RECOMENDACIONES PARA LA UNIVERSIDAD: Sobre la respuesta de examen parcial y la monografía

¿Cómo evaluar al grupo de estudiantes? ¿por qué es fundamental la lectura y la escritura en los procesos de estudio? Nos proponemos introducir brevemente los rasgos de dos géneros muy solicitados.

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Sobre la respuesta de examen parcial

Es frecuente que en diversas instituciones los profesores de las distintas materias evalúen los conocimientos que el estudiante adquiere en la cursada a través de exámenes parciales. Estos podrán ser, según el criterio del docente, de elaboración presencial o domiciliaria, escritos u orales. En este punto, nos dedicaremos a señalar algunos aspectos significativos del examen parcial presencial escrito.

El examen parcial presencial consiste, por un lado, en una consigna de carácter instruccional efectuada por el docente y, por el otro, en la respuesta desarrollada por el estudiante, quien acredita así su saber sobre temas trabajados en clase. De allí que sea fundamental realizar previamente un estudio profundo e intenso de la bibliografía seleccionada, de las clases teóricas y de cualquier otro material relevante incluido por el profesor.

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La complejidad de este género estriba en que en un tiempo, por lo general, limitado se precisa responder diversas consignas en las que el estudiante debe procurar construir un enunciador experto, familiarizado con determinados conocimientos. En este tiempo, debe relacionar así una gran cantidad de información de una manera ordenada, empleando un registro formal y siguiendo las pautas de un escrito académico. Por este motivo, la lectura precisa de las consignas y la planificación de las respuestas en función del tiempo son dos estrategias primordiales que el estudiante necesita considerar.

En primer lugar, para una resolución adecuada del examen es fundamental la lectura detenida de las consignas. En efecto, en los parciales el docente puede solicitar respuestas de tipo expositivo-explicativo (debemos señalar que estas son las más comunes) y/o respuestas de tipo argumentativo. Por ello, el estudiante necesita distinguir cuál es la operación discursiva que se le solicita a partir de leer con atención el pedido realizado. De esta forma, no responderá de la misma manera a las consignas de “desarrollar”, “comparar”, “exponer”, “definir”, “enumerar” que a las de “justificar” y “argumentar”. En ambos casos, aunque opera de modo diferente, el uso y manejo de la polifonía es un aspecto esencial en el escrito. En segundo lugar, es muy importante poder organizar las respuestas en función del tiempo otorgado.

En muchos casos, es recomendable responder primero las consignas que preguntan por temas que al estudiante le resultan más sencillos o que domina mejor y responder en última instancia aquellas que requieren una mayor complejidad. Bosquejar un esquema de las respuestas contribuirá a la claridad y favorecerá la lectura del docente. Es necesario, finalmente, emplear un estilo académico y destinar un tiempo específico, previo a la entrega, para la autocorrección.

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Sobre la monografía

La monografía es un género muy frecuente en los ámbitos de formación académica, ya que su elaboración familiariza al estudiante con el proceso de investigación. En efecto, en muchas materias y/o seminarios se requiere presentar, como evaluación final, una monografía sobre algún tema vinculado al programa del curso. La complejidad de este género reside en que su producción no solamente involucra un trabajo enérgico de rastreo bibliográfico, selección de materiales y referencias teóricas, sino también implica conocimientos sobre metodología de la investigación. Este proceso desemboca, finalmente, en la elaboración de un texto relativamente extenso en el que se condensa el trabajo de investigación realizado y en el que se articulan secuencias expositivo-explicativas y argumentativas. Como vemos, la preparación y la escritura de una monografía requieren de tiempo y de un extenso y arduo trabajo intelectual, al que podríamos relacionar con los dos momentos que hemos señalado en el segundo apartado: un primer momento relativo a la planificación del escrito, orientado a la búsqueda, recolección, lectura y análisis de la bibliografía y de los materiales, y un segundo momento de escritura propiamente dicho. Estos momentos no son cronológicos, sino que se superponen en el tiempo. Ya lo hemos afirmado reiteradamente: la escritura produce nuevos conocimientos que pueden conducir a una nueva búsqueda de materiales o a nuevas lecturas.

La monografía nace a partir de una consigna-interrogante que está en relación con las problemáticas abordadas en la materia y/o seminario, que puede ser más o menos específica y que suele incluir, aunque no siempre, algunas pautas de escritura. La monografía será entonces la respuesta a esa consigna-interrogante inicial. En algunos casos, el docente les da a los estudiantes un tema determinado; en otros, estos tienen una mayor libertad de elección. A partir de aquí, es fundamental, como primera instancia, buscar y leer bibliografía pertinente, siguiendo las recomendaciones señaladas en el Capítulo 6, y recolectar y examinar los materiales de análisis, en caso de que los hubiere. Esta primera lectura permitirá comenzar a ubicar posibles ejes de análisis e hipótesis para el trabajo monográfico, que no sean la mera repetición de lo leído. La elaboración de fichas, como también se ha mencionado en el Capítulo 6, es una tarea de mucha utilidad en esta etapa, ya que le permite al estudiante organizar la información y acceder a ella de manera más rápida. En este primer momento, es importante la orientación del docente, para lo cual es recomendable ir realizando entregas o consultas parciales previas a la entrega final. Esta instancia conduce a la elaboración del plan de trabajo.

En un segundo momento, comienza la escritura de la monografía, para lo cual es esencial tener en cuenta algunos lineamientos generales. En primer lugar, la estructura textual: la introducción, el desarrollo, la conclusión y la bibliografía de referencia. El docente suele solicitar también una carátula con todos los datos relevantes y un título. Es conveniente elegir el título del trabajo al finalizar la tarea, dado que en la mayoría de los casos los contenidos abordados son, muchas veces, modificados en función del encuentro con nuevos materiales. La introducción consiste en una breve presentación de la problemática a abordar, de los objetivos a cumplir y de los materiales a analizar. Es en esta parte en la que se enuncia o se enuncian la/s hipótesis/s y se justifica la importancia del tema. Para que el lector pueda seguir con mayor facilidad el recorrido realizado, es útil incorporar un breve párrafo al finalizar la introducción que sintetice y anticipe el modo en que está organizado el trabajo monográfico. Luego, el desarrollo se desglosa en diferentes apartados que permiten ordenar el devenir expositivo-argumentativo. Al ser un escrito extenso, la división en distintas partes colabora con la claridad textual y con el desarrollo de las ideas.

Finalmente, en la conclusión se sintetiza el trabajo realizado y se incluyen las consideraciones finales. Es importante que la conclusión responda a la problemática planteada en la introducción. En este sentido, las palabras con las que el estudiante cierra su escrito deben estar en diálogo con aquellas que lo abrieron.

La bibliografía final debe seguir las pautas que especificamos en los otros capítulos. Un segundo aspecto a tener en cuenta está en relación con los argumentos empleados. Este es un punto clave en el despliegue monográfico. En este sentido, es importante que aquello que el escrito sostiene esté siempre fundamentado de manera adecuada, a través de argumentos sólidos y pertinentes.

Como hemos destacado anteriormente, los autores que se citan para justificar o apoyar la posición que se defiende en el trabajo deben ser autores legitimados dentro de la disciplina. Las afirmaciones, entonces, que no se pueden probar o que no se pueden respaldar con argumentos precisos deben ser evitadas en este tipo de escrito.

Por último, señalamos otros aspectos vinculados con lo desarrollado en este manual y, particularmente, en este último capítulo. Es esencial que el estudiante-escritor demuestre experticia en el uso del lenguaje académico y, a su vez, en el vocabulario especializado y en el método de investigación propios del campo del saber en el que se inscribe su trabajo. Por lo tanto, ser cuidadosos y atentos en el modo en que se construyen el enunciador y el enunciatario, en que se emplea la polifonía, en la organización textual, en la cohesión y en la coherencia expositiva, en las cuestiones de normativa, como en todos los aspectos mencionados en este manual, sin relegar el empleo de la terminología pertinente y los procedimientos de análisis es una recomendación a considerar para lograr un buen trabajo.

Ejercicios, prácticas y conceptos teóricos

Como sabemos por nuestra experiencia, transformar los modos de vincularse con la escritura, la lectura y el estudio no es una tarea simple; por el contrario, pone en juego un conjunto complejo de aspectos que inciden, en mayor o en menor medida, en nuestras prácticas.

Ciertamente, el ejercicio constante de la escritura y la lectura, así como el ensayo de diversas maneras de organizar el estudio son aspectos fundamentales. Estas conforman, pues, una parte importante del trabajo. Ahora bien, tal como las entendemos, estas prácticas no implican la reiteración mecánica de una forma estandarizada –escribir, por ejemplo, una y otra vez un texto breve que responda al formato “respuesta de parcial”–, sino un proceso de reformulación y transformación paulatina, de revisión y reflexión sobre las palabras, las estructuras lingüísticas y las formas enunciativas que hilvanan esos textos. Y hay en ello un aspecto que, como ya hemos sugerido, es relevante: las ideas que tengamos sobre la escritura, sobre la lectura y sobre el estudio tienen efectos materiales. Esto significa que no solo es importante la ejercitación; también es importante, a medida que se avanza, ir horadando esas ideas que representamos en el apartado anterior: “no puedo escribir”, “me cuesta estudiar porque no tengo memoria”, “nunca voy a entender esto”, “con leer una vez me alcanza”.

Fuente: Este fragmento fue extraído del libro "Manual para estudiar textos académicos". (Ver contenidos)
Escriben: Mara Glozman,  Karina Savio


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