Educación por la paz y trabajo cooperativo

Educación por la paz y el trabajo cooperativo

La práctica de la filosofía en la escuela puede contemplarse como una educación para la paz. La filosofía exige argumentación, palabras, matices, comunicación.

Entrevista a Graciela Frigerio
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Como manifestó Gilles Vignault: “el problema de la violencia es la escasez de vocabulario”1. Creemos que no iba desencaminado. La violencia empieza cuando se acaban las palabras o cuando no hay ocasión de hablar, de contrastar, de expresar, cuando no nos comunicamos como humanos, mediante el habla, cuando no dialogamos, dejando de lado los argumentos razonables y sensatos. Introducir el diálogo en la escuela es ayudar a niños y niñas a dominar las palabras, a resolver los conflictos mediante acuerdos verbales, con cesiones, con argumentos; poco a poco este hábito de hablar, de deliberar en voz alta, de confrontar posturas, va consolidando la idea de que es posible una forma de comunicación pacífica.

¿Qué quieres decir con “x” (palabra o expresión)? Para disolver los malentendidos conceptuales. +info

El hecho de dar voz a los escolares y jóvenes, de favorecer el intercambio, de incentivar la crítica constructiva, buscar alternativas conjuntamente, analizar las problemáticas, acordar conceptos, practicar empatía, y un largo etcétera, es una manera de favorecer un clima de comprensión, un marco distendido, que mengua la agresividad.

Hacer filosofía es dotar a los chicos y chicas de los mecanismos necesarios para convertirse en seres más tolerantes, solidarios, justos, críticos, autocríticos y, ayudarlos a socializarse para ser ciudadanos responsables, respetuosos y reflexivos.

¿Es esto lo que presuponen tus palabras? Para hacerlos reconocer sus prejuicios. +info

Como ejercicio debe ser continuado y sistemático y debe poder mostrar las ventajas frente a una actitud violenta, siempre en guardia, irracional, y a menudo incontrolable. Ello no quiere decir que los chicos y chicas no deban pasar por momentos de frustración. En las relaciones humanas hay aspectos que no se resuelven de una vez por todas, hay ciertas actitudes tenues, ambiguas, recelosas, etcétera. Pero solo asumiendo este riesgo podremos llegar a una posición más flexible, razonada y, por ende, más amable.

La actividad filosófica con jóvenes es un paso más hacia la formación de individuos más capaces de pensar en común. Es en este “pensar común” que aprenden a participar en un diálogo que presta una importancia fundamental a lo que los demás piensan. ¿Y no es sobre la base del conocimiento mutuo que se consiguen los acuerdos de paz duraderos? Aprender a dialogar entrena a las personas a ser más respetuosas con la dignidad humana y siendo así, es más probable que adopten una actitud razonable frente los conflictos.

¿Crees que si todo el mundo pensara igual, sería mejor? Para sacarlo de sí mismo, universalizarlo. +info

El papel del facilitador que adopta el que enseña, desde esta perspectiva supone el avance del diálogo con la garantía de un ambiente amable y relajado, que evidencia el derecho de toda persona a ser escuchada.

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz (art. 26, apart. 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

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El respeto hacia los otros que promueve la práctica de la filosofía refuerza el papel de la educación por la paz. No se trata solo de hablar sobre la paz y condenar la violencia, sino de vivir en la propia piel situaciones de paz y percatarse que son posibles y deseables, mientras que las violentas son negativas, hacen siempre daño a alguien, o a todos los implicados, y no solucionan nada. La educación por la paz debe ser un aprendizaje directo, una experiencia personal y a la vez compartida.

Trabajo cooperativo

Dos autores de referencia, los hermanos David y Roger Johnson, ambos psicólogos sociales, han definido el trabajo cooperativo como aquella situación de aprendizaje en la cual los objetivos de los participantes están estrechamente vinculados, de tal manera que cada uno de ellos “solo puede lograr sus propios objetivos si y solo si los demás consiguen consiguen lograr los suyos”. En la cooperación el éxito de uno depende del éxito de los demás, se trabaja uniendo esfuerzos y aprovechando los diferentes talentos de cada miembro del grupo. Se diferencia de la competitividad porque, cuando competimos trabajamos de forma independiente y aislada para lograr un objetivo antes que otro.

Aprender cooperativamente supone que cada uno aprende más de lo que lo habría hecho en un contexto individual, a causa de las interacciones que se dan en el grupo. Por todo esto el aprendizaje cooperativo estimula las capacidades individuales y ayuda a superar resultados que individualmente no se lograrían. Mejora el rendimiento de todo el alumnado.

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La diferencia del simple trabajo en grupo y el trabajo cooperativo es que en grupo cada uno saca provecho, pero en el cooperativo todo el mundo saca provecho de todos. Se crea una interdependencia que genera lazos de compromiso y solidaridad entre los miembros del grupo.

Además de las ventajas académicas, la práctica de la enseñanza cooperativa incrementa la responsabilidad de los grupos y la conciencia de la participación en el propio aprendizaje. Refuerza la idea de comunidad y cada uno asume la propia responsabilidad.

También se suele describir una mejora de la autoestima y la integración del alumnado. El hecho de proponerse un proyecto común potencia el desarrollo de habilidades comunicativas interpersonales, como la negociación y la toma de decisiones.

Compartimos este video que nos envía Irene de Puig para la presentación de su libro.

 

Fuente: Aprender a pensar (Ver contenidos)
Autora: Irene de Puig (Ver perfil)


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