Frigerio, Korinfeld, Rodríguez y otros

Aportes y consideraciones sobre clínica e instituciones

Por Daniel Korinfeld. Para quienes escuchando se van orientando en su caminar...

Graciela Frigerio y equipo presentan...
Conocé los 3 volúmenes de esta serie de libros sobre OFICIOS DEL LAZO > Más información

La relevancia del desafío de seguir pensando una perspectiva clínica para los oficios del lazo, el esfuerzo por dar cuenta de esta perspectiva, apunta a construir un marco de referencias que permita tomar posición con respecto a las nuevas demandas y urgencias que plantean las transformaciones subjetivas en estos tiempos. Quienes desarrollan sus prácticas en instituciones de educación y de salud, en tareas vinculadas con la protección de derechos de niños, niñas y adolescentes, o realizan actividades de trabajo social, constatan las dificultades que muy frecuentemente se encuentran en el trabajo articulado entre disciplinas, instituciones, sectores. Estas notas, con sus criterios y coordenadas, pueden aportar a la configuración de unos puntos de partida, una posición y una mirada en común.

Los oficios del lazo. No se definen por el título resultante de una formación ni por un diploma obtenido, sino por el modo de asumir ciertas responsabilidades, de plantear intervenciones. Frigerio, Korinfeld, Rodríguez (coords.) +info

Pero ahora es importante planteamos una primera objeción: ¿proponemos una perspectiva clínica, cuando hemos criticado la impregnación que la clínica médico-psicológica ha tenido en diversas instituciones sociales en su función de normalización y control? Para decirlo mejor: cuando ha sido constitutiva y ha conformado en parte sus presupuestos básicos positivistas y liberales. Quizás el campo de la educación sea aquí paradigmático de lo que estamos señalando; desde su origen y a lo largo de su historia, lo nutrió e intervino una lógica médico-psicológica, orientando sus lineamientos y operando en los procesos de clasificación, selección e individuación. Y, precisamente, hoy observamos una intensificación de los efectos de psicologización y patologización (de la mano de recicladas teorías biologicistas - reduccionistas), algo que es posible constatar en innumerables experiencias y prácticas pedagógicas.

La educación como tarea imposible. Juan Fernando Pérez (Capítulo 2) +info

Venimos interpelando la presencia más o menos subterránea del modelo médico hegemónico en sus relaciones con las prácticas sociales, la invasión, la colonización y asimilación de un discurso médico psicológico que persiste y encuentra ecos en los prestigios que tienen el saber y la eficiencia de la medicina y la promesa de las psicologías, en las prácticas de educación en particular –pero que alcanzan a un amplio espectro de prácticas institucionales– y funcionan al servicio de la normalización y diversos modos de segregación. Una suerte de colonización de la vida cotidiana y de la propia escena pedagógica cuyos efectos apuntan a la individualización de los sujetos.

Sabemos del lugar y de los efectos que el discurso médico ha tenido y tiene en los modos de pensar y actuar en las instituciones, y de su incidencia en la vida cotidiana de las personas. En la actualidad –bajo nuevas formas hegemónicas en el campo profesional, con sustento en el campo del poder político y económico, con importante difusión en el sistema de los medios de comunicación y alta pregnancia en la sociedad– observamos cómo se incrementa la tendencia a psicologizar las problemáticas sociales. Crece la medicalización de la vida cotidiana cuando se instala en el centro de la escena social, mediática, y se insiste con las neurociencias en la formación de agentes de educación y de salud. El cerebro se propone como explicación y solución a todos los problemas y a todos los males, constituyéndose en un verdadero fetiche.

Cómo intervenir en situaciones extremas. Resonancias del suicidio en la escuela. Dany Levy (Capítulo 6). El abrigo, el desahogo y la flecha emprendedora. Débora Kantor (Capítulo 5) +info

Entonces, cuando decimos “perspectiva, mirada, enfoque clínico, una sensibilidad clínica” y presentamos estas variantes para su discusión, incluso cuando proponemos pensar por caso, cuando queremos deconstruir una demanda institucional a partir de los casos que nos presentan, ¿entramos en contradicción con lo que venimos sosteniendo?

En principio, insistir con el concepto de clínica como una modalidad para pensar e intervenir en las instituciones no es sin dar cuenta de sus tensiones y los riesgos que presenta –algo que vale para la mayoría de las nociones y conceptos que utilizamos para pensar e intervenir–.

La clínica a la que nos referimos se fundamenta y se orienta de una manera muy diferente. Advertidos acerca de la eficacia del linaje médico de toda clínica, avanzaremos asumiendo estas tensiones y riesgos.

Foucault (1999, p. 277) planteó el lugar fundamental de la medicina (y la clínica) en la arquitectura del conjunto de las ciencias humanas: “Más que otra, está ella cerca de la estructura antropológica que sostiene a todas” afirmaba. Antes de formular las bases de lo que será la Biopolítica, este autor escribía que “el pensamiento médico está comprometido por derecho propio en el estatuto filosófico del hombre (íbid, p. 288) y allí incluía desde Bichat hasta Freud. Al registrar ese origen común de las antiguamente llamadas ciencias del hombre, cuando decimos una clínica –una clínica en las instituciones– lo hacemos recuperando y a su vez transformando su sentido original. Retomamos los sentidos originales de la palabra si recordamos su etimología: aquello que se aprende y se conoce al pie del lecho (cama: klinê) del que padece. Es decir, el itinerario de una experiencia, la producción de un saber sostenido en un compromiso con el sufrimiento del otro. Junto con Ulloa decimos que se trata de una clínica desmedicalizada, despsicologizada, que también se desmarca en ciertos aspectos de los términos en los que opera en el dispositivo de la clínica psicoanalítica individual.

Instituciones: saberes en acción. Entre ejecutantes e intérpretes de los oficios del lazo. Graciela Soler (capítulos 8) +info

Una perspectiva clínica es convocada cuando lo que está en juego es una experiencia de insuficiencia. Aquello que no hemos podido dominar, ni determinar; una vivencia singular e intraducible, y ello no es algo que atañe solo uno por uno. Aunque su efecto sea singular, tiene ecos, reflejos, diversos efectos en el colectivo.

Una perspectiva clínica es un modo de interrogar formas cristalizadas, dominantes de pensar y de actuar; busca atravesar un conjunto de presupuestos, una suerte de axiomas arraigados (modelo médico hegemónico y discurso médico; discurso de la pedagogía tradicional) transmitidos, transfundidos en las matrices de subjetivación, en la misma formación de la disciplina y del oficio, en la propia vida cotidiana de las instituciones. El pensamiento como suspensión automática de las reglas, nos recordaría Frigerio, evocando a Hannah Arendt.

Oficios del lazo: conflictos de saberes. Resonando hacia una fragilidad común. Rafael de Piano (capítulo 9) +info

En las instituciones, conmover estos modos hegemónicos de pensar y de actuar requiere de una mirada clínica, tal como queremos fundamentarla, dispuesta a pensar aquello no pensado. Foucault (1999, p. 15) sostenía que lo que cuenta en los pensamientos de los hombres no es tanto lo que no han pensado, sino lo no pensado que desde el comienzo del juego los sistematiza, haciéndolos indefinidamente accesibles al lenguaje para el resto del tiempo y abiertos a la tarea de pensarlos de nuevo.

“Aquello que está sistematizado desde el comienzo del juego”, afirmaba Foucault; pero, ¿qué mecanismos lo regulan y qué supuestos lo sostienen? Mencionaremos a algunos de ellos que, entrelazados entre sí, están presentes en las prácticas, configurando lo no pensado.

El reduccionismo que implica la naturalización y esencialización de los hechos, la negación de la historia y de la multiplicidad de dimensiones intervinientes y los procedimientos de normalización de los sujetos los veremos en las consideraciones que desarrollaremos a continuación. Subrayemos ahora cómo intervienen en la naturalización de las jerarquías como constitutivas de los lazos sociales. En plena sintonía con la estructura y el funcionamiento social, identifica asimetrías o imparidad con jerarquías y relación de subordinación. La arbitrariedad, el sometimiento y la dependencia son riesgos inherentes a toda práctica social en la que se juega lo que podríamos denominar una subordinación técnica, en la relación médico-paciente, educadorestudiante. Aunque con conflictividad creciente, sigue persistiendo como un no pensado, naturalizado el modo de lazo y el dispositivo institucional en el que se despliega, sus conflictos son frecuentemente racionalizados como anomalías que propicia la época o patologías individuales. No solo se resiste a ser pensado en tanto relacional y, por lo tanto, conflictivo, sino que se invisibiliza el eje dependencia-autonomía y se distorsiona la propia práctica cuando se prioriza la operatividad en detrimento de la singularización.

Un gran equipo que representa al movimiento psicoanalítico internacional. Juan Fernando Pérez (Colombia) - Jorge Broide (Brasil) - Ana Hounie (Uruguay) - Laurence Cornu (Francia) y especialistas de Argentina. +info

Y destaquemos también un no-pensado que sostiene el ideal de “La Ciencia”; nos referimos a las prácticas que se identifican ideológicamente de manera absoluta con la racionalidad científica hegemónica. Fundamentalmente, se trata de una ideología que deposita exclusivamente el saber en los especialistas, niega el terreno científico y teórico como un campo de debates y disputas, excluye otras perspectivas científicas y otros saberes que apelan a otras racionalidades y niega, a su vez, el saber de las comunidades y los sujetos en singular.

A continuación, proponemos una serie de consideraciones conectadas entre sí, que buscan fundamentar una perspectiva clínica, cuestionando los supuestos y mecanismos presentes en las prácticas que configuran lo no pensado. Entre los autores que nos van a acompañar, tres de ellos fueron elegidos por nosotros por lo que consideramos el valor clínico de sus escritos y sus testimonios: August Aichhorn, Janusz Korczak y Fernand Deligny. Ellos, desde sus diferencias, hablando y escuchando palabras (y silencios) se orientaban en su caminar. Tres practicantes con formaciones muy distintas, que en su tiempo establecieron relaciones muy diferentes con el psicoanálisis, sostuvieron lo que podemos denominar un enfoque clínico en su mirada y en su posición en las instituciones que crearon o por las que transitaron. Una posición, un compromiso singular en el encuentro con la infancia y la adolescencia.

Una perspectiva clínica en las instituciones implica...
- El reconocimiento y registro de la existencia de lo inconsciente.
- Propone una mirada bien diferente respecto de lo normal y de lo patológico.
- Requiere de ciertos dispositivos que tienen a la palabra en un lugar central.
- Requiere del trabajo en torno a la implicación del que “hablando y escuchando palabras se orienta en su caminar”.
- Sostiene la imparidad de cada sujeto y sabe de las tensiones que conllevan las relaciones siempre complejas entre el sujeto y la institución.-
- Instala otra dimensión del tiempo, sostiene una relación “incómoda” con las anticipaciones, con los planes y los objetivos fijos e inamovibles.

Continúa...

Fuente: Extraído del libro "Instituciones: saberes en acción..." de Frigerio, Korinfeld, Rodríguez y otros (Ver contenidos)
Autor fragmento: Daniel Korinfeld (Ver perfil)


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