com
¡Nuevo! Didáctica de la gestión-conducción, de Néstor Zorzoli y Sandra Sánchez (Más información)

Si bien es cierto que la dinámica de las instituciones educativas se encuentra en general claramente normada, no lo es menos que, en sistemas tan influidos por cambios de políticas como el educativo, nada se impone por el solo hecho de estar normado. Es necesario y fundamental convencer dando razones. Como sostiene Serrano de Moreno (2008), “la argumentación versa sobre una situación polémica o controversial, en la que usualmente existen diferencias de puntos de vista, de modo que se exponen razones y justificaciones tendientes a resolver las diferencias presentadas.”

La filosofía define tres grados de conocimiento: opinión, creencia y saber.
La opinión es el estado de conocimiento en el que el sujeto afirma lo que considera verdadero, pero no tiene la seguridad completa de ello. Por lo tanto, alberga alguna/s duda/s. Desde lo subjetivo, no resulta posible pronunciarse acerca de la verdad o de la falsedad de algo. Desde el punto de vista objetivo, no se establece ninguna justificación que intente que los demás acepten la misma. Cuando el sujeto está convencido de que lo que piensa es verdad, pero no puede aducir una justificación que pueda ser aceptada por todos, su modo de conocer es la creencia. Su seguridad es solo subjetiva; lo que cree carece de justificación objetiva suficiente. El saber o conocimiento en sentido estricto es una opinión fundamentada tanto subjetiva como objetivamente. Es decir que quien afirma un concepto está subjetivamente convencido de ello y, además, tiene razones como para argumentar objetivamente frente a los demás.

Los actores educativos (directivos, docentes, alumnos, familias) son sujetos sociales complejos, tal como los define el Marco General de la política curricular de la provincia de Buenos Aires (2007). El término sujeto contiene en sí mismo la noción de relación, de estar unido a -sujeto a- una psiquis, un lenguaje, una sociedad, una cultura, una historia, un ambiente y a otros sujetos. Sujeción que no ha de entenderse como determinación, sino como condición de identidad. Una de las múltiples dimensiones que constituyen la complejidad de los sujetos es su historicidad. Es así que el documento citado sostiene que:

En tanto sujetos históricos, están situados/as en un determinado momento de la historia, en un presente que configura el escenario de su constitución, un presente conformado por las continuidades y rupturas de un pasado y por los escenarios futuros imaginados, proyectados o negados. El sujeto histórico, sin embargo, no está determinado en su totalidad por las estructuras sociales producidas históricamente. Por un lado, porque es un sujeto inconcluso, siempre en construcción; proceso que resulta conflictivo. Por otro lado, porque también las estructuras son incompletas y tienen fisuras y son los sujetos los que con su acción contribuyen a su creación, conservación y/o destrucción. El conocimiento del pasado hace posible el conocimiento del presente y las representaciones del hoy resignifican la comprensión de la historia. A su vez, el sujeto, en su relación con otros, proyecta un futuro que no está determinado. Por ser un proyecto humano puede ser previsto, pensado, inventado a partir de los múltiples anticipos que la educación permite instituir.

Cada uno de los sujetos docentes es en función de su propia historicidad, de sus vivencias como alumno en las distintas instituciones escolares, de los vínculos establecidos por ese niño/joven con sus pares, de las características de sus familias y su contexto, de su paso por los profesorados, de su historia profesional, y las culturas institucionales de los establecimientos en los que se desempeñó. Es así que, en su construcción y constitución en el tiempo, cada uno forma su propia "identidad como docente", característica que resulta sumamente difícil modificar o adecuar ante cambios significativos en las dinámicas educativas.

Analicemos la situación con un ejemplo concreto. La escuela secundaria se constituye a partir de un mandato social selectivo y excluyente. En su origen, la escuela “media” tenía como objetivo preparar para los estudios universitarios y formar a las futuras clases dirigentes. La cultura propia de dicho nivel educativo ha conformado docentes con esa característica (tanto en sus trayectos como alumnos como en su formación docente). A partir del 2006, con la sanción de la Ley de Educación, la escuela secundaria pasa a ser obligatoria para todos los jóvenes desde una perspectiva de derecho. Es norma es ley. Sin embargo, esa condición fue resistida (y en ciertos entornos aún lo es). El cambio ha sido tan marcado que ha generado resistencias más allá de lo normativo. Esas resistencias tienen base en la constitución identitaria de los actores como sujetos sociales complejos (docentes, padres, comunidad). En consecuencia, estos cambios profundos requieren no solamente de las indicaciones en lo que respecta a lo normado, sino trabajar y reconstruir concepciones arraigadas en las estructuras de los individuos. Esa ardua tarea que deben llevar adelante los jerárquicos en educación requiere de la argumentación continua para que dichos cambios cognitivos sean verdaderos y no meras formalidades. Canals sostiene que:

Argumentar es una habilidad del pensamiento que trata de dar razones para probar o demostrar una proposición con la intención de convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega. [Implica, por lo tanto] someter el propio pensamiento al juicio y la crítica de los demás mediante el diálogo, la discusión o el debate (Canals, 2007).

A lo largo del texto iremos desandando la lógica y los componentes de la argumentación, pero iniciaremos el recorrido analizando y desmembrando las ideas de Canals en su definición primaria, desde la perspectiva de la gestión-conducción educativa. Dice Canals que la argumentación es:

Una habilidad del pensamiento. Se entiende por tales a los procesos mentales que permiten a las personas elaborar información, adquirir conocimientos y resolver problemas.

Entre ellas encontramos:

  • Habilidad de conceptualización. Los conceptos son la estructura inicial del pensamiento. Una adecuada conceptualización es responsabilidad excluyente de cualquier directivo/supervisor a fin de poder argumentar con solidez y coherencia. Conceptualizar implica poder definir y/o explicar las ideas estructurantes de un tema en análisis para poner a otro en conocimiento de esa idea. Siempre es fundamental conceptualizar en el marco de un paradigma determinado (en educación, hoy correspondería centrarse en el paradigma de la educación como derecho), teniendo en cuenta que un paradigma está definido por un lenguaje que le es específico; tanto así que, en diferentes paradigmas, una misma palabra puede responder a conceptos diferentes.
  • Habilidad de comprensión. Implica tres subprocesos: comprensión-traducción, comprensión-interpretación y comprensión-extrapolación. El primero permite poner la información recibida en términos distintos de los originales y dependerá de la capacidad de información previa que tenga el sujeto. El segundo subproceso solo es posible si se logra el primero y consiste en poder establecer valoraciones y jerarquizaciones de las ideas comprendidas, realizar inferencias y extraer conclusiones. El último de los subprocesos requiere la posibilidad de concretar los anteriores y consiste en aplicar esas ideas comprendidas, traducidas e interpretadas a nuevas situaciones problemáticas.
  • Habilidad de generalización. Permite abstraer lo común de varias cosas y ampliar el significado.
  • Habilidad de clasificación. Proceso de agrupación de ideas en categorías de atributos comunes.
  • Habilidad de secuenciación. Organizar ideas y eventos de forma lógica, ordenada y de acuerdo a su naturaleza.
  • Habilidad de comparación y contrastación. Consiste en identificar y articular al mismo tiempo semejanzas y diferencias entre varias ideas o eventos.
  • Habilidad de análisis. Consiste básicamente en descomponer el objeto de aprendizaje que implica una serie de etapas que, al final de todo, construyen
    el análisis mismo: ubicación, identificación, comparación, clasificación.
  • Habilidad de síntesis. Es el resultado de la confrontación entre tesis y antítesis. Debe caracterizarse por ser diferente del concepto inicial, de manera que forme una estructura que responda a: ¿qué es?, ¿de qué elementos consta?,¿qué función desempeña?
  • Habilidad de abstracción. Consiste en ocultar las características de un objeto y obviarlas, de manera que solamente utilicemos el nombre del mismo, dando por aceptado su significado.
  • Habilidad de resolución de problemas. Promueve en las personas el pensamiento creativo, en la exploración y búsqueda de alternativas de acción y opciones de solución a los problemas y dificultades que presenta el ámbito de actuación. Para resolver problemas es necesario desarrollar todas las habilidades que anteceden y, a partir de allí, tomar decisiones.
  • Habilidad de toma de decisiones. Es un acto de voluntad mediante el cual se escoge una entre varias alternativas, con el propósito de alcanzar una meta.

El desarrollo de prácticas argumentativas en contexto profesional requiere considerar que el rol de enseñante del jerárquico lleva implícita la concepción freireana de que quien enseña, aprende en el proceso de modo simultáneo (Freire, 2008). El encuentro con otro profesional docente requiere habilitar la palabra, comprender que ese otro tiene mucho conocimiento que aportar y que es necesario promover el debate pedagógico franco como requisito de la construcción colectiva de conocimiento. El desafío, reiteramos, radica en el doble rol del jerárquico: enseñante y a la vez garante del cumplimiento de los lineamientos político-educativos desde la perspectiva de derechos.

Fuente: Fragmento extraído del Capítulo 2 del libro "Didáctica de la gestión-conducción". (Ver contenidos)
Autoría: Néstor Zorzoli y Sandra Sánchez (Ver todos sus libros)

¡Mirá más títulos relacionados en Noveduc Gestión para directivos y supervisores!


También le puede interesar

Complejidad de la gestión escolar, La


Sverdlick, Austral y otros
$ 490,00

Responsabilidad y prevención en establecimientos educativos


Marcelo A. Angriman
$ 550,00

Didáctica de la gestión-conducción


Sandra Sánchez y Néstor Zorzoli
$ 560,00

Cómo concursar cargos directivos y de supervisión


Sandra Sánchez y Néstor Zorzoli
$ 560,00

Gestión de una articulación educativa sustentable


Sandra Sánchez y Néstor Zorzoli
$ 605,00

Gestión educativa en acción


Laura Lewin
$ 425,00