¿Qué implican las pedagogías de la punición?

Por Gabriel Brener. Algunas ideas críticas sobre las estrategias de control y evaluaciones en la escuela

NUEVO LIBRO de Colección Universidad
Encontrá el libro coordinado por Gabriel Brener, Gustavo Galli y Marcela Martinez. > JUDICIALIZACIÓN DE LAS RELACIONES ESCOLARES

La desconfianza como combustible cotidiano justifica procedimientos administrativos y de control por sobre estrategias de participación y deliberación. La competencia parece cotizar más alto que la cooperación y todo esto es tierra fértil para naturalizar un clima de darwinismo educativo en el que cada cual juega su juego, se enaltece el esfuerzo individual como única fuente de crecimiento. Y el mérito se presenta como un asunto absolutamente despojado de las condiciones que lo hacen factible. Un desprecio por lo colectivo que se reemplaza con la retórica del "trabajo en equipo" en tanto exigencia exclusiva del mercado, simulando respeto a lo diverso donde se impone una única versión y promoviendo contactos efímeros, de escasa implicación. Más en sintonía con el impacto y velocidad de lo que dura un producto en el mercado que de una construcción cooperativa con intención no solo de pasar sino de sentirse parte y estar.

Estamos en presencia de una subjetividad mercantil e individualista donde los esfuerzos no parecen estar ligados a la construcción de convivencia más democrática y plural en la escuela, promoviendo espacios institucionales deliberativos para resolver situaciones conflictivas, con la intención de mejorar la capacidad de escucha y diálogo, o de hacer de los límites un asunto crucial del vínculo pedagógico. Lo que comanda es el temor hacia una alteridad amenazante y por tanto se imponen otras prioridades en las decisiones de gobierno educativo, tanto para una escuela como en el diseño de acciones de un municipio o una provincia. Hace algunos años existen iniciativas que promueven instalación de cámaras de vigilancia que en un comienzo se planteaban emplazadas en los perímetros exteriores de la escuela, aunque al mismo tiempo se pronunciaban diversas voces tendientes a aprovechar dicha vigilancia para ingresar al interior de las instituciones, proponiendo en algunos casos instalación de cámaras en las aulas, e incluso micrófonos.

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La judicialización escolar adquiere relevancia a través de estos dispositivos tecnoeducativos que en nombre de la seguridad funcionan como estrategias de control y disciplinamiento de diversas situaciones que se perciben como adversas. Podemos agregar otro ejemplo de iniciativas de este tipo relacionado con la promoción del uso de mochilas transparentes17 para estudiantes, para detectar objetos peligrosos, drogas, armas, etcétera. Una tecnología de la vigilancia escolar que permite transparentar un estado de requisa permanente. Sentirse vigilado todo el tiempo sin saber quién ni desde dónde te vigila. Aquel panóptico de Bentham de la arquitectura moderna que Foucault (1975) explicaba en Vigilar y castigar, se renueva en una versión portátil y transparente.

Por otra parte, la judicialización de las relaciones escolares descansa en concepciones de falsas opciones binarias, como cuando se explican problemas de convivencia o más precisamente situaciones de agresiones solo bajo la lógica de víctima y culpable. Se activa allí toda una operación pedagógica de reducción de la complejidad que constituyen diversos problemas escolares, simplificándolos, vaciándolos de sentido y contexto, y alimentando estrategias punitivas, como únicos y mejores modos de solución.

En una provincia de la región cuyana de nuestro país, han propuesto y desarrollado un programa que denominaron escolaridad protegida, como propuesta para el abordaje de situaciones excepcionales, para separar de la escuela al estudiante que manifieste problemas de conducta, quien solo podría vincularse con la escuela en forma virtual y/o a través de un "profesor enlace", con la intención de mejorar la convivencia. En la argumentación de dicha iniciativa, una alta funcionaria educativa sostenía que "nos hemos ocupado mucho de estos chicos y ahora hay que ocuparse del resto".

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Lo que pone de relieve el mismo nombre de este programa no es la condición de protección de la escolaridad sino la construcción de un otro amenazante, y su separación como única forma de solución. Una demagogia punitiva que vuelve sobre aquella idea de escuela santuario de un mundo ideal, alejada y distante del contexto del que forma parte, eficaz en algún momento (para algunos sectores de la sociedad), pero que ya no porque han cambiado las coordenadas de época, escuela que ya no es el monopolio de la transmisión ni de los saberes, ni de la cultura sino una institución más, sin duda vertebral, que debemos intentar que se legitime en el desafío de hacer un lugar para vivir (mejor) y ensayar otros modos de estar con los demás, y no la continuación de la desigualdad por otros medios, esa anticipación cantada de frustraciones que algunos explican como falta de mérito o de esfuerzos.

Dispositivos que se acomodan fácilmente a un sistema centenario que ha hecho del disciplinamiento todo un arte, y de las normas y reglamentos casi un deporte transformando a lxs adultxs escolares en atletas de la vigilancia.

La prédica actual que pondera a la evaluación como la única forma de solución a todos los problemas de la escolarización nos ayuda a comprender el papel que se les atribuye a los diversos operativos de exámenes estandarizados (centralmente desde las oficialidades educativas neoliberales y una amplificación mediática como nunca antes). Las evaluaciones se erigen como casi única prioridad del Estado en educación, en tanto es el único componente que ha aumentado en el presupuesto del erario público en el área mientras que todos los demás disminuyen en forma sustantiva. La evaluación reducida a una obsesión resultadista como discurso hegemónico imperante constituye otro dispositivo para el disciplinamiento de cada sujeto e institución escolares.

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La escuela parece trocar su rol estratégico en la construcción de ciudadanía democrática por el de un centro competitivo de alto rendimiento escolar, con docentes que se denominan "aplicadores" de los "test for export", despojados allí de su condición de sujetos que construyen sus decisiones y, por otro lado, estudiantes o, mejor dicho, respondedores seriales de ejercicios multiple choice. Más adelante ampliaremos en torno a esta cuestión y su estrecha relación con estos procesos escolares de judicialización.

Continúa...

Fuente: Extraído del libro "Judicialización de las relaciones escolares" (Ver contenidos)
Escribe: Gabriel Brener (Ver perfil)


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