Interdisciplina, hoy

Por Marcelo Viñar. En su nueva obra, el psicoanalista uruguayo se pregunta desde los bordes de lo psíquico y lo social: ¿cómo nos cambia un mundo que cambia?, ¿qué desafíos inéditos se presentan en la clínica y la reflexión psicoanalítica en los tiempos actuales?

Un nuevo libro sobre psicoanálisis en la actualidad
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En los paradigmas de la modernidad se tenía la convicción de que el progreso del conocimiento partía de que un campo disciplinario pudiera definir con precisión el territorio y la frontera de su método y de su objeto. Para los psicoanalistas, este objeto son los procesos psíquicos inconscientes y la causalidad fantasmática.

Salirse del territorio era calificado como impostura. Uno de los subproductos tóxicos de aquella perspectiva fue desestimar la multicausalidad de un sinnúmero de fenómenos y creer que nuestro método o enfoque era capaz o podía develar la causa princeps de los fenómenos observados. Por ejemplo, el hombre es el conjunto de sus relaciones sociales, decían los marxistas; es el producto de la conciliación entre sus pulsiones y sus constelaciones identificatorias, decíamos los psicoanalistas...

Exagero, pero no mucho, para poner de manifiesto totalizaciones dogmatizantes más religiosas que científicas y para subrayar -en las antípodas- trayectorias o itinerarios como los de Freud o Barrán, cuya articulación entre los hechos y la especulación, entre la semiología de lo observado y la organización de su inteligibilidad fue siempre paso a paso, minuciosa, cuidadosa, pautada con incertidumbres y reverberaciones autocríticas.

La regla de oro del método freudiano (“Diga todo lo que le pasa por su mente, aun lo que le parezca nimio, impertinente o soez”) parece de una simplicidad rayana en la tontería. Yo desafío al que así piense a que emprenda la aventura durante un tiempo suficiente como para percibir sus asperezas y violencias, y los caminos inesperados e inéditos que va abriendo... Con esa fuente, los psicoanalistas creamos nuestro campo de observación, viviendo participativamente “el caos salvaje de lo íntimo”, como lo llamaba Barrán, pero protegidos por el compromiso de confidencialidad y la promesa de que las pasiones eróticas o violentas que se desatan en la sesión estarán protegidas por la renuncia formal y la puesta en suspenso del cuerpo erótico y de acción.

Sumergidos largas horas en la cotidianidad de nuestro oficio, asumimos que lo que allí ocurre proviene del dispositivo que hemos desencadenado y puesto en marcha y que todo sucede como expresión única, singular y exclusiva del sujeto en presencia y de sus experiencias tempranas. El asombro, en la lectura de Barrán, fue descubrir cómo la mirada y el método del historiador de la sensibilidad ensanchan y enriquecen la lectura de lo que ocurre en un proceso psicoanalítico. Cómo aquello que vemos como única y exclusivamente determinado por una causalidad endopsíquica y que buscamos explicar con los recursos y conceptos de la causalidad inconsciente está teñido e influenciado por las creencias y prejuicios, por los silencios y prohibiciones de culturas actuales y pretéritas.

Ampliación de perspectiva que no contamina la pureza de nuestra observación, como antaño se argumentaba; que no amenaza la especificidad de un trabajo psicoanalítico, sino que invita a conjugar y eventualmente a anudar las determinantes individuales y colectivas en aquellas facetas de la condición humana que son las más difíciles de explorar: el vicio, la virtud, la genealogía de los ideales y de las prohibiciones. En suma, las opciones sucesivas cuya sumatoria configura el itinerario de nuestro destino, de nuestras afiliaciones y rechazos.

En esa tarea tenaz y tediosa de hurgadores de la intimidad más recóndita, la lectura de los textos de Barrán nos descubría senderos e itinerarios insólitos, diferentes o contrastantes de aquellos a los que los seguidores de Freud estamos habituados –y, hasta cierto grado, condicionados–. ¿Qué quehacer no padece la sugestión imitativa de los pares?... Abrir nuevas e insospechadas rutas de comprensión que desafían las habituales y obligan a marcar coincidencias y discrepancias, por lo que ese tipo de confrontación es siempre saludable.


Fuente: Fragmento extraído del libro "Experiencias psicoanalíticas en la actualidad sociocultural" (Ver contenidos)
Autor: Marcelo Viñar (Ver perfil)

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