Mediaciones tecnológicas para una educación disruptiva

Por Silvia Coicaud. El uso de imágenes, videojuegos, robótica y el diseño de entornos de simulación y de programación, entre otras, ya son experiencias cotidianas y recurrentes para muchos estudiantes, y lo serán para muchos otros en poco tiempo. ¿Cómo implementarlas en el aula para crear una enseñanza disruptiva?


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Las instituciones educativas suelen ser caracterizadas como conservadoras o progresistas, innovadoras o tradicionales, estancadas o en movimiento. En el caso de aquellas que promueven como modo de trabajo solo la realización de tareas individuales por parte de sus docentes, como si fueran empleados de industrias que fabrican en serie, la motivación por realizar cambios disruptivos es prácticamente nula. Son instituciones que obstaculizan y cercenan toda práctica que requiera alejarse de las estructuras formales propias de la organización, de su funcionamiento y del statu quo vigente.

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Una enseñanza que promueva autonomía y libertad, y una formación tendiente a que los estudiantes sepan utilizar de manera crítica y creativa los recursos tecnológicos disponibles en nuestra cultura, sigue siendo un propósito a lograr en las instituciones educativas de nivel superior, pues son escasas las experiencias innovadoras que se desarrollan en forma sostenida. En este tipo de propuestas resulta imprescindible orientar a los alumnos hacia la problematización, el debate, el cuestionamiento, la búsqueda y la construcción de criterios, reconociendo sus posibilidades como sujetos para incidir en los cambios del mundo y participar en las relaciones de poder.

A través de los ambientes tecnológicos en los que vivimos continuamente adquirimos nueva información, pero ya no resulta tan factible experimentar el aprendizaje que necesitamos para actuar, pues en la actualidad debemos ser competentes para establecer relaciones entre áreas e ideas, y para vincularnos con personas y comunidades que nos puedan ayudar. Entre las comunidades de aprendizaje que se conforman desde los entornos tecnológicos, existe una suerte de “polinización cruzada”, a partir de la cual muchas veces se generan conexiones significativas entre conocimientos de campos dispares, las cuales pueden llevar a crear nuevas innovaciones.

Si con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) los docentes lograran dejar de lado prácticas rutinarias basadas en la transmisión y secuenciación lineal de los contenidos, para aceptar el desafío de enseñar distinto, de realizar otras cosas, se generarían nuevas oportunidades de aprendizaje.

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Resulta fundamental asumir que es importante incorporar las tecnologías en los currículos, para que las propuestas diferentes de enseñanza no sean instancias aisladas y desconectadas de los programas que se planifican en las instituciones de nivel superior, sino nuevos modos de aprender, de comunicarse y de enseñar en un mundo que nos exige cada vez más otras formas de vincularnos con el conocimiento y con sus múltiples y diversas maneras de apropiación y utilización.

Resulta fundamental asumir que es importante incorporar las tecnologías en los currículos, para que las propuestas diferentes de enseñanza no sean instancias aisladas y desconectadas de los programas que se planifican en las instituciones de nivel superior, sino nuevos modos de aprender, de comunicarse y de enseñar en un mundo que nos exige cada vez más otras formas de vincularnos con el conocimiento y con sus múltiples y diversas maneras de apropiación y utilización.

Prácticas disruptivas para la innovación en el enseñar y el aprender

Las prácticas innovadoras plantean problemas frente a los intersticios de la estructura educativa. Las propuestas, estrategias, acciones y valoraciones se inscriben en una red de significados en donde se discuten, se aceptan unos y se rechazan otros, se trasladan o se afirman discursos anteriores o contemporáneos. Son significantes específicos, que pretenden incidir en el conjunto a través de interacciones para que esa diferencia alcance su hegemonía. Pero no puede desconocerse que estas prácticas llevan en sí la posibilidad de ser neutralizadas desde las luchas por la hegemonía.

En educación, las innovaciones son siempre situadas y parten del supuesto de que los cambios son posibles porque las prácticas educativas son sociales, y toda estructura social es descentrada, contingente, abierta y sujeta a una trama particular de relaciones que se configuran en un momento determinado, lo cual implica múltiples e indeterminadas articulaciones. Además, toda estructura contiene dislocaciones, fisuras y desajustes que otorgan un margen de libertad a los sujetos para pensar en cambios e innovaciones, tomar decisiones y construir nuevos centros de poder y discursos en el campo educativo.

Escudero señala que una innovación educativa libra:

(...) batalla a la realidad tal cual es, a lo mecánico, rutinario y usual, a la fuerza de los hechos y al peso de la inercia. Supone, pues, una apuesta por lo colectivamente construido como deseable, por la imaginación creadora, por la transformación de lo existente. Reclama, en suma, la apertura de una rendija utópica en el seno de un sistema que, como el educativo, disfruta de un exceso de tradición, perpetuación y conservación del pasado”.

Cuando lo que se pretende implementar se impone desde las autoridades de turno sin la participación de los docentes –o simulando niveles de participación desde aspectos restringidos a nimiedades– la innovación educativa no se desarrolla. Porque es condición para que haya cambio y mejora en las prácticas pedagógicas de las instituciones educativas que las propuestas surjan desde los propios grupos de docentes y demás actores. La innovación educativa no puede erigirse a partir de la desconfianza y el desconocimiento, ni tampoco desde decisiones asumidas sólo por los estamentos jerárquicos.

Las instituciones que asumen el desafío de la mejora y la innovación, en cambio, apuestan por imaginar prácticas educativas diferentes. Hacen del movimiento su cultura de trabajo, a partir de procesos conscientes y reflexivos acerca de sus propósitos.

 

Fuente: Fragmentos del libro “Potencialidades didácticas de la inteligencia artificial”. > Más información
Escribe: Silvia Coicaud (Ver perfil)

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