Trayectorias de los jóvenes en instituciones de detención

Un acercamiento a la realidad de los jóvenes encerrados en las instituciones pertenecientes al sistema penal juvenil, a los que el desencanto y la marginación los deja a expensas del Estado punitivo.

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Los jóvenes que forman parte del sistema penal sufren inconvenientes para narrar su propia historia de forma paralela a la historia oficial y para posicionarse/pensarse desde otro lugar diferente al de la estigmatización como individuos judicializados y así vislumbrar otros destinos posibles para poder devenir sujetos. En ese sentido, se establece la necesidad de ayudarlos a resignificar su propio guion para que estos adolescentes puedan llevar a cabo un trabajo de historización que devenga en un reconocimiento de su pasado y presente, así como una oportunidad de proyección a futuro. Se trataría de un cierto ordenamiento a fin de ubicar sus vidas en una trama de sentido.

Muchas de las historias de los jóvenes en situación de encierro se encuentran colmadas de experiencias vitales marcadas por privaciones familiares que conllevan la transmisión de las desigualdades sociales relacionadas con la pobreza, las trayectorias educativas incompletas, las situaciones laborales inestables y las pérdidas tempranas. Asimismo, muchos de sus referentes identificatorios en las infancias han transitado trayectorias delictivas y fallas ambientales que generaron situaciones traumáticas. Dichas historias podrían modificarse positivamente con el ingreso a la escolaridad pero, en ocasiones, la institución escolar tampoco ocupa el lugar de referente en la construcción y preservación de legalidades. De esta manera, sus trayectorias escolares distan de lo ideal y pueden culminar en el abandono o la exclusión, hecho que deviene en una consecuencia fatal: la renuncia a seguir aprendiendo y la erosión vincular de dichos jóvenes, que se ven incluso menos integrados al medio. También, en ocasiones, esta circunstancia viene de la mano de la inserción temprana al mercado laboral.

Cuando la situación de exclusión social es la constante en sus trayectorias, es natural la búsqueda de comunidades donde aquellos jóvenes puedan encontrarse y es en dichas comunidades donde verdaderamente se moldea su identidad y se co-construyen las subjetividades. En ciertos casos algunos grupos pueden fomentar las actividades ilegales y las conductas violentas como forma de supervivencia económica. La sensación de pertenencia e identificación con los pares es consecuencia de la unión dada frente a las situaciones de vulnerabilidad extrema.

El lugar de los centros para jóvenes en estos escenarios es el del tiempo de detención tanto como privación de su libertad como en el sentido de detenerse: los jóvenes se encuentran atrapados en un eterno presente a la espera de un futuro incierto. En dichos lugares son despojados de sus pertenencias y de todo lo proveniente del exterior y todo aquello que alberga su identidad. En este punto también tiene lugar el reconocimiento de los pares en las instituciones a través de apodos con los que son “bautizados”. Se trata, en suma, de un espacio y tiempo impuesto que los inscribe en un presente sin sentido que deviene en estrategias para alivianar el sufrimiento que pueden relacionarse con el consumo, la medicalización, los daños corporales e incluso los intentos de suicidio.

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Todos aquellos maltratos y violencias desatan sentidos de desvalorización subjetivante. En esos contextos, se dificulta la generación de lazos de confianza, solidaridad y complicidad entre pares. Bajo esa perspectiva, los planes a futuro se posicionan como deseos que se presentan como un “no futuro”, como un imposible.

Se puede concluir que ciertos malestares de la cultura engendran el resentimiento que emerge a raíz de las condiciones de vulneración de los derechos. Los jóvenes en situación de detención presentan problemas para transformar su posición sufriente-pasiva en una activa que les permita transformar lo vivido para recuperar la capacidad de construir un nuevo posicionamiento en su trayectoria vital. Sumado a eso, las instituciones son prescriptivas y normalizantes y se encuentran lejos de generar espacios que potencien la capacidad creadora que supere los problemas de simbolización de dichos jóvenes para que puedan dar forma a los fragmentos de sus propias historias.

Basado en Adolescencias vulneradas, de Silvia Morici, Gabriel Donzino y Griselda Cardozo (comps.).

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