Formatos posmodernos del patriarcado

En el libro "Ser varón en tiempos feministas" se indaga la sexualidad, los vínculos de pareja y la paternidad de varones de entre 25-45 años.

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PARA PENSARNOS ENTRE EL CONFLICTO Y EL CAMBIO

La noción de patriarcado suscita aún profusos debates. Una parte del feminismo de la diferencia sostiene que el patriarcado murió porque las mujeres se desvincularon simbólicamente de él. Incluso considera que la estructura patriarcal ha cambiado tan profundamente que “hoy en día, los papeles tradicionales vinculados con la casa y sus habitantes ya no tienen el antiguo poder constrictivo sobre las vidas de las mujeres y ya no constituyen barreras frente al trabajo remunerado” (Sottosopra/Librería de Mujeres de Milán, 1996, p. 12). El problema de este planteo es la negación de un contexto social de imposición patriarcal, donde aún hoy las economías capitalistas neoliberales son patriarcales, con ocupaciones divididas entre varones y mujeres, con enormes diferencias: en trabajos similares, las mujeres reciben una paga menor.

Para Castells (1996) existe una crisis actual del patriarcado, inducida por la interacción entre el capitalismo y los movimientos sociales feministas y de identidad sexual, que se manifiesta en el decaimiento de la familia patriarcal y en la diversidad creciente de formas de asociación de la gente para compartir la vida y criar a sus hijos. Y considera que, sin la familia tradicional, este quedaría desenmascarado como una dominación arbitraria yacabaría siendo derrocado.

Si bien la familia nuclear que ha dado andamiaje al androcentrismo se encuentra en crisis, ello no es motivo suficiente para sostener la desaparición del patriarcado. En realidad, las profundas transformaciones sociales que menciona Castells han dado lugar a que este deba tomar formas más sutiles para mantener el ejercicio de su poder. Por ello, lo que se ha producido es una recomposición del sistema patriarcal, de la mano del capitalismo neoliberal, por lo que ha adquirido nuevas formas y se afianzó en su estructura social, política y económica mediante el dominio masculino.

La ideología patriarcal invisibiliza sus condiciones de producción y eso hace que no sea tan evidente su modus operandi. Puleo (2003) identifica dos formas de manifestación del patriarcado: de consenso y de coerción. Las mismas han existido a lo largo de la historia y coexisten en la actualidad de manera más o menos velada.

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El patriarcado de coerción se hace visible por su recurso frecuente a la fuerza y a sus formas más o menos explícitas de imposición y subordinación. Mantiene unas normas muy rígidas en cuanto a los papeles de mujeres y hombres, y desobedecerlas puede acarrear incluso la muerte. El patriarcado de consenso, en cambio, se sostiene en el entramado sutil e invisible de los procesos de socialización diferencial por género, es decir, en los mecanismos cosustanciales a la producción misma de subjetividad. Aquí la coerción dejó su lugar central a la incitación, debido al dispositivo de la sexualidad y del poder moderno que aún persiste. Así, será el propio sujeto el que buscará cumplir el mandato, en este caso, a través de su adecuación a las imágenes de la feminidad o de la masculinidad normativa contemporánea. Incluso, desde la tríada del mundo de la creación, los medios de comunicación y el consumo de masas, la reproducción de los valores patriarcales continúa. La industria de la publicidad y la del fútbol, por citar solo un par de ejemplos, son espacios donde se visibiliza con mayor claridad la ideología patriarcal, en ocasiones de modo burdo y, en otras, de manera más “reciclada”, para disimular así su condición de representaciones hegemónicas patriarcales.

El patriarcado, entonces, no es una esencia, sino un sistema metaestable de dominación ejercido por individuos que, al mismo tiempo, son moldeados por este sistema. Su forma se adapta a los distintos tiempos históricos de organización económica y social, y preserva, en mayor o menor medida, su carácter de sistema de ejercicio del poder y de distribución del reconocimiento entre los pares varones (Amorós, 2005). Esto ha sido posible gracias a la justificación que la dominación masculina recibió desde los inicios de nuestra cultura, legitimados mediante una estructuración dual del pensamiento, de modo que cada componente de ese sistema bivalente tiene su opuesto, estableciéndose una jerarquización entre las partes.

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La cultura patriarcal tiende a equiparar lo diferente (ya sea la diferencia de género, etnia, clase, ilustración, religión, opción sexual) con lo particular, lo periférico, lo deficiente, lo desviado (frente a la norma, lo universal y central), originando relaciones de poder. La lógica binaria y patriarcal aplicada al par hombre/mujer justifica una concepción asimétrica, donde los varones son considerados como jerárquicamente superiores, mientras que las mujeres son conceptualizadas como inferiores, como identidades subalternas. Ello da lugar a que el patriarcado sea identificado como una realidad donde los varones han usurpado lo universal sistemáticamente y de modo fraudulento, detentando de ese modo el poder. Si el patriarcado se erige en el campo simbólico como una estructura que fija los símbolos que subyacen a las múltiples organizaciones familiares y uniones conyugales, entonces resulta necesario investigar las representaciones, las ideologías, los discursos y las prácticas elaboradas social y culturalmente.

ALGUNAS PISTAS DE TRABAJO QUE PROPONE EL LIBRO:
- Fomentar la construcción social de nuevos modelos de masculinidad.
- Favorecer un posicionamiento subjetivo masculino más reflexivo e integrado.
- Mostrar la existencia de otros estilos de paternidad posibles.
- Considerar necesario que se produzca un cambio de mentalidad y una profunda transformación de la vida privada.
- Introducir cambios en la política sanitaria, teniendo en cuenta las realidades de los varones de distintos sectores poblacionales...
- Formar espacios de reflexión en los sistemas educativos, sanitarios y judiciales.

Fuente: Extraído del libro "Ser varón en tiempos feministas" (Ver contenidos)
Escribe: María Gabriela Córdoba

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