¿Quién quiere ser directivo? Una reflexión de Ruth Harf

A partir de una serie de preguntas que interpelan a quienes se desempeñan en equipos de conducción o tienen entre sus planes acceder a un cargo directivo, la autora propone reflexionar acerca del rol y resignificar viejos problemas para generar alternativas fructíferas en el campo de la gestión.

Entrevista a Graciela Frigerio
Extraído de la Revista Novedades Educativas nº290 > Disponible en Biblioteca Digital

Entre deseos y demandas
¿Cuándo dirigir una institución es deseo, demanda, necesidad, respuesta? ¿De quién? ¿Para quién?
Y sigamos haciendo preguntas "incómodas":
- El directivo, ¿Busca ser directivo? ¿Siente una demanda, un "llamado", compromiso? ¿Lo necesita (laboral, profesional o personalmente)? ¿Cree que puede brindar respuestas?
- Los “dirigidos”: ¿Desean ser dirigidos? ¿Demandan una dirección porque suponen que "así debe ser"? ¿Necesitan del apoyo y conducción de un directivo? ¿Sienten que es o puede ser una respuesta a sus problemas?

Y con esto ponemos la mirada no solo en un cargo sino en los directivos como sujetos y en los docentes como sujetos. Tenemos en cuenta que las relaciones en una institución son entre personas, pero siempre en función de los cargos y roles que ocupan o desempeñan.

Podemos preguntarnos: ¿qué nos lleva a ser directivos? Y la respuesta no es simple: no es un camino, un derrotero inevitable. Se toman decisiones, y no son solo decisiones profesionales, sino decisiones vitales, decisiones de vida. Cuando preguntamos a los docentes y futuros docentes: ¿Qué los lleva a ser docentes?, las respuestas más habituales son: "me gustan los chicos", "la carrera es corta", "es más fácil conseguir y conservar el trabajo". "quiero ayudar a formar individuos", etcétera.

Pero las respuestas de directivos y futuros o probables directivos no son del mismo tenor: "si bien me gustan los chicos, yo no estoy en contacto periódico con ellos, a menos que se presenten situaciones problemáticas", "la carrera para ser directivo, como tal, todavía no existe, hay cursos, concursos, licenciaturas, diplomaturas y posgrados; pero no son todavía condición sine qua non"; "no se puede considerar ni corta ni larga la formación"; "conseguir trabajo no es tan fácil, ya simplemente teniendo en cuenta la variable numérica: la proporción entre docentes y directivos necesarios en las instituciones educativas: 20 a 1, 200 a 1, etc.", "No formo individuos de un modo directo: apoyo a personas que sí están directamente involucradas en la formación de otras personas".

También podemos encontrar otras respuestas posibles (incluso cínicas e irónicas) "ya me cansé de estar en la sala, grado o división", "quiero tener más reconocimiento social", "es subir de categoría", "¿más sueldo?"

A esto le correspondería una contracara. Frente a la pregunta: "¿Por qué no ser directivo?", aparecen respuestas como "no me gusta dar órdenes a mis pares"; "es un trabajo más burocrático que pedagógico", "estoy más en evidencia", "todo recae sobre mí", "significa demasiada responsabilidad civil, y penal".

¡Qué difícil es brindar herramientas para responder o para transformar las preguntas! No siempre es buscar respuestas, a menudo se trata de redefinir preguntas, y así, resignificar problemas y pensar en posibles alternativas de abordaje.

Deseos y demandas de directivos y docentes: ¿una relación posible?
Cuando un educador decide "apuntarse" como futuro y posible director, sus motivaciones pueden ser múltiples y diversas: podrán comenzar de un modo quizás ingenuo o excesivamente idealista; individual o colectivo y comunitario; pero a lo largo del tiempo se da cuenta que la idea no es manejarse con posturas antagónicas, en las cuales hay que elegir uno de dos estados opuestos, sino que son "pares dialógicos", y por lo tanto, "dialogan" entre sí: a veces predomina una "voz" y otras veces la otra "voz", dependiendo de la circunstancia, ya que el contexto y nosotros mismos somos complejos y variables, no estáticos y simples.

Como directivos podemos vernos desde una perspectiva más individual o más colectiva, más incluida e incluyente, como entidad singular y/o como parte, componente, elemento de un sistema.

Estos dos aspectos no se anulan entre sí, no son contradictorios ni incompatibles. Siempre estamos y estaremos involucrados en situaciones que nos alteran, que nos afectan, pero esta alteración, esta afectación actúa a veces sobre mi dimensión individual, particular o singular y a veces sobre mi dimensión colectiva, grupal.

Los objetivos son, por lo tanto, al mismo tiempo individuales y colectivos, singulares y sociales. Si uno de los polos anula al otro, todos pierden: el directivo y la institución con todos sus integrantes. Los objetivos se constituyen simultáneamente en rumbo, dirección y señalizaciones en el camino.

Las relaciones que se pueden establecer entre los directivos y los Otros es intersubjetiva, no sólo porque es entre sujetos, sino porque es entre sujetos que tienen su subjetividad, sus características y su experiencia.

Considerar la diversidad en la relación intersubjetiva es entender al Otro "desde" el Otro: es un Otro para mí y yo soy un Otro para él.

Es necesario que nos demos cuenta que para establecer una relación fructífera (con divergencias y desacuerdos incluidos) se debe apelar a la idea de que los roles complementarios requieren saber de qué se trata cada uno de los roles, qué es lo esperable del rol y de la persona que ocupa y desempeña dicho rol, y que esto no depende solamente de las características personales.

Los docentes han aprendido en su formación del profesorado qué es un docente, qué es enseñar y cómo se enseña, qué es un alumno, qué es aprender y cómo se aprende, qué es una institución; pero no se ha dedicado sufi ciente esfuerzo todavía a enseñar a los futuros docentes qué es un directivo, en qué consiste ser directivo, qué puede esperar y demandar de él un docente.

Como necesitan saber a qué atenerse, llenan estos huecos de ignorancia, los “no saberes” con mitos, supuestos, representaciones, prejuicios, experiencias personales, etc. Hasta tal punto que en algunas circunstancias se ha escuchado que un docente, al comentar el “excelente director” que tuvo o tiene, lo menciona con asombro, hasta poder insinuar que es “la excepción que confirma la regla”.

En realidad, más que saber qué es un director, lo que se necesita saber es cómo se caracteriza una relación profesional directivo-docente.

Ser director es un compromiso, ¡no un casamiento! El director se compromete con la educación en general, con la sociedad, con los docentes, con los padres y con los chicos. Además se compromete con su familia y, especialmente, con él mismo.

Autora: Ruth Harf (Ver perfil)
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