Entrevista a Eva Giberti sobre niños y niñas víctimas de abuso sexual

Por Claudia Rafael. La reconocida psicoanalista Eva Giberti con más de 50 años trabajando en la temática de abuso contra niños y niñas, aseguró que los abusadores y violadores suelen ser "agradables".

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Cuando a un niño o niña no se le cree que fue víctima de abuso sexual "se lo revictimiza. Es como si lo violaran nuevamente". Tajante, contundente. Con esa certeza que le dan los más de 50 años trabajando en la temática. Eva Giberti, psicoanalista, escritora, asistente social, docente universitaria, coordinadora del programa "las víctimas contra las violencias", autora de libros como "Incesto paterno-filial", "Abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes", "Adopción y silencios", entre otros, habló con EL POPULAR de un tema doloroso y silenciado. Propio de una cultura patriarcal que lleva al ocultamiento y al abuso de poder. Con jueces que descreen de la palabra de un chico. Y con un mundo adulto que, demasiadas veces, opta por posicionar la culpa en la psiquis de la víctima.

-¿Cuál es la diferencia entre decir abuso sexual infantil o abuso sexual contra niños y niñas?

-Habitualmente, y aún en organismos internacionales, se habla erróneamente de abuso sexual infantil. Y es erróneo porque la palabra infantil deja afuera a los responsables del abuso, que son los adultos. De lo que tenemos que hablar es de niños y niñas víctimas o bien de niños y niñas que han sido abusados. Porque de ese modo queda claro que los chicos son víctimas y que el abuso no es infantil. Porque si no, la palabra infantil califica al abuso. Es como cuando se dice prostitución infantil. La prostitución no es infantil sino que hay criaturas que son prostituidas por adultos. Es una de las tantas trampas que provocan los adultos para sacarse de encima la responsabilidad. Porque al plantearlo de ese modo queda el chico como abusado pero no aparece la figura del adulto. Y, al mismo tiempo, parecería que los chicos y chicas estuvieran comprometidos con ese abuso. Entonces es un gravísimo error que encierra al mismo tiempo una trampa ética. Es la falta de ética de los adultos que, al usar esa expresión, intentan quedarse afuera de su responsabilidad. Porque los violadores y los abusadores son los adultos. Y en un 60 % de los casos, de acuerdo con nuestras estadísticas, que venimos llevando desde hace más de 10 años, está representado por padres y abuelos. Es un abuso sexual contra niños y niñas, con un alto porcentaje intrafamiliar.

-¿Qué estrategias usan los victimarios para silenciar a sus víctimas?

-Los chicos les creen a los adultos; sobre todo, cuando ese adulto es el padre, el abuelo, un tío o una persona mayor en general. Y les creen porque a los chicos se les enseña que hay que respetar a los mayores. Particularmente si son familiares. Entonces ni el niño ni la niña desconfían. Por otra parte, los abusadores son personas que se caracterizan por su gran capacidad de seducción. Seducen a los chicos con regalos. Y, al mismo tiempo, les cuentan historias. Como, por ejemplo, que todos los papás "hacen estas cosas" con sus nenas o con sus nenes: "esto es algo que te va a gustar", "vas a ver qué lindo juego hacemos entre vos y yo". Y cuando se trata de un extraño, les cuentan que es un juego y que es secreto. Y este tipo de mensaje a los chicos les encanta: esto de que van a tener un secreto compartido. Los abusadores son grandes seductores y son habitualmente personas muy agradables, muy simpáticas, que tienen muy buena relación con todo el mundo. Y cuando llega la acusación de abuso, la gente no lo cree porque dice: "¿cómo, si es una persona tan simpática, tan agradable?". Es una característica muy propia de los abusadores y así, además, consiguen el silencio de los chicos. Porque los chicos no se atreven a hablar de cosas que parecen raras, que perciben que son malas y que van en contra de una persona que es tan simpática.

-Recuerdo claramente el caso de aquel ingeniero de City Bell que abusaba de sus hijas y por el que los vecinos juntaron firmas para que lo liberaran porque era "tan buen vecino" y encima, ingeniero...

-Efectivamente. Lo recuerdo muy bien. Fue terrible. Es que son sujetos encantadores que, con mucha frecuencia, tienen características psicopáticas.

-En donde además, juega como prejuicio la cuestión de clase...

-Sí, pero los abusadores están repartidos en todas las clases sociales. En clases populares, en clases medias, en clases altas. Está bien lo que usted dice, que hay un prejuicio general, sobre todo de la clase media, de decir "¿cómo una persona tan inteligente, universitaria, que ha estudiado, que tiene tal posición económica va a hacer una cosa semejante?". Pues sí, la hacen. Tiene razón al hablar del prejuicio. Pero hay que tener muy en claro que el abuso sexual es para todas las clases sociales.

-¿En qué momento de la maduración de su psiquis un chico logra romper con ese círculo perverso del secreto?

-A veces no lo logra nunca. Muchas veces nosotros atendemos a personas, hombres y mujeres, de 50 años, que nunca le contaron esa historia a nadie. Hay criaturas que se lo guardan para sí. No pueden contarlo. Y así surgen los problemas de conducta, de aprendizaje, con el sueño, de salud mental. Es mucho mejor que el chico pueda hablar, que en la casa puedan darse cuenta, que la maestra pueda percibirlo y se mantenga alerta. Porque los chicos muchas veces no pueden romper con el silencio porque sienten que ellos tienen la culpa de lo que les pasó.

-¿Cuáles son las características que presenta un niño o niña que está siendo víctima de abuso?

-En la escuela, deja de prestar atención. Está muy distraído, somnoliento, como en otro mundo. Son chicos que se van, que no pueden estar presentes en la escuela porque el pensamiento de lo que les pasa los acosa y están con mucho miedo. Otros, cuando son más chicos, se empacan y no quieren dejarse bañar, no quieren que les toquen el cuerpo. Hay otras criaturas que se ponen muy pensativas y mustias dentro de la casa y no quieren jugar con amigos. Quieren quedarse solos. Están con miedos nocturnos. Hacen una cantidad de cosas y tienen comportamientos que llaman la atención a toda la familia, siempre y cuando la familia esté atenta.

-¿Cómo va haciendo, a lo largo del crecimiento, una víctima de abuso, para incorporar mecanismos para sobrevivir?

-Depende de cada criatura. De quién haya sido el abusador. Si fue violado o si pasó por experiencias de exhibicionismo o manoseo. Porque si pasó por una violación es muy distinto. Pero, además, también incide cuánto tiempo duró. Si fue algo casual por un pariente que estuvo unos días en la casa o si lo padeció durante años por parte de su padre, su abuelo o algún conocido. Estos chicos tardan muchísimo más en reaccionar y, además, depende de cada criatura. Depende de cada ser humano cómo puede elaborar la situación traumática.

-Demasiadas veces hay denuncias de chicos que son desestimadas por la justicia porque los jueces no les creen. ¿Por qué?

-En general es así. Porque, por la cultura patriarcal, no pueden decidirse a acusar a un padre. Es una rémora que venimos arrastrando desde los tiempos coloniales. Y hay demasiados jueces con cabezas coloniales. No son sólo varones. Y lo que no quieren es reconocer que hay personas que tienen pésimas intenciones y que lo que buscan es ejercitar el poder. El abuso contra niños y niñas no es un problema eminentemente sexual. Es un problema de abuso de poder.

-¿Cómo se construye un abusador?

-No se lo puedo responder. Sí le puedo decir que busca apoderarse de una criatura para tomarla como si fuera un muñeco, apropiarse de ella y ejercer abuso de poder.

-Y un abusador ¿deja de serlo?

-No, no me consta. Por lo menos en nuestra experiencia, los abusadores y los violadores son habitualmente reincidentes. Además, están poco tiempo presos, son pocas las veces en que se los detiene, por esa misma razón que usted mencionaba: los jueces no les creen a los chicos.

-¿Por qué muchas veces, hacia el interior del núcleo familiar, tampoco se le cree?

-Porque implicaría la detención del padre y significa romper la familia. Significa quedarse sin el sustento económico. Son muchas las madres que se aguantan y no tienen más remedio que aguantar porque saben que si denuncian al sujeto y se llega a probar, va a terminar preso. Pero también por la vergüenza social. Y el abusador sigue teniendo la potestad sobre la criatura.

-Debe ser muy duro asumirlo socialmente pero sobre todo, asumirlo interiormente...

-Sí, claro. Es sumamente duro. Es muy amargo.

-¿Hay estadísticas?

-Nosotros, en el programa "las víctimas contra las violencias" tenemos estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, que es donde trabajamos. Y se incrementan año tras año. En los últimos ocho años hemos atendido entre 9000 y 10.000 denuncias. Y cuando digo denuncias no me refiero a ir a la comisaría y relatarlo. Estoy hablando de causas que llegan a juicio.

-Pero imagino que después hay toda una cifra oculta...

-Sí, claro. Mucha otra gente va a la comisaría, lo cuenta a la policía pero no quiere instar la denuncia cuando se le explica que deriva en una causa penal y que el sujeto puede terminar en la cárcel. La cifra que está en superficie es la tercera parte de lo que debería ser en realidad.

-¿Cuántos años hace que está abocada a temáticas relacionadas con el abuso sexual contra los niños y niñas?

-Desde la década del 60, cuando estaba en el Hospital de Niños. Llevo muchos años a nivel hospitalario viendo estos casos de niños que han sido lastimados o por los que se ha hecho la presentación en el hospital. Llevo más de 50 años viendo estas cosas.

-Y en ese tiempo ¿se incrementó o lo que aumentó fue la cantidad de denuncias?

-Se incrementaron las denuncias. Las violaciones contra los chicos han sido siempre espantosas. Pero al crecer la conciencia, aumentaron las denuncias. Antes el periodismo no nos llamaba a los psicólogos para hacernos estas preguntas. Era un tema totalmente tapado.

-Cuando alguien después de muchos años se atreve a decir: "me pasó esto", en general ¿hubo un disparador o fue algo que maduró en el tiempo?

-Puede haber visto un programa de televisión, puede haber participado de una conferencia o alguien puede haberle contado una historia. Puede ser, al mismo tiempo, que por su propia cuenta y riesgo haya vuelto la idea a su cabeza. Pueden surgir disparadores externos o bien, empezar a pensar que eso que habían hecho con ellos no se les debía hacer.

-Cuando a un niño o niña no se le cree ¿qué pasa en su psiquis?

-Se la revictimiza. Es como si la violaran nuevamente. La criatura pierde confianza en los adultos, que ya había perdido con el abusador. Encima no le creen. Y un chico que pierde confianza en los adultos, queda totalmente desamparado. Porque el adulto es quien lo conduce y quien lo orienta. Entonces se puede imaginar que ya perdió la confianza en el padre o el abuelo, que eran las personas ideales, porque es el abusador. Y luego la mamá le dice que es un mentiroso o una mentirosa. Entonces queda en la más absoluta soledad.



Fuente:
Diario EL POPULAR - 11/09/2016
Foto: TELAM


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