Conversaciones alrededor de la PLANIFICACIÓN PARTICIPATIVA

¿Cuánto de realidad? ¿Cuánto de ficción? ¿Cuánto de efectividad? La Cátedra de Planificación y Gestión Participativa (PROPUR/FADU) nos invita a leer una reseña de las jornadas.

18 provincias por la educación para el medio rural
En las Jornadas se presentó el libro: Investigación diagnóstica con enfoque participativo > Más información

Escrito por Félix Bombarolo
Una tarde de primavera en la Ciudad Universitaria de Buenos Aires.
Cerca de las seis de la tarde comienzan a llegar las panelistas, los panelistas.
Una jornada de intercambio, de cruce de miradas, de percepciones, de enfoques teóricos y conversaciones sobre ‘la realidad’, sobre la PLANIFICACIÓN PARTICIPATIVA como método para construir ciudades, como medio para mejorar barrios y vidas de personas.
Arquitectas, trabajadores sociales, antropólogas, cientistas políticos, sociólogas, psicólogos sociales, urbanistas, doctoras, maestros, académicas, estudiantes.
Alrededor de cien personas llegan a la Sala de teleconferencias del cuarto piso del pabellón de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, “la FADU”.
En las páginas que siguen compartimos una síntesis de nuestra escucha de lo sucedido, de lo dicho aquel día. Gracias por compartir el encuentro con nosotros.


PRIMER PANEL
Graciela Cardarelli transita el universo de las políticas y programas sociales desde hace varias décadas. Una experiencia valiosa que pocas personas pueden exhibir. Desde esa experiencia, nos comparte casi veinte minutos sobre sus certezas y sus preocupaciones sobre la participación.
Nos dice que los procesos participativos son un puente entre diferentes lógicas de poder, entre diversos modos de construcción de la vida cotidiana de las personas.
Nos alerta que los procesos participativos avanzan y retroceden todo el tiempo; nos dice que así son, que hay que estar alerta a estos vaivenes.
Refuerza su idea principal y comenta: lo que se construye en los procesos participativos son espacios de articulación donde se toman decisiones en conjunto.
Espacios de articulación deben mantener rigor metodológico, acota (“…una cosa es correrse del guion y otra cosa es no tener guion…”); metodologías virtuosas para que ocurran los intercambios, la negociación, los procesos de decisión.
Nos invita a revisar juntos cierta perspectiva institucionalista de la cuestión, y nos dice: “…la mayoría de los gobiernos están haciendo esfuerzos para incorporar participación en sus procesos de gestión…” (dotar de transparencia a la administración, aclara).
Calma nuestra ansiedad argumentando que, aún cuando los procesos participativos no hubieran sido del todo exitosos, a esta altura, la ciudadanía concibe la participación como un derecho; ya no tiene vuelta atrás ese proceso, nos asegura. A esta altura, culmina este tramo de la charla: “…la participación forma parte de las demandas sociales más sentidas…”.
Graciela avanza e intenta transmitirnos, en un corto tiempo, las lecciones de una vida dedicada al asunto que nos convoca. Entre tanta cosa por decir, resalta el valor que adquiere en los procesos participativos el llamado pre-diagnóstico. La necesidad de profundizar en los aspectos de la realidad social que rodea el espacio a planificar; la urgencia de buscar las tendencias, la cultura, la historia de cada lugar, de cada colectivo. Nos invita a no quedarnos con la foto de un momento, sino a buscar entender la película completa. Ir descubriendo poco a poco la matriz de actores, cómo son sus vínculos, como circula el poder; detectar e involucrar a los referentes claves.
Nos invita, por último, a ampararnos y utilizar con habilidad los instrumentos legales existentes, las conquistas conseguidas: leyes, normas, instrumentos nacionales e internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, subraya y cierra.
Aplaudimos, claro.

Adriana Clemente trabajó en municipios, en ONGs, en el Estado y ahora, casi a tiempo completo, en la Universidad. Forma parte del comité editorial de la prestigiosa revista CUESTIÓN URBANA, editada desde Ciencias Sociales de la UBA. Ha transitado la participación social desde la técnica, desde la militancia, desde la política pública, desde la academia.
La amiga inicia su relato provocándonos, sin más: “¿En qué campo del conocimiento y de acción –político, conceptual, ideológico- inscribimos la participación?” Porque si no la inscribimos en ningún campo, la participación podría resultar solo un ‘aspecto funcional’ de las políticas y programas, nos dice; funcional al poder dominante, claro.
Adriana decide inscribir a la participación en el campo problemático de la búsqueda de la igualdad y la equidad social. Sitúa la participación en el corazón de los procesos de redistribución de recursos y poder del capitalismo contemporáneo.
Nos anuncia con claridad y firmeza: si dejamos la planificación urbana en manos del mercado, lo que sucederá es que la desigualdad social aumentará. Así de claro.
Participar para ‘luchar’ contra la concentración del poder, esa es la apuesta a la que nos invita Clemente.
Y entonces sugiere que nos preguntemos, cada día, todo el tiempo: ¿planificar para qué? ¿para que el mercado acumule más, o para redistribuir poder, riqueza y oportunidades? ¿dónde me paro como planificadora? ¿cuál es la ideología que me orienta?
Nos alerta aún más sobre la ‘herramienta’ participativa: lo participativo no siempre es hablar de algo bueno, la ideología precede al instrumento. La utilidad de la herramienta, que puede servir para varias cosas, bien diferentes.
En la planificación hay conflicto, es inherente a ella, nos dice.
El conflicto tiene picos: se avanza y se retrocede todo el tiempo (los vaivenes de los que nos hablaba Graciela).
Y cierra con una ¿advertencia?: la participación no debe ser algo permanente, no es necesario, nadie aguanta participa-todo-el-tiempo. Hay momentos claves para participar, pero después hay que dejar a la gente en paz, insiste con convicción.
Aplausos, más aplausos para las panelistas.
Luego llega el tiempo de preguntas, comentarios de quienes asistieron al encuentro; no nos queda mucho tiempo, pero igual abrimos el espacio y varias personas nos comparten sus impresiones y dudas sobre lo dicho.
Aplausos finales y un tiempo para estirar las piernas.
Minutos después, luego de café, comenzamos el segundo panel; comienza Jonatan.

Jonatan Baldiviezo es jujeño y abogado; participa en varios colectivos orientados a promover y el derecho a la ciudad, y lo hace en Buenos Aires. Para Baldiviezo la participación en espacios institucionales para ‘cambiar la realidad’ es moneda corriente, es su lucha, su apuesta personal.
Llega a la reunión acompañado de su hijo, TUPAC, que nos acompaña, que nos ilumina.
El colega nos plantea la necesidad de abordar la perspectiva de la planificación desde el ciudadano. Empezar a pensar en cómo desconcentrar el poder a partir de los canales y procesos de participación social.
Participar es tomar decisiones, nos dice con firmeza, nos alerta.
Pone el acento en la tensión que ha atravesado la reconstrucción democrática durante los últimos 30 años: ¿democracia representativa o democracia participativa?
Baldiviezo nos transmite su mirada sobre dos tipos diferentes de proceso participativo desplegados en la ciudad durante los últimos años:
Por un lado, nos habla críticamente del proceso de definición del código de planificación urbana (proceso culminado hace pocas semanas). Por el otro, nos relata, con algo más de cercanía, los procesos participativos que se despliegan en las villas y barios marginales de Buenos Aires (en pleno desarrollo); entre ellos, particularmente, el proceso de integración urbana de la emblemática y compleja Villa 31.
En el primer caso, Jonatan pone en acento crítico en la definición inicial de los temas o propuestas a discutir. ¿Quién propone, quién dispone lo que hay que discutir? Nos dice que resulta imprescindible que los temas surjan de la ciudadanía, desde las y los ciudadanos directamente interesados en las reformas urbanas, los pobladores de las zonas a modificar, a transformar. Eso no ha sucedido de esa forma a la hora de discutir el código de planeamiento, según nos cuenta.
En el segundo caso, el mejoramiento de villas y barrios, deja entrever algunos procesos virtuosos de discusión y consulta, aunque pone en duda el mecanismo de instalación de agenda y de decisión final de los cambios propuestos. Nos indica que estos espacios deben ser ámbitos de participación sin violencia, y que debe ser el Estado quien garantice un escenario de libertad, sin amenazas, si condicionamiento de grupos mafiosos. Establecer un espacio o ámbito de confianza, de eso se trata según Jonatan.
Para cerrar su charla, nos deja flotando un tema inherente a nuestra tarea, a nuestro rol profesional: ¿a qué intereses responden los planificadores?
Picante la pregunta, difícil la respuesta.
Jonatán y Tupac culminan su presentación. Hay aplausos de agradecimiento para ellos, para ambos.

SEGUNDO PANEL: Reurbanización de los Barrios 20 y 1-11-14 / Experiencia de TECHO Argentina.
Las presentaciones y abordajes conceptuales o generales dejan su lugar a la presentación de experiencias. Amigas y amigos que forman equipos al interior del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) y de la ONG TECHO, nos cuentan sus prácticas en procesos de planificación con participación multiactoral.
Hay presentaciones en ppt que expresan con claridad lo compartido; adjuntamos las presentaciones. Entonces, nos detenemos solo a resaltar algunos puntos que nos parecen particularmente relevantes, pocos, porque lo que ellos quisieron contarnos, está en sus láminas.
Flor y Martín nos muestran su trabajo en el Barrio 20. Ambos vienen trabajando desde los territorios y desde la academia en procesos participativos. Saben de qué hablan. Esta vez, exponiendo desde su difícil rol de representantes-del-Estado, un Estado que ha dado lugar para que estos procesos se desarrollen con libertad. Nos muestran una metodología compleja y precisa de reuniones, de encuentros; nos indican que de lo que se trata es de preparar un escenario para que se despliegue un diálogo de saberes e intereses diversos, de intercambio de información. Transparentar la información, eso proponen. Nos muestran los avances, las nuevas viviendas, lo que queda por hacer. Aplausos, más aplausos.

Julia, Nati y Edgardo nos ofrecen con generosidad su experiencia en el Barrio 1-11-14. Nos hablan desde una realidad quizá más compleja que la anterior, de una zona de la ciudad en la que conviven ‘villas’ y conjuntos habitacionales gigantes. Nos hablan de la importancia de reconstruir la historia y trayectoria del barrio, del tiempo que les ha tomado ese proceso en un barrio tan especial. En el marco de ese mismo pre-diagnóstico (como nos contaba Graciela) también realizaron un censo, preciso, con participación de vecinas y vecinos del barrio. Con ese nivel de complejidad reinando, el grupo de la 1-11-14 nos deja una duda, un tema espinoso para considerar: ¿hasta dónde abrimos a la participación? ¿los grupos que se manejan al margen de la ley, los poderosos ‘grupos narcos’ y otros, también han de ser invitados al proceso? ¿cómo hacer si no participan? Un tema difícil. Más aplausos, y dudas y agradecimientos.
Gabriela trabaja en TECHO con entusiasmo; lo hace en Argentina, ahora, y lo ha hecho en Ecuador, algunos años. Desde la organización se realza el valor de preguntarle a los referentes de los barrios en qué y cómo desean participar. Agudizar la escucha. Proponen mecanismos diversos: mesas de diálogo, encuestas, consultas, entrevistas. Gaby nos dice que, si el proceso es exitoso, se fortalece la organización comunitaria, y eso contribuirá luego a la concreción de otras mejoras, a nuevas formas de reivindicación, de desarrollo. Nos comparte una experiencia reciente en el barrio Manzanar: una plaza diseñada y construida con participación de vecinas y vecinos. Preciosa experiencia. Aplausos de reconocimiento; sentidos aplausos.

A MODO DE CIERRE:¿Por qué promover procesos de planificación urbana participativa?
La noche nos ganó la partida.
El tiempo programado se estiró y se estiró. Así y todo, nos quedamos con las ganas de seguir conversando.
Se acerca la hora de la despedida; diez de la noche. Va quedando vacía la FADU.
Cómo cierre del encuentro, luego de tanto discutir y analizar la cuestión de la participación, luego de reconocer el valor de la opinión de los destinatarios, de los afectados en cualquier proceso social; luego de reconocer también la complejidad, el tiempo, el esfuerzo y el costo que suponen los procesos participativos, un pregunta: ¿por qué es, en última instancia, que vale la pena abrir el espacio a la participación en las políticas y proyectos de planificación de la ciudad?
Varias respuestas, cortas, directas, precisas, potentes:
Gaby nos dice: por la importancia de generar la unión de mundos muy distintos
Jonatan, asegura: es por la dignidad de las personas.
Flor, convencida: porque es un derecho de cada ciudadana y ciudadano decidir y apropiarse de la ciudad en la que vive.
Martín matiza y propone: porque necesitamos poner en tensión los intereses en pugna y permitir la construcción social de la ciudad.
Julia, desde una mirada más antropológica, señala: para generar intercambio de saberes; para crecer juntos, reconociéndonos.
Edgardo, directo: para generar una oportunidad distinta, para alcanzar un resultado distinto.
Y Nati, concluye la ronda diciendo que: se trata de la posibilidad de disputar poder, de que quienes no tienen acceso a bienes y a servicios dignos, disputen poder para alcanzarlo.
Se cierra la jornada entre aplausos y risas y cierto cansancio, también. Traspasamos las diez de la noche; casi cuatro horas de debate, discusiones, relatos, experiencias, anhelos, propuestas.
Compartimos en la última página de la reseña algunas imágenes de la reunión. Y compartimos como últimas palabras de este texto, un nuevo y sentido agradecimiento a quienes generosamente formaron parte del encuentro. ¡MUCHAS GRACIAS!

Información enviada por: Felix Bombarolo - Septiembre 2018
Foto: Felix Bombarolo
Libro presentado: Investigación diagnóstica con enfoque participativo (Ver contenidos)


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