Aprender de los iguales y con los iguales

Aprender de los iguales y con los iguales. Por Dr. Carles Monereo

¿Ya conocés este método de aprendizaje cooperativo para la diversidad en secundaria? En la teoría es nombrado de distintas formas: educación solidaria, aprendizaje entre pares o tutorías; sin embargo en la práctica cada experiencia tiene un valor inigualable.

Tutorías entre iguales
Disponible el libro "Tutoría entre iguales: de la teoría a la práctica" para Argentina. (Más información)

La persona más igual que conocemos somos nosotros mismos, y es una evidencia que podemos aprender muchas cosas de las huellas que vamos dejando cuando tomamos decisiones conscientes e intencionales. Por ejemplo, cuando estamos estudiando, escribimos nuestras ideas sobre un papel y éste nos las devuelve fijadas en palabras, agrupadas por párrafos, colocadas unas detrás de otras, como si se tratara de un texto coherente y acabado. Lo que hemos escrito cobra vida propia y se convierte en un «yo independiente». Con una voz familiar, pero al mismo tiempo diferente, que nos proporciona conflictos: «esto no es exactamente lo que pienso, lo que quería decir es...», «hay que matizar esta idea», «debería añadir que...». No obstante, para que este proceso desequilibrante tenga lugar es indispensable situar nuestro conocimiento en otro formato de representación y analizarlo de manera distanciada, inevitablemente con los mismos ojos, pero con otra mirada.

En las situaciones convencionales de enseñanza-aprendizaje, esta otra mirada sobre un conocimiento que se debe aprender está garantizada, porque quien lo presenta es otra persona, generalmente experta en la materia y, con frecuencia, de más edad y experimentada que la persona que aprende. A menudo se trata de alguien que pertenece a otra generación.

Ambas situaciones, el estudio personal o la clase multitudinaria, a pesar de ser habituales, plantean algunas carencias importantes. El estudiante que se enfrenta al aprendizaje a partir de los propios recursos, a menos que posea unos conocimientos amplios y consistentes y unas óptimas estrategias para gestionarlos, puede fácilmente avanzar poco, repetir errores sin darse cuenta y, lo es que es peor, dar por buenas ideas falsas que será difícil modificar posteriormente.

Al profesor que transmite un conocimiento que domina, incluso cuando lo hace acercándose a las concepciones e ideas previas de sus alumnos, le cuesta a veces entender plenamente cómo están funcionando sus mentes, qué están pensando y sintiendo, qué les está costando entender y por qué, qué podría hacer para motivarlos.

Todo eso le cuesta, al menos por dos razones: porque, de hecho, debería prácticamente atender a más de veinte mentes, cada una de ellas con sus puntos de vista e ideas personales acerca de lo que está pasando en clase. Pero también porque, en determinadas ocasiones, la manera en que este profesor cree que debe presentar un contenido para que sea aprendido no es lo mejor para que sus alumnos lo aprendan.

A menudo las experiencias del profesor, en calidad de aprendiz de la materia que explica, no son directamente transferibles a sus estudiantes. Dicho de otro modo, lo que le sirvió a él para comprender los conceptos fundamentales de la disciplina, probablemente en la universidad o en un curso especializado, no necesariamente será lo más eficaz para que sus estudiantes de secundaria lo entiendan.

¿Cómo resolver este dilema? ¿Existe alguien que sea casi tan «igual» como el propio alumno y que al mismo tiempo pueda estirar de él en la dirección y el ritmo adecuados? Pues sí, a menudo los compañeros del alumno, sus «iguales», reúnen ambas condiciones: están muy cerca de sus conocimientos, intereses y estrategias y, con un entrenamiento adecuado, pueden proporcionarle conflictos y ofrecerle determinadas ayudas que resulten significativas para que progrese de manera notable.

La posibilidad de que los alumnos trabajen por parejas en el seno de una clase, ayudándose mutuamente en la consecución de unos objetivos de aprendizaje, constituye el foco principal de esta obra.

Hay que advertir, desde el primer momento, que el aprendizaje entre iguales en ningún caso debe ser considerado como un método que puede sustituir ni el estudio individual, ni mucho menos las clases que habitualmente impartimos los profesores.

Se trata de formatos para aprender que deben ser complementarios. Como ya hemos apuntado, la clase más convencional está especialmente indicada cuando se requiere la participación de un experto: para introducir información novedosa, para resolver dudas, para realizar una síntesis comprensiva sobre un tema, etc. El estudio personal es especialmente útil cuando hay que aposentar, consolidar o revisar contenidos que parcialmente se han entendido, pero que hay que asimilar, relacionar y practicar. El aprendizaje entre iguales, y muy especialmente el aprendizaje por parejas, es absolutamente recomendable cuando nos situamos en la famosa zona de desarrollo próximo que define Vigotsky. Se trata de un formato interactivo marcado por las distancias cortas, face to face, donde es posible incidir en errores, malentendidos, confusiones que a menudo pasarían inadvertidos en una situación de trabajo en grupo, incluso en pequeño grupo.

Lógicamente, no toda situación en que coloquemos a dos alumnos para trabajar juntos servirá. Incluso, puede llegar a ser contraproducente. La preparación cuidadosa de las condiciones en que deben desarrollarse las actividades y el acierto a la hora de estructurar las interacciones entre los alumnos son dos de los requisitos que hay que cumplir para que la experiencia resulte exitosa, y constituyen dos de los temas centrales de este libro.

Aunque el aprendizaje entre iguales tiene ya una cierta tradición en los países anglosajones más desarrollados, en nuestro país aún constituyen una novedad. Sería digno de estudio tratar de explicar los motivos de este retraso, pero seguramente una de las principales razones es la dificultad de contextualizar este tipo de innovaciones en la realidad de nuestros centros, de nuestros currículos, de nuestros equipos docentes y de nuestras reformas educativas. Prueba de lo que decimos es que no nos resultaría difícil encontrar una publicación en castellano o catalán sobre el tema (por regla general bajo la denominación de aprendizaje cooperativo), en cambio, actualmente, no existe ninguna publicación que explique cómo llevar a la práctica una metodología de estas características, aquí y ahora. A partir de este momento ya habrá una, que presentamos.

Por qué David Duran, junto a su colaboradora Vinyet Vidal, ha sido capaz de elaborar un material de aplicación inmediata sobre tutoría entre iguales es algo que únicamente puede explicarse conociendo su inhabitual perfil profesional. Profesor de enseñanza secundaria en un centro de referencia en Cataluña por sus innovaciones en materia de atención a la diversidad educativa, es asimismo escritor de novelas juveniles de éxito. Es también formador y asesor de otros profesores en temas relativos al aprendizaje cooperativo; profesor de psicología educativa en la Universitat Autònoma de Barcelona; consultor de psicopedagogía en la Universitat Oberta de Catalunya e investigador sobre las características y ventajas del aprendizaje entre iguales.

Todo ese bagaje explica por qué nos encontramos ante una rara avis entre las publicaciones de carácter psicopedagógico: una obra infrecuentemente cuidada en la forma, decididamente práctica en la propuesta que plantea y rigurosamente fundamentada en los principios que sustenta.

Fuente:
Libro: Tutoría entre iguales: de la teoría a la práctica (Ver contenidos) - Noveduc-Graó
Equipo autoral: David Duran, Vinyet Vidal. Prólogo: Carles Monereo.
Foto: 123rf

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